¿Qué significa bautismo en el agua?

Por David C. Pack

¿Se requiere el bautismo en agua para la salvación? De ser es así, ¿cómo debe efectuarse? ¿Por rocío? ¿Por derramamiento? ¿Por inmersión? ¿Y qué de los niños? ¿Quién debe bautizar — un ministro ordenado o pueden otras personas hacerlo? ¿Cuándo alguien está listo, debería esperar o ser bautizado inmediatamente? ¿Es necesario el rebautismo? ¿Qué parte tiene el arrepentimiento en esto? ¿Cómo es que la Biblia responde a todas estas preguntas?

Alrededor del mundo, millones de personas se convierten en cristianos profesos cada año. Algunos son bebés bautizados, otros jóvenes que se han unido a la iglesia de su elección — y otros adultos convertidos que han sido alcanzados por misioneros. Por supuesto, muchos “creyentes” jamás son bautizados. La mayoría de los restantes no son bautizados correctamente.

En Pentecostés, del año 31 d.C., el día en que la Iglesia del Nuevo Testamento fue creada, el apóstol Pedro dio un poderoso sermón a muchos oyentes. Su mensaje fue tan convincente que 3,000 personas fueron bautizadas. Antes de sus bautismos, muchos le preguntaron: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37). La respuesta de Pedro fue: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

¡Este versículo es el claro mandamiento de Dios a “ser bautizado”! Este mandamiento no solamente está en su Biblia, sino que la Biblia también dice que el arrepentimiento debe preceder al bautismo o la persona no recibirá el don del Espíritu Santo.

La mayoría cree que no hay requisitos — ni condiciones — para ser salvo. Eso no es verdad y el versículo anterior prueba que hay al menos una condición que debe preceder al bautismo — ¡el arrepentimiento! Algunos de los que enseñan que no hay condiciones para la salvación frecuentemente citan Romanos 10:9, 13. Pablo escribe en el versículo 9: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. El versículo 13 parece hacerlo incluso más fácil: “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.

¿Qué podría ser más simple para los aspirantes a cristianos? ¿Con cuánta frecuencia ha escuchado usted que todo lo que uno debe hacer es “creer en su corazón”? Pero, ¿habrá más en este versículo de lo que parece?

Muchos hablan de haber tenido una “experiencia religiosa” que instantáneamente los convirtió en cristianos. Una vez viví muy cerca de una señora que me dijo que ella “solamente sabía” que era cristiana porque, (así es como ella lo puso): “Encerré a Jesús y a la Biblia en mi corazón cuando tenía nueve años”.

Muchos creen que esto es todo lo que se necesita para que ocurra la conversión. Otros creen “Cristo lo hizo todo en la cruz por mí,” o “soy salvo por la gracia solamente sin condiciones”. ¿Qué de los muchos millones quienes creen en estas ideas? ¿Es eso todo lo que se requiere para la salvación? ¿Los versículos de Romanos 10:9 y 13, son los únicos que deben preocuparle?

Bajo la pena de muerte

Romanos 6:23 dice: “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús”. I Timoteo 6:16 dice: “[Cristo] el único que tiene inmortalidad”. Además, Romanos 3:23 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Estos tres versículos prueban que ningún ser humano tiene vida inmortal inherente. Dios le dijo a Adán: “…polvo eres, y al polvo volverás” (Gén. 3:19). Los seres humanos están hechos de simple polvo — tierra — y nada más. A eso es a lo que volverán cuando mueran.

El apóstol Juan fue inspirado a escribir: “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (I Juan 5:11-12).

A no ser que los seres humanos tengan un Salvador — uno que pague la penalidad por sus pecados — ellos están destinados a la muerte, ¡No a la inmortalidad! Muchos versículos más podrían ser citados para probar esto. La buena noticia es que Dios — y solamente Dios — tiene el poder de otorgar la “dádiva” de la vida eterna (Juan 5:26). ¡No se equivoque! Ésta no puede ser ganada — es una dádiva gratuita. Pero es una dádiva dada con condiciones — para aquellos que califiquen.

La mayoría de los cristianos creen que son “salvos por la sangre de Cristo”. Esto no es verdad. La Biblia dice que “seremos salvos por su vida” (Rom. 5:10), aunque somos “reconciliados con Dios” y “justificados en su sangre [de Cristo]” (5:9). Vea también I Corintios 15: 17-18. Esto es importante de entender y requiere alguna explicación.

¡Considere! Si Cristo no ha resucitado de los muertos, entonces Él no puede enviar su Espíritu Santo para engendrar a los cristianos. Recuerde que Pedro dijo que el arrepentimiento y el bautismo llevarían al recibimiento del Espíritu Santo de Dios. Un cristiano es uno que es guiado por el Espíritu Santo. Pablo escribió: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom. 8:14). Es este mismo Espíritu en los cristianos el que Dios usará para cambiarlos eventualmente en Hijos de Dios compuestos de Espíritu — resucitados como seres espirituales. Es este Espíritu en ellos el que, cuando sean transformados, hará posible la vida eterna — la salvación. ¿Es esto claro? Si Cristo no hubiera sido resucitado, Él no habría podido ir al cielo de donde Él les enviaría su Espíritu a los cristianos. Sin este Espíritu morando en la mente de un cristiano, no hay esperanza de vida eterna.

Romanos 8:11 dice: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. En la resurrección, uno que anteriormente fue engendrado por Dios se habrá convertido en alguien nacido de Dios. Previo a este nuevo nacimiento (Juan 3:3-6), un cristiano es simplemente un heredero — y aún no un beneficiario (de la vida eterna). En esta vida, un cristiano es como un óvulo impregnado en el vientre. El nacimiento del bebé llega nueve meses más tarde. En esta misma forma, el nacimiento de un cristiano dentro del reino de Dios llega después del tiempo del engendramiento y la conversión.

Un cristiano ha sido convertido a una nueva forma de vida. Él busca cambiar — ser más como Jesucristo todos los días. También busca a Dios diariamente. Él ejercita el Espíritu de Dios para desarrollar su propio carácter — ¡a través de una renovación diaria de la mente! Gálatas 5:22-23 lista los nueve “frutos del Espíritu”, identificados como amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Estas cualidades de la naturaleza de Dios son practicadas y reflejadas cuando su Espíritu está presente en un ser humano.

Pablo escribió en II Timoteo 1:7: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. Un verdadero cristiano está trabajando activamente en estas tres cualidades, las cuales provienen del carácter y del Espíritu de Dios. Él se esfuerza por desarrollar el amor de Dios. Regularmente le pide a Dios que le de dominio propio y el ¡poder para crecer, cambiar y hacerse más como Jesucristo en palabras, pensamientos y obras! La meta del cristiano es poder crecer en todas las formas posibles. Pedro escribió: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (II Pedro 3:18). Si el cristianismo fuera simplemente un momento singular en el que decidimos invocar el nombre de Cristo, entonces ¿por qué dice el versículo que tenemos que crecer?

¿Cuál sería el propósito de esta instrucción?

