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¿Dónde está la Iglesia de Dios hoy?
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Jesús dijo: “Edificaré mi Iglesia”. Hay una sola organización que enseña toda la verdad de la Biblia, y es llamada a vivir por “cada palabra de Dios”. ¿Usted sabe cómo encontrarla? Cristo dijo que:

  • Enseñaría “todas las cosas” que Él ordenó
  • llamaría a los miembros a ser apartados por la verdad
  • Sería una “manada pequeña”
Acerca del Autor
David C. Pack 

Fundador y Pastor General de La Iglesia de Dios Restaurada, Editor en jefe de la revista La Plena Verdad, y voz del programa El Mundo por Venir, David C. Pack ha llegado a muchos millones de personas en todo el mundo con las verdades más poderosas de la Biblia — desconocidas por casi todos. Él es autor de 80 libros y folletos, estableció personalmente más de 50 congregaciones, y apareció como invitado en The History Channel. El Sr. Pack asistió al Colegio Ambassador en Pasadena, California, entró al ministerio de la Iglesia de Dios Universal en 1971, y fue entrenado personalmente por su fundador, Herbert W. Armstrong.

¿Qué es la fe real?

por David C. Pack

¿Por qué la mayoría de las personas están atrapadas en temores y preocupaciones? ¡Porque carecen de fe! Pero, ¿qué es la fe? ¿Es pensar positivamente? ¿Es un sentimiento? ¿La afiliación personal a la iglesia? ¿La creencia de que Jesús murió por sus pecados? ¿Confianza? ¿Esperanza? ¿O es algo más? ¿Por qué hay millones que malentienden este tema? ¡He aquí la respuesta de la Biblia!

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La Biblia declara que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6). Esta es una declaración increíble — sin embargo, ¡está en la Biblia! Tómela exactamente por lo que dice. ¡Solamente piense! Cualquier cosa que una persona haga en su intento por ser un cristiano, no significa absolutamente nada si carece de fe. Porque sin fe, la persona no tiene esperanza — ni posibilidad — de agradar a Dios. Cualquiera que no esté agradando a Dios, es cristiano en vano. ¡Eso es serio! Considérese a usted mismo. ¿Tiene usted la fe real? ¿Es suficiente para la salvación? ¿Puede usted saber? ¡Sí puede! Este folleto explicará cómo.

Una carencia de fe real

A lo largo de los años, las personas han preguntado con frecuencia: “Sr. Pack, yo carezco de fe. No siento la presencia de Dios o Su poder en mi vida. ¿Cómo puedo tener más fe?”

¿Qué hay de usted? ¿Carece de fe para saber que Dios está con usted? ¿Para vencer el pecado y la culpa? ¿Para ser sanado de las enfermedades? ¿Para creer todas las cosas en Su Palabra? ¿Carece usted de fe respecto a que si ama a Dios “todas las cosas le ayudan [ayudarán] para bien” (Rom. 8:28)? ¿Para creer que Dios resolverá las injusticias que usted ha recibido? ¿Para creer que usted puede soportar pruebas y persecuciones severas? ¿O que Dios le liberará de ellas? ¿Carece usted de fe para ver el pronto venidero reino de Dios con más claridad y para ver que usted puede estar en él?

¡La Biblia dice que usted no necesita carecer de fe en ninguna de estas áreas! Usted puede desarrollar la fe real. Sin embargo, la Biblia dice que la mayoría de las personas, en la era previa al Regreso de Cristo, ¡no tendrán suficiente fe para proclamar con confianza ninguna de estas, u otras promesas de la Palabra de Dios!

¿Habrá fe cuando Cristo venga?

El mundo está en problemas. Los problemas están aumentando en todas partes en un planeta alejado de Dios. El Regreso de Cristo es inminente. Este evento solamente ocurrirá después de que ciertos eventos catastróficos hayan tenido lugar. Guerras, hambruna, enfermedades epidémicas, confusión religiosa, inestabilidad económica y un clima catastrófico habrán sacudido a la civilización hasta sus cimientos.

Hablando de nuestro tiempo — la última generación antes de Su Regreso — Cristo preguntó: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). ¡Piense acerca de las increíbles implicaciones de esta pregunta! ¿Es posible que la verdadera fe pueda desaparecer completamente de la tierra a la Segunda Venida de Cristo? Cristo pudo ver hacia adelante, hacia nuestro tiempo, y supo que existirían las condiciones para permitir que esto fuera cierto — ¡casi!

Un artículo titulado “Hambruna de la Palabra de Dios”, por la reportera Wendy Griffith, discutía el tema de la ignorancia de la gente respecto a la Biblia. He aquí lo que ella escribió:

“Es claro que muchos americanos no conocen su Biblia, y un estudio reciente de George Barna respalda esta noción”.