Cristo dijo: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mat. 24:13). He aquí otro versículo que muestra que para que uno sea salvo, se requiere más que “solamente creer”. El cristianismo representa una necesidad de perseverancia — ¡una necesidad de mantenerse en el camino cuando no es fácil! Y no siempre es fácil obedecer la ley de Dios y rendirse a su gobierno en la vida.

El verdadero cristianismo no es un “paseo”. No es tomar el sendero de menor resistencia, sin necesidad de crecer, cambiar o ¡soportar desafíos y pruebas difíciles! Cristo dijo: “Entrad por la puerta estrecha [difícil]: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan [en griego dice: que la están hallando, en tiempo presente progresivo]” (Mat. 7:13-14).

Ahora debería ser claro que el recibir el Espíritu de Dios no es un fin en sí mismo, sino, más bien, es el principio — el comienzo — para un cristiano recién engendrado. Compare Romanos 8:7 con I Juan 5:12 y dos cosas se vuelven indiscutibles. Una persona debe pertenecerle a Cristo, y ésta no le puede pertenecer a Cristo a no ser que haya sido engendrada por el Espíritu de Dios.

¿Pero cómo llega uno al punto en que el Espíritu de Dios es dado?

“Arrepentíos y creed”

Las primeras palabras que la Biblia registra provenientes de la boca de Cristo son encontradas en Marcos 1:15. Él dijo: “Arrepentíos y creed el evangelio”. Se ha aclarado que el arrepentimiento está enlazado con el bautismo y la conversión. Pero también está enlazado con creer el evangelio del reino de Dios. Ambos de estos representan mandamientos — requisitos — condiciones — ¡para que uno sea un cristiano!

El mundo ignora el verdadero evangelio. Ellos están preocupados con la Persona de Jesucristo en lugar del mensaje que Él trajo. ¡Él habló continuamente acerca del reino de Dios que ha de venir pronto a este mundo! (Lea nuestro folleto gratuito ¿Cuál es el verdadero evangelio? y ¿Qué es el reino de Dios? para aprender más acerca del engaño que ha mantenido escondido este importante conocimiento al mundo.)

La palabra arrepentirse significa cambiar — ¡dejar de pecar! Pero, ¿qué es el pecado? La Biblia responde: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (I Juan 3:4). Aunque muchos han oído acerca del pecado, casi nadie sabe lo que éste es, ni cuál es su definición. No debe haber malentendidos respecto a lo que significa.

El mandamiento de “creer el evangelio” significa creer las buenas nuevas del venidero reino de Dios. La palabra evangelio proviene del latín, evangelium, y que a su vez se origina del vocablo griego evangelion que significa buenas nuevas. El gobierno de Dios viniendo a la tierra es una buena noticia. Aquellos quienes se rinden a Dios deben de estar dispuestos a creer el evangelio. Con este pronto venidero gobierno vendrá la institución de las leyes de Dios sobre toda la tierra. Paz, abundancia, felicidad y gozo “brotarán” por todas partes. No es sorpresa que a los cristianos les sea instruido por Cristo orar regularmente: “venga tu reino” (Mat. 6:10).

Las dos condiciones para la salvación descritas en Marcos 1:14-15, son las mismas que están en Hechos 2:38 — ¡arrepentíos y creed! Una vez más, Pedro dijo: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. El Espíritu de Dios no puede ser dado a no ser que haya una absoluta creencia (fe) en el sacrificio — la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. El bautismo representa — simboliza — una fe (creencia) completa en que el sacrificio de Cristo se aplica a cada persona que practica esta fe.

Cuando Felipe el diacono estaba aconsejando al eunuco etíope para el bautismo, el eunuco le preguntó: “¿Qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo…” (Hechos 8: 36-37). En el versículo 38, Felipe bautizó al eunuco.

Dios ha prometido que donde hay arrepentimiento y fe (creencia), Él dará su Espíritu Santo. Cuando Dios promete, Él mantiene su palabra. Él no transige ni olvida. Él deja claro que hay condiciones para recibir el don de su Espíritu Santo.

¡Por lo tanto, el bautismo en el agua, simbolizando arrepentimiento y creencia, es una condición ordenada para recibir la salvación!

¿Fue bautizado Jesús?

¿Cuál fue el ejemplo de Cristo con respecto al bautismo? Puesto que Él no tenía pecados de qué arrepentirse, ciertamente no necesitaba ser bautizado. Pedro fue inspirado a registrar: “Cristo…dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (II Ped. 2:21).

Note el relato de Mateo en cuanto al ejemplo de Cristo. Cristo vino a Juan el Bautista “para ser bautizado por él” (Mat. 3:13). El versículo 16 declara: “Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua”. El resto de este versículo registra a Cristo recibiendo simbólicamente el Espíritu Santo, el cual descendía sobre Él como una paloma. Mientras esto ocurría, una voz del cielo dijo que Dios se “complacía” con su “amado Hijo”. Los verdaderos cristianos también son hijos de Dios. ¡Pueda Dios estar complacido con cada uno de nosotros, a medida que buscamos vencer las tentaciones del pecado que Cristo venció!

Bautizando por la autoridad de Cristo — En Su nombre

¿Qué significa ser bautizado “en el nombre de Jesucristo”? La Policía Montada Real Canadiense solía decir: “¡Alto en el nombre de la ley!” Si un policía le dice a alguien que “pare en el nombre de la ley”, todos reconocemos que eso quiere decir pare “por la autoridad (el poder, el oficio) de la ley”. También existe autoridad suprema en Dios y su ley. Cristo confiere su autoridad para ciertas acciones. El bautismo es una de ellas.

¡Note! La Biblia dice que Jesucristo bautizó a más personas que Juan el Bautista. ¿Estaba usted consciente de esto? ¿Estaba usted consciente también de que la Biblia dice que Cristo no bautizó a nadie? ¿Cómo pueden ser verdaderas ambas declaraciones? En realidad, veremos que Cristo tuvo a sus discípulos bautizando a muchas personas. Note en Juan 3:22: “Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba”. Este versículo dice claramente que Cristo bautizaba. Note más adelante en 4:1: “Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan, (aunque el mismo Jesús no bautizaba, sino sus discípulos)”.

Esta es una escritura importante. ¿Por qué? ¿Cómo puede ser que Cristo bautizó a muchos, cuando Él en realidad no bautizó a nadie? Simplemente por esto: Cristo les autorizó a sus discípulos bautizar en su lugar — en su nombre — y Dios se atribuye este trabajo físico de bautizar a Él mismo. Fue como si Él mismo hubiera realizado el bautismo, porque sus discípulos lo estaban haciendo en su nombre. Ellos lo hicieron por Él, en el sentido que lo hicieron por su autoridad — y eso era considerado como si Él mismo lo hubiera hecho.

Cristo le dice a los Cristianos: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré” (Juan 14:13), y “si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (vs. 14). Para énfasis, en dos versículos consecutivos, Cristo dice casi exactamente lo mismo. Los cristianos reciben respuestas a sus oraciones como resultado directo de orar en el nombre de Cristo. Juan 16:23 lo hace más claro: “En aquel día no me preguntaréis nada…todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre” (vs. 24). El punto es que el Padre responde las oraciones si nosotros venimos a Él por la autoridad de Cristo — ¡en su nombre! Ha sido dicho que Cristo le ha delegado a los cristianos “poder notarial” para actuar en su lugar, o por Él, en las oraciones. En esta forma, a los cristianos les es autorizado por Dios realizar numerosas tareas en su nombre.

El bautismo es una clara ordenanza

Hemos establecido que Pedro ordenó el arrepentimiento, seguido por el bautismo. Ahora note Hechos 17:30: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”. Este punto debe ser claro. Dios ordena el arrepentimiento y el arrepentimiento precede al bautismo. Por lo tanto, se podría decir con igual certeza: “Dios ordena que todos los hombres sean bautizados” o “que se arrepientan y sean bautizados”.

Cristo les ordenó directamente a sus discípulos que bautizaran a las personas a fin que éstas pudieran ser salvas. Él ciertamente ató el bautismo directamente con la salvación. Él lo convirtió en una condición para recibir la vida eterna. Sus discípulos siempre practicaron el bautismo cuando nuevos discípulos estaban siendo convertidos. Hechos 2:41 dice: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados”. Hechos 8:5, 12 dice: “Entonces Felipe descendiendo a…Samaria…Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios [note este mismo mensaje atado a lo que los nuevos convertidos deben llegar a creer], y el nombre de Jesucristo, se bautizaban”. Existen aquellos que dirán que este simplemente fue “bautismo por el Espíritu Santo”. Los versículos 15-16 hacen que esa explicación sea imposible porque Pedro y Juan, “…habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo: porque (éste) aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús”.

Si el bautismo de estos conversos fue simplemente un bautismo “por el Espíritu de Dios,” entonces ¿cómo pueden las escrituras decir que estas personas habían sido “bautizadas,” cuando el Espíritu de Dios todavía “no había descendido sobre ninguno de ellos”? Eso no tiene sentido — a no ser que el bautismo y el recibir el Espíritu Santo sean dos eventos completamente separados, ¡tal como lo afirmó Hechos 2:38!

Cuando el italiano gentil, Cornelio, y su familia fueron bautizados, en Hechos 10:44, 47-48, una declaración muy directa es mencionada acerca de la necesidad de ser bautizado apropiadamente. Pedro fue usado por Dios para darles el primer sermón a los judíos discutiendo el bautismo (Hechos 2). Diez años después, en el 41 d.C., Él también usó a Pedro para que fuera el primer apóstol en predicarles el evangelio a los gentiles. (Pablo fue elegido después para ser el apóstol a los Gentiles). La devota familia de Cornelio recibió “el don del Espíritu Santo” (10:45). En esta singular circunstancia, ahora que ellos habían recibido el Espíritu Santo antes del bautismo, la respuesta inmediata de Pedro fue “¿puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados?…Y les ordenó que se bautizaran en el nombre del Señor”.

¡Sin lugar a dudas este es un mandamiento a ser bautizado en agua!

La gran comisión de Cristo incluía el bautismo

Como ha sido dicho, Cristo les ordenó directamente a sus discípulos que bautizaran. Note el relato del evangelio en Marcos acerca de la Gran Comisión que Cristo le dio a sus discípulos: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio [del venidero reino de Dios] a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (16:15-16). ¡El creer sin bautismo no es suficiente para ser salvo!

Mateo 28:19-20 también registra la misma instrucción de Cristo, pero añade algunos puntos y excluye otros que Marcos registró. (Esta es la misma comisión, así que ambos relatos deben de ser tomados juntos). Mateo registra: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…” Esto tuvo que incluir el enseñar el evangelio del reino de Dios porque Marcos mencionó esto. Este versículo continua: “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. ¡En su Gran Comisión dada a sus discípulos, la escritura indica claramente que Cristo ordenó el bautismo!

Es importante notar que esta escritura explica que el bautismo es hecho “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. La palabra “en” debiera ser apropiadamente traducida “dentro de”. Mientras que Hechos 2:38 dice que seamos bautizados “en el nombre de Jesucristo”, el relato de Mateo usa la frase más larga. ¿Se contradicen las escrituras con ellas mismas? ¿Podrán ser cambiadas o anuladas algunas veces por otra escritura? Juan 10:35 dice que no. Eso es imposible. La Biblia nunca se contradice a sí misma. Si se contradijera, la Biblia no valdría ni el papel en que fue escrita.

Bautizar en el nombre de Jesús y ser bautizado dentro del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son dos puntos completamente diferentes. El primero habla del asunto de la autoridad para bautizar en el lugar de Cristo — o se tiene la autoridad para bautizar o no. El segundo habla del asunto de ser bautizado dentro de la Familia — la Divinidad del Padre, Hijo y (poder del) Espíritu Santo. (Aunque este folleto no pretende enfocar este tema, debe ser notado que esto no se refiere a la doctrina de la trinidad, la cual no es bíblica y niega el verdadero significado del reino de Dios). Dios es un Padre que se está reproduciendo a sí mismo — añadiendo muchos hijos a su familia. Él no es “tres personas en una”, formando una Divinidad cerrada. La trinidad apareció por primera vez como enseñanza en la gran falsa iglesia “cristiana” en el tercer siglo d.C. Ésta fue importada hacia adentro de la iglesia como una falsificación para reemplazar la verdad de que Dios está expandiendo su familia. (Usted puede leer nuestro folleto gratuito La Trinidad — ¿Es Dios tres en uno?)

¿Cuál es la manera correcta de bautizar?

¿Cuál es la forma apropiada de bautizar? ¿Será por rocío, derramamiento o inmersión? Las personas no solamente deben obedecer el mandamiento de Dios de ser bautizadas, sino que el bautismo debe ser llevado a cabo en la manera — con el método — que Dios ordena. De otra forma, el bautismo es inválido. Es entonces como si nunca hubiera ocurrido.

Debemos preguntarnos qué significa la palabra bautismo. ¿Significa rociar? ¿Significa derramar? La respuesta está en el significado de la palabra griega en particular que se usa dondequiera que se encuentran las palabras bautismo o bautizar en el Nuevo Testamento.

Primero, es vital reconocer que bautizar es en realidad una palabra griega. ¡No es una palabra en español! El lector posiblemente esté consciente de que el Nuevo Testamento fue escrito en griego y traducido al español. La palabra bautizar representa una desviación del patrón de los traductores. Cuando los traductores llegaron a la palabra baptizo, ellos decidieron no traducirla dejándola como “bautismo”. La pregunta de cuál es el método apropiado se hubiera eliminado si ellos la hubieran traducido a su verdadero significado: ¡sumergir, meter en, o poner adentro de! La palabra en español “derramar” se deriva de la palabra griega cheo y “rociar” se deriva de rantidzo. ¡Dios escogió la palabra baptizo porque Él no quería que rociar o derramar representaran el símbolo apropiado de la conversión!