“La investigación de Barna mostró que el 60 por ciento de los americanos no pueden mencionar la mitad de los Diez Mandamientos, y el 63 por ciento no puede nombrar los cuatro evangelios del Nuevo Testamento. Ochenta y uno por ciento cree que la frase ‘Dios ayuda a aquellos quienes se ayudan a sí mismos’ es una cita directa de la Biblia…”.

¡Qué vergüenza! Qué terrible acusación para la nación más bendecida de la tierra. Y esa es la mayor razón de por qué se encontrará tan poca fe genuina.

Pero Cristo dijo que Él edificaría Su Iglesia y Él prometió que ésta nunca sería destruida (Mat. 16:18). Su Iglesia — la verdadera Iglesia de Dios — es donde las personas sí tienen fe verdadera, de acuerdo con la definición de la Biblia. Por tanto, la presencia del verdadero pueblo de Dios en la tierra asegurará que al menos unas pocas personas sean encontradas teniendo fe cuando Cristo regrese. (Lea nuestro folleto gratuito ¿Dónde está la Iglesia de Dios?).

Fíjese en Gálatas 5:22-23: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. Nosotros debemos establecer otro punto importante en relación con la vida de todos los cristianos verdaderos. La fe real viene del Espíritu de Dios — es un fruto del Espíritu Santo. Nadie puede tenerla — o siquiera convertirse en un verdadero cristiano — sin el Espíritu de Dios.

Pero, ¿qué es fe? Seguramente Dios no diría que aquellos que carezcan de fe no pueden agradarle — y luego escondería la definición real de la fe de todos aquellos quienes buscan saberla. Antes de examinar lo que la Biblia dice acerca de la fe real, debemos examinar lo que las personas piensan que es.

Varias falsificaciones

Hay varias ideas comunes acerca de la fe. Si usted duda de esto, entonces simplemente pídale a media docena de personas que le expliquen lo que es la fe — que la definan con precisión para usted. Esté preparado para la misma cantidad de ideas diferentes — probablemente todas ellas equivocadas.

Yo he conocido a muchas personas quienes creen que la fe es un “sentimiento” intangible que no puede ser definido. Frecuentemente se piensa que es personal, misteriosa y única para cada persona. Este sentimiento usualmente no tiene definición, estructura o propósito claro; y, inevitablemente, es cualquier cosa que las personas quieran o necesita que sea. En otras palabras, para casi cada persona hay una descripción y definición diferente de la fe. Es extraño como tantas personas ven la fe de esta manera, aunque la Biblia jamás ha dicho nada semejante.

Otros creen que la fe es una especie de “pensamiento positivo”. Es como si siempre y cuando las personas tomen una perspectiva optimista y permanezcan animadas acerca de los eventos y circunstancias, están demostrando fe. La Biblia no describe en ninguna parte la fe con las palabras positivo u optimista — aunque estas ciertamente son buenas cualidades de la mente.

Otras perspectivas de la fe son que ésta es esperanza o confianza. ¡Ninguna de las dos es verdadera! Hebreos 10:35 sí dice que la confianza es importante. Note: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón”. Aunque este pasaje revela que la confianza es vital para los cristianos, la confianza por sí sola no es fe. Respecto a que la fe sea esperanza, I Corintios 13:13 declara: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”. Si la fe y la esperanza son la misma cosa, ¿por qué están enumeradas por separado? ¿Por qué se refiere Dios a ellas como “estos tres”? Al mencionarla con el amor, ¿no debería Él haber dicho “estos dos”? Obviamente, entonces, la fe es diferente a la esperanza.

Aún otros creen que la fe de una persona es equivalente a la denominación o afiliación de la iglesia a la que asiste. Esta descripción de fe es muy deficiente y no es bíblica. Note Efesios 4:4-5: “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo…”. Si la fe es la denominación de una iglesia, y hay más de 2.000 iglesias diferentes tan sólo en los Estados Unidos, no puede haber solamente “una fe”. Por supuesto, esta idea también haría que el apóstol Pablo estuviera equivocado. Él debió haber escrito que hay “miles de fes”.

¡Mantenga en mente que usted recién ha visto en su Biblia que hay solamente un tipo de fe! Pronto exploraremos para ver si la Biblia define con precisión ese único tipo de fe o deja que los individuos adivinen su significado.

La última idea, y quizás la más común, es que la fe es cualquier creencia general de que Jesús murió por sus pecados. Al igual que con la idea de que la fe es un sentimiento, el grado de creencia “personal” en el sacrificio de Cristo se convierte en el factor decisivo en la forma en que cada cristiano profeso elige definirla. Ciertamente veremos que la verdadera definición de fe sí incluye esta importante creencia. No hay duda de que si alguien no cree en el entendimiento más básico de que Cristo murió por sus pecados, esta persona no tiene fe salvadora. Recuerde, sin fe es imposible agradar a Dios, y si alguien duda que Cristo murió por sus pecados, él ciertamente no está agradando a Dios ¡y no será salvo! El creer que Cristo murió por sus pecados es una dirección — un camino — de la fe, ¡pero no lo que es la fe!