Segundo, considere el asunto en esta forma. Uno no puede ser sumergido con derramamiento o salpicadura de agua — ¡a uno solamente le pueden rociar o derramar agua al rociarle o derramarle ésta! De la misma manera, uno solamente puede ser sumergido, siendo sumergido. Dios dice lo que Él da a entender y da a entender lo que Él dice.

No es de extrañar que cuando Juan el Bautista estaba bautizando a las personas, él escogió lugares apropiados “porque había allí muchas aguas” (Juan 3:23). Esto no habría sido necesario para rociar o derramar. Tampoco es de extrañar que cuando Felipe estaba bautizando al eunuco etíope dice: “y descendieron…al agua…y le bautizó. Cuando subieron del agua…” (Hechos 8:38-39). Este versículo no encaja con usar simplemente un poquito de agua para rociar o derramar sobre la cabeza de una persona. Finalmente, no es difícil ver por qué Mateo 3:16 registra que después que Cristo fue bautizado Él “subió luego del agua”.

Ninguno de estos versículos es consistente con rociar o derramar. El claro patrón de la Biblia es que el bautismo requiere mucha agua, porque las personas se meten dentro del agua y después salen de ella.

¿Qué representa el bautismo?

Hay una razón muy importante por la cual Dios no acepta el rociar o derramar agua para bautizar. Aunque debería ser suficiente que Él nos ordene algo hoy para que lo obedezcamos sin cuestionar, puede ser importante entender por qué Dios dice que hagamos algo a su manera. Esto se aplica al bautismo.

El simbolismo de ser completamente sumergido en el agua tiene gran significado. El Bautismo simboliza muerte, sepultura y ascensión, o resurrección, de una sepultura. Este es exactamente el patrón de la crucifixión, sepultura y resurrección de Cristo de la tumba. Ni el rocío ni el derramamiento reflejan este simbolismo. Considere Romanos 6:3-5: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con Él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección”. Los verdaderos cristianos van a ser resucitados en el momento del regreso de Cristo a la tierra.

También, Romanos 6:6-7 muestra que los verdaderos cristianos son “crucificados con Él,” y están “muertos” y “justificados del pecado”. No hay confusión en el simbolismo de la muerte, sepultura y resurrección que existe en la inmersión (bautismo) en el agua.

Adicionalmente, Pablo registró: “Sepultados con Él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con Él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos” (Col. 2:12). El versículo 13 continúa: “Y a vosotros, estando muertos en pecados…os dio vida juntamente con Él, perdonándoos todos los pecados (infracciones, I Juan 3:4)”. Una persona bautizada es una persona perdonada — justificada del pecado y “caminando en vida nueva”. ¡Esta es la pura verdad de la Palabra de Dios!

Un cristiano ha comenzado su vida de nuevo. Su vida antigua está muerta y en el pasado. Él es una persona cambiada, cuyo pasado ha sido limpiado — enterrado en la tumba — “porque habéis muerto… escondida con Cristo en Dios” (Col. 3:3). ¡Qué maravillosa y alentadora verdad para aquellos que escogen andar en este camino! Dios ordena el bautismo para que las personas puedan reconocer que ellas han empezado otra vez, y que ellas tienen un Salvador — si expresan fe en Él y aceptan su sacrificio. Cristo, como Salvador, enviará entonces su Espíritu Santo y ayudará a los cristianos a crecer y a cambiar.

Nuestra meta es convertirnos como Dios en carácter ahora para que podamos regir con Él después en su reino — cumpliendo así nuestro ¡increíble potencial humano! (Lea nuestro libro gratuito El asombroso potencial del hombre para aprender más).

No es uniéndose a una iglesia o denominación

Todos nosotros conocemos a personas que dicen: “yo estoy afiliado a esta iglesia,” “yo me uní a esta iglesia” o “me cambie para otra iglesia”. Millones se unen o cambian sus afiliaciones todos los años — miles cada día. ¿Puede una persona unirse a la verdadera Iglesia de Dios? Y, después del bautismo, ¿dentro de qué ha sido bautizada la persona? Acabamos de citar Romanos 6:3. Recuerde que dice que somos “bautizados en Cristo Jesús”. Cristo explico que somos “bautizados en el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo”. En ninguna parte de la Biblia dice que somos bautizados “dentro de una denominación o de una iglesia en particular”.

¡Esto es extremadamente importante de entender! Muchos se han confundido porque creen que el bautismo los coloca dentro de la corporación de alguna iglesia, cuando la Biblia no dice esto — y probablemente no es ni técnica, ni legalmente posible ser bautizado dentro de la membresía de una corporación, en la mayoría de los países.

No se equivoque de ninguna manera. El cristiano recién engendrado es puesto dentro de la Iglesia de Cristo. Esto requiere cierta explicación cuidadosa para que pueda ser plenamente comprendido. Hay, de hecho, una única verdadera Iglesia, y todas las otras, por tanto, han sido creadas por hombres y son falsas en consecuencia.

Típicamente, la mayoría de las iglesias rehúsan a bautizar a las personas que no se “unen a su iglesia”. Esto es incorrecto de acuerdo a las escrituras. ¿Por qué? Un verdadero cristiano es puesto dentro de la Iglesia que Jesucristo — no ningún hombre — edificó. Cristo dijo: “edificaré Mi Iglesia” (Mat. 16:18). Es Cristo — no cualquier hombre — quien pone a las personas dentro de su Iglesia, edificándola de ese modo. (Para entender cómo identificar la Iglesia de Cristo y para ver cómo Él la ha preservado a lo largo de la historia, usted puede leer nuestro folleto gratuito ¿Dónde está la verdadera iglesia? y nuestro libro gratuito ¿La Historia de la verdadera Iglesia? — ¿Dónde está hoy?)

¿Cómo es exactamente que uno se convierte en un miembro de la Iglesia de Dios? Tradicionalmente, muchas iglesias compiten las unas con las otras, anunciándose para obtener miembros. ¿Enseña esto la Biblia? Pablo escribió: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (I Cor. 12:13). Él también escribió: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gál. 3:27). Al poner estos dos versículos juntos, vemos que un cristiano es bautizado dentro del Cuerpo de Cristo — no en alguna organización eclesiástica fundada o edificada por los hombres de este mundo.

Brevemente, “la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (I Tim. 3:15) es la definición de la Biblia de lo que es la Iglesia. La Iglesia está donde se encuentra la verdad. Ésta está sobre el “baluarte” de la verdad. Ésta es entonces el hogar de Dios — Su Iglesia — porque está reteniendo, y está fundada sobre la verdad. Por supuesto, esto incluye la verdad acerca del modo apropiado de bautismo.

He aquí la conexión entre ser “bautizado en Cristo” y ser “bautizado en un cuerpo”, lo cual significa bautismo dentro de la verdadera Iglesia de Dios. Esto debe ser aclarado. Considere a Efesios 1:22-23. Hablando de Cristo, dice: “y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo”. Colosenses 1:18 confirma esto: “Y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia”. ¡Esto ilustra a Cristo insertando a personas individualmente dentro del cuerpo de su Iglesia tras el bautismo! Las personas pueden unirse a equipos de béisbol o a clubes sociales (la mayoría de las iglesias son simplemente “clubes sociales religiosos”), pero solamente Cristo puede colocarlas dentro de la iglesia que Él está edificando. No hay tal cosa como un bautismo “independiente”, realizado por cualquier supuesto creyente que quiera existir por su propia cuenta, apartado del único lugar donde Cristo está trabajando. El verdadero ministerio de Cristo debe estar involucrado — debe autorizar el bautismo.

(Otros versículos que describen y discuten el Cuerpo de Cristo son Romanos 7:4; 12:4-5; I Corintios 10:17; Efesios 4:4, 11-16; 5:30; Colosenses 2:17 y todo I Corintios 12).

Dejemos esto absolutamente claro, a fin que nadie pueda perder el punto. Uno es bautizado por el Espíritu Santo dentro del Cuerpo bíblico de Cristo, pero este Cuerpo está unificado, organizado y estructurado, y existe como la única verdadera Iglesia de Dios en la tierra, dirigida y guiada directamente por Jesucristo mismo, no por algún otro hombre o grupo de hombres. Ésta existe para el propósito de llevar a cabo la Obra de Dios sobre la tierra — la predicación del evangelio del reino de Dios a todas las naciones (Mat. 24:14; 28:19-20). El importantísimo entendimiento del verdadero evangelio — el único traído por Jesucristo — ya fue mencionado.

Usted no puede recibir el Espíritu de Dios a menos que usted sea bautizado. Usted no puede ser bautizado a menos que usted se haya arrepentido. Recuerde, el mandato de Dios es: “Arrepentíos, y bautícese cada uno”, y solamente entonces “recibiréis el don del Espíritu Santo”. Los hombres pueden tener sus tradiciones, ideas y métodos de bautismo — u opiniones acerca de cómo alguien puede recibir el Espíritu de Dios — ¡pero el seguir la instrucción de Dios es la única manera aceptable!

Jamás demore el bautismo

El Nuevo Testamento tiene varios relatos que muestran que nosotros no debemos demorar el bautismo una vez que está claro que el creyente se ha arrepentido y está preparado.

Cuando Pablo (entonces llamado Saulo) había de ser bautizado, Dios inspiró a Ananías para ir a realizarlo. La reacción de Ananías, inmediatamente al ver a Pablo (Hechos 22:16) fue: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”. Pablo jamás olvidó esto. Note, cuando él bautizó al carcelero filipense con su familia, fue un poco después de la medianoche, y no obstante Pablo le bautizó “en esa misma hora de la noche” — sin siquiera esperar a que llegara el día siguiente (Hechos 16:32-33). El lector recordará que el eunuco etíope fue bautizado inmediatamente después de que Felipe le aconsejara (Hechos 8).

Es importante notar que algunas veces no es posible que un bautismo sea ejecutado tan pronto como sería lo mejor o lo ideal. Cuando Pedro dio su sermón en Hechos 2, todos los apóstoles originales estaban presentes con él y pudieron asistirlo inmediatamente en 3,000 bautismos (Hechos 2:39-41). Aunque ésta es claramente la mejor forma de hacerlo, las circunstancias no siempre lo permiten.

¿Cuándo está preparada una persona para el bautismo?

¿En qué punto debe decidir una persona ir adelante con el bautismo? ¿Cuándo está él o ella listo(a) para este paso? ¿Cómo y por quién es determinado? Estas son preguntas muy importantes que deben ser consideradas. Algunos grupos creen que cierto “periodo de prueba” debe llevarse a cabo a fin de que una persona demuestre que ha obtenido una gran cantidad de conocimiento, el cual le prepara para el bautismo. Ciertamente se requiere de un poco de conocimiento básico, pero ya hemos demostrado que los Cristianos “crecen en la gracia, y el conocimiento” por el resto de sus vidas (II Pedro 3:18). Por lo tanto, el conocimiento perfecto no es algo que a ellos se les requiera alcanzar o lograr antes del bautismo. ¡En realidad, la mayor cantidad de conocimiento que obtendrá a un cristiano vendrá de manera lenta pero segura después del bautismo!

Ya hemos leído en Mateo 28:19-20 que el arrepentimiento, el creer en el evangelio y el aprender todas las cosas que Cristo ha ordenado, son esenciales previo a un bautismo apropiado. Entonces, al recibir el don del Espíritu de Dios, los cristianos luchan por crecer a través de la dirección de ese Espíritu. Éste revela la verdad y limpia, corrige y renueva la mente, mientras que les enseña a las personas más y más acerca de cómo permitirle a Cristo vivir su vida en ellas.

La Biblia dice que la ley de Dios es “santa, justa, y buena” y “espiritual” (Rom. 7:12, 14). Aunque la mayoría de las personas creen que Cristo guardó la ley de Dios por nosotros — que Él la abolió — el verdadero cristiano llega a entender, incluso más profundamente a lo largo de su vida, que el Espíritu de Dios es esencial para poder guardar la ley “espiritual” de Dios. Es a través del Espíritu de Dios que entendemos su voluntad, su mente. Así es, Dios le concede el arrepentimiento a una mente carnal (Rom. 8:7) aún antes de que Él convierta de hecho esa mente (Juan 14:17). Pero el siguiente paso debe ser siempre el avanzar hacia el bautismo para que una mente física pueda ser engendrada y convertirse en una que es guiada por el espíritu — aunque la cantidad inicial del Espíritu de Dios es muy pequeña, y deja a las personas recién convertidas todavía un 99.9% carnales!

¿Cómo sabe alguien que le ha sido dado, o concedido (Hechos 11:18, II Tim. 2:25), el don del arrepentimiento? Tan pronto como él esté completamente convencido acerca de la profundidad de sus pecados pasados, entonces ha llegado al arrepentimiento. Por supuesto, debe saber de qué arrepentirse. Los dos versículos que preceden al mandamiento de arrepentirse y ser bautizados, Hechos 2:36-37, ilustran a una audiencia que fue movida — hasta la conmoción — por las palabras del sermón de Pedro. A ellos recién les había sido dicho “vosotros crucificasteis” a Jesucristo. Ésta fue una declaración impactante y la Biblia registra que ellos se “compungieron de corazón” al entender esto. La palabra griega, de la cual se traduce esta frase, es katanusso y significa “penetrar completamente, agitar violentamente o herir rápidamente”.

¡Todas estas frases son más fuertes que la que los traductores eligieron, y ellas connotan a personas que estaban destruidas por lo que habían hecho! Ellos estaban conmocionados y entristecidos de que sus propias acciones — pecados — ciertamente habían tenido un papel directo en crucificar a Cristo. (Recuerde, estos discípulos no eran los soldados romanos que efectuaron la acción física de clavar a Cristo en la cruz [el madero]). Esto les causó preguntar: “¿qué haremos?” La respuesta de Pedro fue que “cambiaran”. Si Pedro estuviera hablando hoy, él sin duda usaría esta palabra (cambiar) en lugar del antiguo termino en español arrepentíos, el cual, como explicamos anteriormente tiene, el mismo significado.