Lo que es la fe

Ahora es tiempo para la pregunta más fundamental en este folleto. ¿Da la Biblia una definición exacta de la fe? Puesto que dice que hay una fe, ¿da realmente una definición de esa fe? ¿Hay algún lugar donde la Biblia diga: “Fe es…” y siga una definición precisa?

Hebreos 11 ha sido llamado con frecuencia el capítulo de la “fe”. Éste describe a muchos de los más grandes siervos de Dios y cómo su fe los facultó para realizar grandes actos y milagros, o soportar severas pruebas. Este largo capítulo es muy inspirador, y todos los que deseen tener fe real deberían leerlo periódicamente. Éste contiene la palabra fe dos docenas de veces. El versículo 2 dice: “Porque por ella [fe] alcanzaron buen testimonio los antiguos [estas figuras de la Biblia]”.

¿Cómo podrían haber alcanzado un “buen testimonio” a menos que entendieran la fe? Ahora, la definición de Dios en el versículo 1: “Es, pues, la fe la sustancia de lo que se espera, la evidencia de lo que no se ve” (traducido de la versión King James). ¿Notó usted que la fe involucra “evidencia” de las cosas “que no se ven”? La versión Reina Valera traduce “sustancia” como “certeza”. La fe implica una certeza “de lo que se espera”. Pero, si algo es esperado, ese algo aún no ha sido recibido. Por tanto, ¡donde se involucra la fe hay una certeza de que será recibido!

Pero, ¿cómo puede la evidencia estar relacionada con algo que no se ve? ¿Acaso no pensamos en la evidencia como algo que involucra cosas que sí se ven?

En una corte, la evidencia es lo que puede ser probado. Incluye hechos visibles para un jurado. En otras palabras, la evidencia solamente incluye cosas que pueden ser vistas o demostradas. ¿Cómo, entonces, puede la fe involucrar evidencia que es invisible — que no se ve?

La fe involucra la evidencia de la siguiente manera. La fe real, en cualquier promesa hecha por Dios, es realmente la evidencia. Es la creencia la que constituye la evidencia. Si Dios promete hacer algo, es imposible para Él mentir (Heb. 6:18). Su evidencia de que Él lo cumplirá es la misma fe inquebrantable que usted retiene. ¿Entiende usted esto? Recuerde, Hebreos 11:1 dijo: “fe es…la evidencia”. Si usted tiene verdadera fe cristiana, usted no necesita buscar la evidencia — ¡usted ya la posee!

La doctrina de la fe

Hemos leído la definición bíblica de la fe, pero la fe también es una doctrina. Note: “los rudimentos de la doctrina de Cristo… de la fe en Dios…” (Heb. 6:1). La fe siempre es ejercida hacia Dios, pero es Cristo quien hace esto posible.

La fe es algo que Cristo enseña — y por ello la Biblia la llama “la doctrina de Cristo”. Por ahora, usted comprende que es importante para todos los cristianos entender la fe. Usted no necesita estar confundido al respecto, aunque las personas a su alrededor puedan estarlo. Debemos eliminar los malos entendidos y los engaños acerca de la fe.

Quizás, cuando Cristo regrese, ¡Él encuentre fe real en usted!

Para cada doctrina de Dios, hay infinitas ideas que las personas evocan al respecto. La Biblia explica lo que Dios dice y piensa acerca de Sus doctrinas. Si una doctrina viene de, y pertenece a Dios, nosotros debemos examinar lo que él dice al respecto. A usted no deben preocuparle las opiniones de las personas. En lo que resta de este folleto, explicaremos la verdadera enseñanza de la Biblia acerca de la doctrina de la fe hacia Dios. ¡Prepárese para ser sorprendido!

No los cinco sentidos

Casi todos creen que la fe involucra sentimientos. Pero los sentimientos físicos simplemente vienen de los sentidos humanos y no tienen absolutamente nada que ver con Dios — ¡ni con la fe!

Los seres humanos aceptan el conocimiento que ellos han recibido a través de los cinco sentidos — vista, oído, olfato, tacto y gusto. Todos estos sentidos involucran información física — conocimiento físico. La mente recibe y procesa esta información a fin de llegar a conclusiones acerca de circunstancias, cosas y eventos que ocurren a su alrededor. La fe es espiritual, no física. Es una confiada certeza que viene del Espíritu de Dios en la mente de un ser humano convertido.

Muchísimos hoy carecen de la fortaleza — del poder — para creer que Dios cumplirá las promesas contenidas en Su Palabra. Él parece lejano, vago y etéreo para miles de millones de seres humanos, atrapados en un mundo materialista. La vasta mayoría no tiene tiempo para Dios. No parece haber lugar para la oración, el estudio bíblico, el ayuno y la meditación. Todas estas cosas nos acercan a Dios. La mayoría de las personas se dan por vencidas al tratar de hacer esto, ¡y luego se preguntan por qué no tienen fe! Esto las deja forzadas a depender únicamente de sus cinco sentidos para recibir orientación. La mayoría de las personas sienten que no se puede confiar en nada derivado de otra fuente que no sea esa.