Cerca del final de su libro, Job llegó a ver una profunda necesidad de arrepentirse de su actitud de auto justicia. La escritura registra que él “se aborreció a sí mismo” y “se arrepintió en polvo y ceniza” (42:6). La palabra hebrea maac significa “rechazar, aborrecer, arrojar, condenar, despreciar, desdeñar, detestar, desechar, reprobar, profundamente repugnante”. Estos términos crean una poderosa imagen verbal de cómo debe sentirse un cristiano prospecto cuando a éste se le ha dado el don del arrepentimiento. Junto con Hechos 2:38, el cuadro se hace aun más claro.

La palabra “convertir” significa lo mismo, literalmente significa apartarse de. Un cristiano es uno que se aparta de — cambia de — un camino de vida de pecado y avanza hacia el camino de justicia de Dios a través del poder de su Espíritu Santo. La mente arrepentida está lista para hacer esto por el resto de su vida.

Además de llegar al arrepentimiento, la persona que busca el bautismo debe formularse algunas preguntas importantes.

¿Ha probado usted absolutamente que Dios existe? ¡El esperar, sospechar, sentir, creer o pensar que Él existe no es lo mismo que probar que Él existe! Usted debe proponerse probar esto, más allá de cualquier sombra de duda.

¿Ha probado usted que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios? ¿Cree usted que ésta es su Manual de Instrucciones para la humanidad — o simplemente un libro agradable lleno de buenos pensamientos y de ideas útiles? ¿Ha probado usted que hay autoridad detrás de la Biblia? ¿Está usted determinado a “no vivir sólo de pan, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios” (Lucas 4:4)?

¿Ha probado usted dónde está su Verdadera Iglesia? Más de 2,000 denominaciones diferentes existen tan sólo en los Estados Unidos. Aunque algunos dirían: “todas ellas no pueden estar equivocadas”, la verdad es: “todas ellas no pueden estar correctas”. Vimos que Cristo edificó su Iglesia — y ella no está dividida (Mat. 12:25; I Cor. 10:13). Vimos que se basa en la verdad y la enseña (I Tim. 3:15; Juan 8:31-32). No la mezcla con el error (Gén. 2:17). Cristo (no los hombres) gobierna su Iglesia. ¿Se ha demostrado satisfactoriamente a usted mismo dónde está esta Iglesia?

Para responder las preguntas anteriores, lea nuestros folletos gratuitos ¿Existe Dios?, La autoridad de la Biblia… ¿puede comprobarse?, y una vez más ¿Dónde está la verdadera Iglesia de Dios?

Cristo habló acerca de “calcular el costo” de convertirse en su discípulo (Lucas 14: 25-30). Antes de comprar una casa, un auto o hasta un reloj, usted considera el precio. Muchas personas hacen compras en las cuales no están preparadas. Gastan en exceso y no planifican apropiadamente para tiempos difíciles e inesperados que pueden dificultar el cumplimiento de sus responsabilidades regulares de pago. Una planificación financiera inadecuada puede causar que las hipotecas de las casas sean ejecutadas y que los autos sean embargados.

El verdadero cristianismo funciona de la misma forma. Dios le ofrece a usted una salvación tan gloriosa y maravillosa que es indescriptible. Sin embargo, ésta no viene sin un precio personal. Los familiares y amigos podrían verle de manera diferente o evitarle. Las tradiciones más queridas deben ser dejadas atrás. Usted podría ser malentendido o tendría que soportar persecuciones. ¿Está usted dispuesto a confiar en Cristo y a posiblemente perder su empleo para seguirlo a Él? ¿Está usted preparado para poner siempre a Dios primero, sin importar el precio personal?

Muchos se preguntan cómo pueden saber con certeza si Dios les está llamando. Un llamamiento de Dios significa que usted entiende la verdad cuando usted la ve, la lee o la oye. (Lea nuestro artículo “¿Está usted siendo llamado?” para estar seguro si esto se refiere a usted). Dios le está dando — lo está exponiendo a usted a — conocimiento que usted no tenía anteriormente. Santiago 4:17 dice: “y al que sabe [tiene conocimiento] hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”. Esto se torna extremadamente serio porque Hebreos 10:26 dice: “Porque si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados”.

Si Dios lo está llamando, usted realmente no tiene otra alternativa excepto responder a todas las preguntas anteriores con un “¡Sí!”

Cuando una persona ha sido aconsejada para entender completamente los principios del arrepentimiento descritos en este folleto, entonces está lista para ser bautizada. Tal persona debe entonces proceder a ser bautizada tan pronto como un verdadero siervo de Dios pueda estar disponible para realizarlo.

Lea cuidadosamente los siguientes pasajes. Al prepararse para el aconsejamiento bautismal, le ayudarán a entender mejor si Dios le ha concedido el arrepentimiento, y hasta qué punto. Estos versículos hacen un estudio completo de la naturaleza humana — algo que usted podrá notar en usted mismo con abundancia si Dios le ha concedido el don del arrepentimiento. Estúdielos cuidadosamente — incluso orando acerca de ellos, uno a la vez. Pídale a Dios que le muestre verdaderamente su ser. Isa. 55:7-9; Jer. 10:23; 13:23; 17:9; Eze. 14:4, 6; 33:14-15, 36:31; Job 42:6; Sal. 39:5-6; Mar. 7:20-23; Luc. 16:15; Rom. 1:28-32; 3:10-18; 7:18, 21-23; 8:7; Gál. 5:19-21; Ef. 4:22; Col. 3:5-10; II Tim. 3:1-5; Tito 3:3; I Pedro 4: 1-4; I Juan 2:15-16; Apoc. 21:7-8; 22:14-15. (Usted también debería leer nuestro folleto ¿Creó Dios la naturaleza humana?)

Otras preguntas

Un gran número de preguntas adicionales surgen cuando las personas consideran el bautismo. En la misma forma en que el don del arrepentimiento le es concedido a una persona para ayudarla a comenzar en el curso de apartarse de la mala forma de vida — a través del proceso de aprender la verdad y desaprender el error — así una persona debe desaprender ciertas falacias comunes asociadas con el bautismo. Varias deben ser examinadas.

Primero, ¿Son los ministros ordenados las únicas personas autorizadas por Dios para realizar bautismos? ¿Cuán importantes son la condición espiritual, el carácter o las creencias personales de quien administra el bautismo?