Nadie desearía jamás perder su vista física. Ciertamente, nadie consideraría conducir un automóvil si la persona fuera ciega. Ahora, considere el siguiente versículo: “porque por fe andamos, no por vista” (II Cor. 5:7). El practicar la verdadera fe significa aprender a ignorar lo que usted ve. Literalmente, la vista no cuenta en relación con lo que Dios ha prometido hacer, o con cuándo lo hará.

¡Este versículo revela que los cristianos no caminan por lo que ven!

Piense acerca de este ejemplo de la siguiente manera. Tal como usted jamás consideraría conducir un auto sin su vista, ¡un cristiano no tiene permitido caminar en la vida por la vista! Este no es un principio que las personas aprenden de la noche a la mañana. El propio concepto de este tipo de entendimiento espiritual es extraño — completamente ajeno — para el pensamiento humano. El desaprender la idea equivocada de la fe requiere una vida de práctica.

La oración, el estudio, el ayuno y la meditación son actividades espirituales. Dios es Espíritu y Cristo explicó respecto a los cristianos: “los que le adoran [al Padre], en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). Por supuesto, las personas quienes no conocen la verdad de todas las otras doctrinas de Dios, aunque puedan conocer la verdad acerca de la fe, no pueden adorar a Dios “en verdad”. Ellas podrían luchar por adorar a Dios “en espíritu”, pero es imposible adorarle en verdad si lo hacen ignorando muchas verdades bíblicas cruciales. Sin embargo, para nuestro propósito aquí, al menos todos los que lean este folleto ya no desconocerán la verdad acerca de la doctrina de la fe — y cómo esta se relaciona con adorar a Dios en espíritu.

Muchos se preguntan por qué nunca son sanados — o por qué sus oraciones no son respondidas. Se preguntan por qué no son bendecidos o por qué no están recibiendo liberación de Dios cuando la necesitan. Carecen de fe, la cual viene del Espíritu de Dios. Si tuvieran fe, ¡tendrían evidencia — certeza — confianza — de que serían sanados, bendecidos, liberados o de que recibirían respuestas a sus oraciones! Ellos sabrían que estas cosas están por llegar, antes de que llegaran.

Cristo tuvo fe real

Ya hemos visto que la fe es un fruto del Espíritu de Dios. Obviamente, Cristo tuvo una fe tremenda. Lleno del Espíritu de Dios, y poseyéndolo desde su concepción, Cristo fue la persona más convertida que jamás ha vivido. Esto le dio un tremendo entendimiento de la importancia del poder del Espíritu de Dios. ¡Por eso Él dijo: “No puedo yo hacer nada por mí mismo” (Juan 5:30)! Él sabía que “el Padre que mora en mí, él hace las obras”.

Fue a través del poder del Espíritu de Dios en Él que Cristo logró todo lo que hizo. Entendió a cabalidad que era solamente la presencia del Espíritu de Dios en Él la que le permitía realizar milagros. Ejercitó perfectamente el fruto de la fe presente en Él a causa del Espíritu Santo. Sin duda, Dios le dio el don adicional de la fe (I Cor. 12:1, 7-9), el cual Él necesitaría para soportar todo lo que habría de enfrentar, a través de Su sacrificio como Salvador del mundo.

Cristo continuó diciendo en Juan 14: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará” (v. 12). Todos los apóstoles, evangelistas y otros (incluyendo aún a los diáconos), realizaron poderosos milagros después de la Resurrección de Cristo y el comienzo de la Iglesia del Nuevo Testamento. La Biblia registra esto. ¡A través del poder de la fe real, las personas ordinarias pueden hacer cosas sorprendentes!

Pero, ¿puede usted tener el mismo tipo de fe que tuvo Cristo — o que tuvieron los apóstoles? ¿Tienen los cristianos de hoy un tipo diferente de fe?

La fe de Cristo

¿Qué tipo de fe espera Dios que usted tenga? La mayoría de las personas piensan que deben “trabajar” su fe a través de esfuerzos humanos. Ellos ven la fe como algo que proviene de adentro, que pueden poseer voluntariamente. Esto está terriblemente equivocado y la Biblia lo dice claramente. ¿Comprende usted que puede tener la misma cantidad exacta de fe que Cristo poseyó? Usted no solamente puede — ¡usted debe!

Fíjese: “sabiendo que el hombre no es justificado… sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo” (Gal. 2:16). Este es un versículo extremadamente importante. Éste diferencia dos puntos vitales. Primero, declara que “nosotros hemos creído en Jesucristo” — esto es algo que nosotros hacemos. Segundo, es la fe de Cristo — la propia fe de Cristo en nosotros — la que nos justifica (nos hace justos). A la mayoría de las personas, este entendimiento jamás les queda claro. La fe comienza con la creencia humana, pero debe cambiar rápidamente a la fe real de Cristo, la cual entra a una persona al momento del bautismo y la conversión, con la recepción del Espíritu Santo de Dios.

La Biblia describe cierta fe humana temporal que muchas personas tienen. En el Nuevo Testamento, cuando Cristo sanó a las personas, ninguna de ellas era convertida. No obstante, Él algunas veces les dijo: “tu fe te ha salvado” (Mat. 9:22) o “conforme a vuestra fe os sea hecho” (v. 29). Estas personas carecían del Espíritu de Dios, pero sí tenían una fe humana temporal que le permitió a Cristo sanarlas.

A este crecimiento de la fe humana hacia la fe de Cristo se refería Pablo cuando dijo: “la justicia de Dios se revela por fe [humana] y para fe [la de Cristo en nosotros]” (Rom. 1:17). Si no hubiera fe humana y fe de Cristo en nosotros, ¿cómo más podría una persona ir “por fe y para fe”? Si alguien está en una habitación, esa persona no puede ir a una habitación diferente y aún estar en la misma habitación. ¿Ve usted el punto? Lo mismo es con la fe. La fe humana es como una habitación pequeña, la cual los verdaderos cristianos deben abandonar para entrar a la gran habitación de la fe de Cristo obrando en ellos.

La fe humana vacila continuamente, y sube o baja de acuerdo a cómo se siente la persona en un momento dado en el tiempo. Es bastante parecida a una montaña rusa. Cuando los eventos parecen positivos o se ven bien, la fe humana está arriba. Cuando las cosas se ven mal o el resultado de un asunto parece triste, la fue humana desaparece en un instante. La fe de Dios es permanente y no vacila. Él exige que todos lo que vayan a Él en oración, con peticiones, “no dudando nada”. Él considera a todos los que dudan como inestables en todo lo que hacen, y dice que ellos no recibirán nada de Él (Santiago 1:6-8).

La Biblia contiene promesas

Cada vez que usted demuestra fe en Dios, ésta involucra una promesa específica. Una promesa puede incluir sanaciones, respuestas a oraciones, recibir bendiciones (Santiago 1:4-8), liberación de una prueba, guía en una decisión difícil, y, lo más importante, recibir salvación. En cada caso, la fe involucra el reclamo de una promesa específica hecha por Dios. Veremos la importancia de buscar en Su Palabra para encontrar esas promesas.

¡Considere! Pablo registró: “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efe. 6:16). Ahora note: “Toda palabra de Dios es limpia; El es escudo a los que en él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, Y seas hallado mentiroso” (Prov. 30:5-6).

Al ponerlos juntos, estos dos versículos muestran que Dios, a través de la fe, se convierte en un escudo para todos los que creen exactamente en lo que la Biblia dice. El dudar de Su Palabra, o el alterarla en cualquier manera, ¡es llamar a Dios un mentiroso! ¡Eso es serio! Entienda. Cuando Dios hace una promesa, Él la cumple. Los seres humanos pueden quebrantar sus promesas, pero Dios no. Si Él le dice que hará algo por usted, si usted cumple ciertas condiciones, Él cumplirá Su promesa. Usted tiene fe como una certeza de que Él lo hará. Así que presionarse a usted mismo hacia la fe es absurdo. Esto sugiere que usted puede dudar que Dios hará su parte después que usted haya hecho la suya. La fe es relajada. Es calmada. Es segura. Donde la mayoría de las personas podrían tener gran duda, la persona dirigida por la fe es confiada de que Dios está guiando el resultado final de las cosas.

Cuando usted reclame una promesa, espere que ésta sea llevada a cabo por Dios. No trate de averiguar cuándo o cómo. Él lo hará. Yo he aprendido dos cosas acerca de las oraciones respondidas. Primero, Dios siempre responde mis oraciones, si yo busco Su voluntad, pero segundo, Él casi nunca las responde de la manera que yo esperaría. Esta es la razón por la que el caminar por fe no puede incluir la vista. El “buscar” que Dios responda una oración de cierta manera o en cierto tiempo es un desperdicio de energía. Además, ¡es mucho más importante que Dios responda nuestras oraciones y cumpla Sus promesas, que cómo lo hace! Y, de cualquier manera, Él siempre conoce el mejor tiempo y la mejor manera de hacerlo.

Busque siempre la voluntad de Dios

Ninguna promesa de Dios puede ser reclamada a menos que usted se haya enterado de cuál es la promesa. Dios promete algunas cosas y no promete otras. Por tanto, la única manera de saber si Él ha hecho una promesa en particular o no, es estudiar continuamente Su Palabra.

En cualquier asunto, siempre pregúntese: “¿Qué dice la Biblia?”