Considere a Juan el Bautista. ¿Fue él un ministro entrenado u ordenado que había asistido a un colegio bíblico o a un seminario teológico de su tiempo? Él no lo fue. Sin embargo, Juan bautizó a una gran cantidad de personas — ¡Incluyendo a Jesucristo! ¡Esta es una declaración muy importante! De hecho, Cristo tampoco fue un “ministro entrenado u ordenado” a la manera de las iglesias de este mundo. Él era generalmente rechazado y despreciado por la jerarquía y el liderazgo religiosos de su tiempo. Él fue perseguido, menospreciado, denigrado, incluso odiado por los líderes de su tiempo — la Biblia registra que ellos frecuentemente buscaron matarle. Esto es porque Él no era reconocido y era considerado como alguien fuera de lugar — como un inconformista casi en cualquier sentido.

Cuando el eunuco etíope fue bautizado (Hechos 8), Felipe, quien lo bautizó, todavía era un diácono. Felipe eventualmente se convirtió en un evangelista, pero solamente mucho después de este recuento (Hechos 21:8). Hemos discutido cómo los discípulos de Cristo bautizaron a muchas personas. Ninguno de sus discípulos había sido ordenado cuando hicieron esto. Ellos habían sido bautizados pero aún no tenían el Espíritu de Dios. A diferencia de Juan y a Cristo, ¡ellos ni siquiera eran convertidos!

También hemos mencionado cómo es Cristo quien le está poniendo a usted dentro de su Iglesia. Sumergir quiere decir “poner adentro de”. Cristo lo está “poniendo (a usted) adentro de” su Cuerpo — su Iglesia — ¡al momento del bautismo! Después que los 3,000 fueron bautizados en el primer Pentecostés de la Iglesia del Nuevo Testamento, Hechos registra: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). Era Cristo añadiendo a su Iglesia — no los ministros quienes realizaban los bautismos diarios. Así que el bautismo no es la obra de ningún instrumento humano. Éste es la “operación” (Col. 2:12) de Jesucristo. El instrumento humano no es un factor crítico en la ordenanza del bautismo.

¡Quite sus ojos de los hombres — póngalos en Cristo y manténgalos allí! Los hombres pueden apartarse, engañar a las personas, pecar o realizar un bautismo por razones de auto glorificación. Estas cosas no son relevantes cuando Cristo toma la decisión de colocarlo dentro de la Iglesia que Él está edificando. El hecho de que usted se entere, después del bautismo, acerca de los pecados, engaños, o las intenciones del hombre que le bautizó, no puede invalidar su bautismo y no contribuye para que usted necesite ser rebautizado por otro. Si así fuera, entonces usted necesitaría bautizarse una y otra vez, hasta que encontrara a un instrumento humano digno para realizar el bautismo. ¿Y cuánto tiempo pasaría antes de que usted pudiera estar absolutamente seguro de que este nuevo instrumento humano nunca se tornaría en desleal en alguna manera?

En ninguna parte dice la escritura algo acerca de poseer una especie de entendimiento divino supremo, necesario para poder discernir de manera precisa al ser humano que lo va a poner a usted dentro del agua. ¡Judas estaba entre los doce discípulos que estaban bautizando en el nombre de Cristo! ¿Acaso su defección y traición posteriores hicieron que se invalidaran los bautismos que él había realizado? ¡Por supuesto que no!

Segundo, deberíamos preguntar: ¿quién podría bautizar? Ya hemos establecido que los diáconos pueden bautizar y que los discípulos no ordenados ni convertidos de Cristo realizaron muchos bautismos. Los últimos eran estudiantes (eso es lo significa discípulos) y Cristo les autorizaba para que bautizaran en su nombre. Su preparación para convertirse en apóstoles aún no estaba completa. Y aunque ellos aún no eran convertidos, Jesús también les dio poder para sanar a los enfermos, levantar a los muertos, echar fuera demonios en su nombre y para predicar el evangelio del reino de Dios (Mat. 10:1, 7-8). Pero era Jesús quien los autorizaba. Ellos llevaron a cabo su comisión por Él, mientras predicaban fielmente el evangelio del reino de Dios. No era la perfección o la ordenación de ellos lo que importaba.

Hechos 8 registra que, cuando realizaba bautismos en Samaria, Felipe también hizo milagros y echó fuera demonios, mientras predicaba el evangelio del reino de Dios. Pedro y Juan llegaron después a Samaria, así que es obvio que Felipe no estaba actuando por su propia autoridad. Los apóstoles deben haberlo enviado porque, en el versículo 14, cuando oyeron de muchas conversiones por Felipe, los apóstoles entonces enviaron a Pedro y a Juan a Samaria. Si Pedro y Juan fueron a Samaria, a petición de los apóstoles, el diácono Felipe (un diacono es uno que básicamente “sirve las mesas” Hechos 6:2-3), nunca habría actuado por su propia autoridad o sin haber sido enviado.

El Nuevo Testamento no le da gran importancia a la persona en particular que está realizando el bautismo. Sin embargo, el patrón es siempre que la persona que bautiza es un representante enviado o autorizado por un ministro o anciano, quien quizás no pudo estar presente. Tales ministros serían parte de la verdadera Iglesia de Dios.

Tercero, en un intento por negar la necesidad del bautismo, algunos tratan de usar “al ladrón en la cruz” para probar que no todos necesitan ser bautizados para ser salvos. ¿Es esto verdad? En este punto ya debería estar perfectamente claro que el bautismo es un mandamiento bíblico.

Sin embargo, el ladrón en la cruz representaba una circunstancia extraordinaria. Él no estaba en posición de poder obedecer el mandamiento de ser bautizado. Eso habría sido imposible. No es el acto literal de bautizarse el que nos salva. En cambio, es el perdón de Cristo y la remoción de la pena de muerte sobre nosotros, que Él nos haga justos a través de la entrada del Espíritu Santo y nuestra voluntad determinada de obedecerle en circunstancias que podemos controlar, lo que nos salva. Nosotros no necesitamos preocuparnos o afligirnos por las cosas que no podemos controlar. Dios es misericordioso — y Él siempre ve el corazón, la actitud de la persona. Muchos años atrás, yo estaba presente cuando una anciana, que estaba en cama se convirtió en miembro de la Iglesia. De acuerdo al mandamiento Bíblico, le impusimos las manos en la cabeza para que ella recibiera el Espíritu Santo de Dios. Su frágil condición hacía imposible que ella fuera movida al agua para ser bautizada. Aquellos que estaban presentes nunca dudaron de la validez de su conversión.

No obstante, el bautismo es claramente un mandamiento bíblico. Aquellos que pueden ser bautizados deben preocuparse y estar inquietos en cuanto a su propia salvación si acaso ignoran este mandamiento. Porque “Dios…ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30), y “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (II Pedro 3:9). Estos son mandamientos claros de Dios. El hacer caso omiso de ellos o el desobedecerlos ciertamente terminará con la oportunidad de la persona para la salvación.

Cuarto, ¿deben los niños ser bautizados? Cientos de millones de personas (y quizás tantas como dos billones) asisten a las diversas iglesias “cristianas” populares de este mundo. El bautismo de infantes y niños es una práctica muy común entre estas iglesias. He aquí el problema — ¡Esto no es bíblico!

Pero, ¿por qué?