Pablo escribió: “…que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:2). Comprobar implica estudiar. Estudiar implica esfuerzo. Luego, el conocimiento de las promesas de Dios trae confianza a aquellos quienes oran por ellas. Dios está deseoso de bendecir a las personas, pero Él no puede hacer esto si las personas ignoran lo que Él está dispuesto a hacer. Pablo también escribió: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efe. 5:17). Enfrentémoslo. Es terriblemente “insensato” que las personas vivan en ignorancia de las promesas de Dios. ¿Por qué? ¡Porque las personas se alejan a sí mismas de todo lo que Él está dispuesto a hacer por ellas! Por lo tanto, usted no tiene que preguntarse acerca de la voluntad de Dios. Su Palabra le dice Su voluntad en cada aspecto importante de la vida. (Tómese un momento para leer II Timoteo 3:14-17). Pero esta no es la única condición relacionada con la fe.

La fe tiene otras condiciones

Como ya hemos visto, la mayoría de las personas creen que el único tipo de “fe” necesario para la salvación es “simplemente creer”. Es popular recitar: “si confesares con tu boca… y creyeres en tu corazón… serás salvo” y “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Rom. 10:9, 13). Pero, ¿es eso todo lo que hay para recibir la salvación? ¿Puede realmente ser así de fácil? De ser así, entonces la Biblia debería tener dos versículos de longitud. ¡El resto de ella se hace innecesaria y podría ser desechada!

Es sorprendente cómo millones de personas se conforman con aceptar una completa distorsión de la Biblia a fin de practicar un “cristianismo” de su propia invención. Pedro escribió: “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (II Pedro 1:20), y esto es verdad de cualquier otra doctrina de la Biblia (Isa. 28:9-10). Todas las escrituras pertenecientes a cualquier tema deben ser puestas juntas a fin de tener el cuadro completo. El aferrarse a los “versículos favoritos” y sacarlos de contexto lleva a engaño, confusión y completa ignorancia.

¿Qué acerca de la ley, el pecado, la gracia, la fe y las obras? ¿Cómo trabajan juntas estas? ¿Traen algún requisito para aquellos quienes practican la fe verdadera? ¿Es la fe, por sí sola, suficiente para todo? O, ¿deben los cristianos obedecer a Dios? ¿Hay algunas obras adheridas a la salvación? La mayoría de las personas creen que las respuestas a las dos últimas preguntas son “no”. Las personas quieren creer que Cristo “murió por sus pecados“, y que ellas ya son salvas “sólo por la fe”, sin hacer nada respecto al pecado en sus vidas. La naturaleza humana no quiere obedecer a Dios (Rom. 8:7). No obstante, Pablo enseñó: “porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados” (Rom. 2:13).

Si la ley está abolida, entonces nadie puede ser culpable de pecado. Pero romanos 3:23 dice: “por cuanto todos pecaron…”. ¿Cómo es esto posible si no hay ley que guardar? Varias cosas deben ser consideradas cuidadosamente. I Juan 3:4 declara: “el pecado es infracción de la ley”. Todos los cristianos profesos ciertamente están dispuestos a reconocer que Cristo “murió por sus pecados”, pero ellos continúan asumiendo que, como Cristo murió por los pecados pasados, ellos ya no necesitan preocuparse por los futuros. Este es un argumento ridículo. No obstante, ha arrastrado de manera efectiva a cientos de millones de cristianos profesos por cerca de 2.000 años.

Ahora considere Efesios 2:8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. A las personas les encanta citar este versículo. También es común que las personas citen Romanos 3:20: “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él…”. Pocos están dispuestos a leer la frase inmediata siguiente en Romanos, la cual dice: “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. Podríamos preguntar: ¿Cuál sería el propósito de tener alguna ley sino para guardarla? ¿Sería su único propósito el demostrar que las personas pueden quebrantarla libremente sin preocuparse, porque Cristo “murió por sus pecados”?

El propósito de la ley jamás ha sido perdonar el pecado o traer justificación. (Ninguna ley podría hacer esto). Para esto es la sangre de Cristo — y es la razón por la cual la humanidad necesita un Salvador. ¡El propósito de la ley es señalar el pecado!

Considere el sistema penitenciario de la mayoría de los países del mundo. Los criminales convictos son perdonados algunas veces o sus sentencias son sustituidas por otras. Otros son liberados de prisión de manera temprana, a través de lo que se conoce como “libertad condicional”. ¿Son perdonadas y liberadas estas personas con la idea de que puedan regresar a la sociedad y repetir exactamente los mismos crímenes que las pusieron en prisión? ¡Por supuesto que no!

La sola idea es absurda. La policía simplemente los volvería a arrestar y los encarcelaría nuevamente — ¡probablemente con una sentencia más fuerte! Entonces, ¿cómo es que los cristianos pueden creer que el juicio del gran Dios del universo requiere, de alguna manera, menos justicia con Su Ley que la que requieren las autoridades civiles y físicas con la suya? Es un insulto para Dios sugerir que Él daría a Su Hijo por los crímenes espirituales (pecados) de las personas, solamente para verlas continuar en las mismas cosas que requirieron la muerte de Cristo.

¡Qué lamentable lógica humana!

El creer en el engaño de que el perdón, a través de la sangre de Cristo, les permite a las personas quebrantar libremente la ley es una hipocresía. Esto no solamente insulta a Dios, y a la inteligencia de Su Plan Maestro, sino que ignora la siguiente serie extensa de versículos en Santiago 2. Estos claros versículos explican cómo encajan la ley, el pecado, la fe y las obras.

Considere cuidadosamente este pasaje más largo: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma… yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?… Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (v. 14, 17-22, 24).

Al igual que los demonios, muchas personas creen que Dios existe. Sin embargo, la mayoría de estas mismas personas no tiemblan ante la existencia de Dios — ¡lo cual hasta los demonios hacen!

Recuerde, nosotros jamás debemos “añadir a la Palabra de Dios”, porque “cada palabra de ella es pura”. Dios quiere decir lo que da a entender, y da a entender lo que quiere decir. Los versículos previos no enseñan que las obras nos salvan. Estos sí enseñan que la fe debe estar acompañada por obras. Esto es lo que Pablo quiso decir cuando preguntó: “¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera” (Rom. 6:15).

¿Qué acerca de la gracia, la fe y las obras? ¿Cómo trabajan juntas? Observe nuevamente: “¿Perseveraremos en el pecado [la transgresión de la ley] para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Rom. 6:1-2). La respuesta a la pregunta retórica de Pablo es obvia. No podemos. Finalmente, note cómo la Biblia pregunta: “¿Luego por la fe invalidamos la ley?”. Esta responde su propia pregunta. “En ninguna manera, sino que confirmamos la ley” (Rom. 3:31). Los ministros de este mundo pueden permitir que las personas quebranten la Ley de Dios — usualmente porque quieren que su congregación les pague un salario — ¡pero Dios prohíbe quebrantar la ley!

El diablo no obedecerá la Ley de Dios porque la aborrece. Tampoco lo harán “sus ministros” (II Cor. 11:13-15). Ellos ignoran deliberadamente estos versículos y muchos otros. Ellos engañan a las personas quienes parecen aceptar voluntariamente sus argumentos superficiales — argumentos que ignoran la plena verdad de la Escritura.

Pablo enseñó que la Ley de Dios es santa, justa, buena y espiritual (Rom. 7:12, 14). Esta está afirmada eternamente (Sal. 111:7-8) y es perfecta (Sal. 19:7). Santiago llama a los Diez Mandamientos “la ley real… de la libertad” (Santiago 2:8-12). Cristo dijo que ésta jamás sería abolida (Mat. 5:17-19). Los impostores engañadores enseñan que los cristianos se deben enfocar en “sólo tener amor”, mientras ignoran claras escrituras como Romanos 13:10, donde dice: “el cumplimiento de la ley es el amor”. (También vea I Juan 5:1-3). No es sorpresa que el apóstol Juan indicara que cualquiera que diga “Yo le conozco [a Cristo], y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (I Juan 2:4).

¡Fuertes palabras! Yo he conocido a muchas personas quienes decían conocer a Cristo, pero no guardan los mandamientos. Ahora comprendemos cómo Dios las ve.

Se requiere fe en Cristo para que el cristiano pueda guardar la Ley de Dios. Recuerde que Cristo dijo que Él, por sí mismo, “nada” podía hacer, y que el Padre hacía las obras en Él. Cristo guardó la Ley perfectamente, y un cristiano “sigue Sus pasos” (I Pedro 2:21).

Cristo enseñó el guardar la ley

Con la ayuda de Dios, usted podrá guardar los mandamientos. Jamás permita que alguien más le diga lo contrario.

Jesús jamás enseñó que las personas solamente tuvieran que “creer en Él” para recibir la salvación. Cuando un joven hombre rico le preguntó qué debía hacer para tener “vida eterna” — recibir salvación — Cristo le dijo: “si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.

Escuchando esto, los discípulos se estremecieron. Ellos no entendieron cómo era esto posible, y preguntaron: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?”. Cristo respondió: “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible” (Mat. 19:17, 25-26). Usted no puede guardar la Ley de Dios, pero Cristo en usted puede — ¡si usted tiene fe verdadera y viviente!

Dios da Su Espíritu solamente a aquellos quienes le obedecen (Hechos 5:32). La obediencia a Dios es precedida por arrepentimiento y bautismo, donde el Espíritu Santo es dado en este punto, tras el arrepentimiento de la persona por haber quebrantado la Ley de Dios (Hechos 2:38).

Cristo dijo: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres” (Marcos 7:7-8). ¿Captó usted que es posible adorar a Dios en vano — que es posible pensar en Él, hablar acerca de Él y hasta usar Su nombre con frecuencia, ¡y aún hacer todo esto en vano!