Los siguientes puntos deben ser considerados cuidadosamente. No hay ni un solo lugar en la Biblia que registre el bautismo de un niño. ¡Ni siquiera uno! Cuando Felipe estaba bautizando (Hechos 8:12), dice: “se bautizaban hombres y mujeres”. No hay mención de niños siendo bautizados en este recuento. Los niños simplemente no son lo suficientemente maduros como para comprender el bautismo.

El mandato de la Biblia es “arrepentirse” y “creer”. Los bebés y los niños pequeños no son capaces de creer, o siquiera de entender, el evangelio del reino de Dios. Ellos no pueden comprender un gran gobierno mundial, guiado por Jesucristo y los santos resucitados, que vienen a remplazar a los gobiernos de este mundo. Esto está más allá de la habilidad de un niño para entender. ¿Puede un niño verdaderamente entender que Cristo murió por sus pecados? ¿Es un niño lo suficientemente maduro como para entender el simbolismo de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo y cómo éste tiene paralelo con la ceremonia del bautismo? ¿Puede un niño comprender la recepción del Espíritu de Dios, como un engendramiento en la mente — sin mencionar todo lo que este engendramiento debe activar en su vida? Obviamente, no.

Los bebés no tienen nada de que arrepentirse, claro que los jóvenes ciertamente han hecho muchas cosas que pueden ver, al menos parcialmente, que estuvieron mal. Es cierto que los niños son capaces de tener sentimientos profundos de culpa o de remordimiento, pero éstos son olvidados rápidamente en el mundo sin preocupaciones en la vida de un niño. Los niños rápidamente pasan a otras cosas. Yo nunca he visto a un niño con la capacidad de entender el significado del bautismo — y yo he pastoreado a casi 10,000 personas por más de 30 años. Los niños no son más propensos a mantener el compromiso implicado en convertirse en un verdadero seguidor de Jesucristo de lo que serían a casarse con el novio o la novia que pudieron haber tenido en su juventud.

Aunque algunos adolescentes pueden madurar más temprano que otros, la mayoría de las personas no alcanzan una verdadera madurez adulta sino hasta principios de sus veinte años. La edad de 18 años es la mínima en que una persona es capaz de captar lo que el bautismo significa. Si usted es una persona joven leyendo este folleto, dese el tiempo para madurar y obtener sensatez, hasta que esté absolutamente seguro de saber lo que está haciendo y lo que está en juego en su decisión de convertirse en un cristiano. Sí, los adultos no deben demorarse al llegar al arrepentimiento, pero los jóvenes deben esperar, algunas veces varios años antes de dar el paso al bautismo.

Cuando los auto justos e hipócritas fariseos vinieron a Juan el Bautista para ser bautizados, él les dijo: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Lucas 3:8). Ellos eran adultos. La gente joven también necesita “hacer frutos dignos de arrepentimiento”. Yo no digo esto porque los jóvenes sean fariseos, sino en cambio, porque necesitan tiempo para ver que su propia sinceridad y convicción aumenten. Los jóvenes necesitan saber, más allá de cualquier sombra de duda, que se han arrepentido. De otra forma, más tarde les faltará la confianza necesaria de que Dios les ha dado su Espíritu Santo.

El camino que nosotros recorreremos en la ruta hacia el reino de Dios requerirá que sepamos con absoluta certeza que tenemos el Espíritu de Dios en nosotros, ayudándonos en todos los momentos de necesidad.

Aconsejamiento para el bautismo

Deberíamos considerar el ejemplo de Pablo. Él en realidad bautizó a muy pocas personas por sí mismo. Una disputa había surgido en la iglesia de Corinto acerca de a cuál apóstol querían seguir los hermanos allí.

Note en I Corintios 1:13-17: “¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro. Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio”.

De manera similar, yo no puedo bautizar personalmente a las personas que están esparcidas a lo largo de toda la tierra. Representantes “llenaron el lugar” de Pablo (por diferentes razones y en circunstancias diferentes a la mía) y realizaron bautismos que estaban listos para ocurrir. De todas maneras, no es importante que yo le bautice personalmente. Tampoco quiero que las personas me vean a mí en alguna forma especial porque, como ya ha sido explicado anteriormente, es Jesús quien lo pone a usted en su Iglesia, no yo, ni algún otro hombre. Incluso si yo pudiera bautizarle personalmente — y he bautizado a varios cientos de personas — aún así lo estaría haciendo solamente como un siervo de Cristo, ¡actuando en su nombre, no en el mío propio! Aunque nuestros representantes están esparcidos alrededor del mundo, ellos harán todo lo posible, con la ayuda de Dios, para encontrar una manera de llegar a usted. Si Dios le está llamando, Él buscará la forma para que usted sea bautizado. ¡Usted puede tener absoluta fe en eso!

Un punto vital: Algunos nos contactan creyendo que ya son verdaderos cristianos — que ya tienen el Espíritu Santo guiándoles — pero que carecen del bautismo apropiado. Ellos simplemente están buscando a alguien que los bautice — para validar una conversión asumida. Capte esto. Sin el entendimiento suficiente de las verdaderas doctrinas bíblicas, sin verdadero arrepentimiento o sin el conocimiento de la conversión real — todas estas cosas por encima de un bautismo correcto — una persona no es un verdadero cristiano. Al carecer de cualquiera de estas cosas, sin importar lo que le hayan dicho, la persona no es un cristiano, y nosotros no podemos bautizarlo.

Después de estudiar este folleto, junto con muchas otras verdades de Dios, usted quizá desee solicitar consejo para el bautismo. Representantes entrenados están disponibles para aconsejarlo, ya sea en persona o por teléfono — dependiendo de su ubicación. Pero esta es una decisión que solamente puede ser tomada por usted. Usted debe “ocuparse en su propia salvación con temor y temblor” (Fil. 2:12). Nosotros estamos aquí para asistirlo en la ordenanza del bautismo si usted lo desea. Nosotros nunca vamos a visitarle o a presionarle para que usted tome ese paso. Usted debe de “calcular el costo” (Lucas 14:25-30) y decidir si responderá al llamado de Dios.

La siguiente cita viene de la conclusión del folleto del Sr. Herbert W. Armstrong Todo acerca del BAUTISMO:

“Centenares y millares de personas están siendo convertidas — sus vidas cambiadas — por esta Obra de Dios…

“Algunos, sin darse cuenta que uno de los verdaderos ministros de Dios les podía visitar, contestar preguntas, e incluso bautizar, se han asociado a una de las iglesias de este mundo. Usted no se puede asociar a la verdadera Iglesia de Dios — es Dios Todopoderoso que tiene que ponerle dentro de ella.

“Pero si usted tiene preguntas acerca del compañerismo, las doctrinas o practicas, el arrepentimiento y el bautismo — o alguna pregunta acerca de la Biblia, o la vida Cristiana, escríbanos a la dirección de nuestra oficina…

“Considere cuidadosamente los hechos, de acuerdo con su propia Biblia. Luego tome su decisión y tome los pasos que Dios le muestra”.

020101
WB

Escritorio Reciente de Noticias Mundiales

Otros Folletos