Note: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos [“de”, no “en”, los cielos], sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mat. 7:21). Recuerde, son los hacedores de la ley los que serán justificados.

La “batalla de la fe”

Pablo le dijo a Timoteo: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna” (I Tim. 6:12). La fe es más que una batalla. ¡Es una guerra que todos los cristianos libran a lo largo de sus vidas! Y no es una guerra fácil, ganada por la victoria en una sola batalla. Ésta incluye muchas batallas.

El apóstol Judas les dice a todos los cristianos: “que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). El siguiente versículo advierte de “ciertos hombres” quienes habían “entrado encubiertamente” en la Iglesia primitiva del Nuevo Testamento, diluyéndola con falsas enseñanzas, las cuales destruyen el fundamento de la Iglesia — que es retener las verdaderas doctrinas de la Biblia. El significado de la fe real también se corrompió en las mentes de muchos en aquel tiempo. Tristemente, la historia muestra que las personas siempre han estado dispuestas a dejar que los engañadores reduzcan el cristianismo a poco más que “solamente creer”. No caiga en esto.

Hemos discutido cómo los cristianos deben guardar la Ley de Dios, mientras ellos, al mismo tiempo, están justificados por la fe de Cristo. El libro de Apocalipsis registra: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (14:12).

Hay una razón por la que este versículo une la paciencia, el guardar los mandamientos y la fe de Cristo. Son inseparables. Los cristianos pueden guardar los mandamientos, pero solamente a través de la fe de Jesús. Se requiere paciencia para hacer esto durante toda la vida. No obstante, esto es exactamente lo que los verdaderos cristianos — los santos — deben hacer continuamente.

“Viviendo por fe”

Hay un versículo del Antiguo Testamento que, por ser tan importante, es repetido dos veces en el Nuevo Testamento. Habacuc 2:4 dice: “el justo por su fe vivirá”. ¡Esta es una poderosa declaración acerca de la fe como una forma de vida! Es la fe de cada persona (note la palabra singular “su”) la que guía a los individuos a lo largo de la vida. Este versículo es citado para mostrar que Dios siempre ha enseñado que Sus siervos verdaderos deben tener fe real. La fe jamás ha sido simplemente un requisito del Nuevo Testamento para la salvación. Algunos de los mayores ejemplos de fe se encuentran a lo largo del Antiguo Testamento. De hecho, cada uno de los ejemplos que se encuentran en el “capítulo de la fe” (Hebreos 11) vivieron en tiempos del Antiguo Testamento. Esto no evitó que fueran “testigos” (12:1) del asombroso poder de la fe entendida apropiadamente.

Hebreos 10:38 (también Rom. 1:17) repite Habacuc casi literalmente: “Mas el justo vivirá por fe”. Tome nota de que la definición de fe sigue inmediatamente, pisándole los talones a este versículo, en Hebreos 11:1. Una vez más, Dios no podría exigirles a las personas que vivan por fe, ¡y luego no decirles qué es! Luego, en el mismísimo versículo 38, Dios continúa: “y si retrocediere, no agradará a mi alma”.

¡Donde la fe falta, Dios no se agrada!

La fe no es simplemente algo que usted puede ejercitar durante los momentos de crisis de la vida. No es solamente algo a considerar cuando “las cosas no van bien”. En otras palabras, la fe no es solamente para los “malos momentos” — ¡es de tiempo completo! Capte este punto vital. La fe es completamente inseparable toda la comprensión espiritual, a través del cual usted ha de confrontar todos los asuntos que enfrenta en el “caminar” cristiano (II Cor. 5:7).

Todas las personas de la tierra serán probadas severamente en los años que están por delante. ¡No se equivoque! Sin fe real, nadie sobrevivirá las terribles calamidades profetizadas a ocurrir justo antes del pronto venidero Regreso de Cristo. ¡Actuar con el ímpetu o el ingenio humano, no será suficiente para sobrevivir la gran crisis que viene al final de esta era! Completa fe en todas las promesas de Dios será requerida — y necesaria.

Un ejemplo personal

No será fácil seguir y practicar las verdades de Dios y creer Sus promesas. Casi 45 años de hacer esto me han enseñado esta lección — ¡profundamente! Dios probará su fe — y el diablo le tentará para que la abandone. No tenga duda de esto. También he aprendido que Dios siempre le liberará, sin importar cuán oscuras parezcan las circunstancias.

Yo crecí en un hogar cómodo. Luego, Dios me llamó a la edad de 17 y las pruebas reales comenzaron. Para la edad de 23, yo estaba casado y tenía un hijo de menos de cuatro meses de edad. Mi esposa casi había muerto durante el parto y había perdido su leche a causa de ello. Ella no pudo amamantar a nuestro hijo. Durante este breve período, yo no tuve un trabajo de tiempo completo en el ministerio. Había perdido mi salario. Estaba desempleado y estábamos luchando con una deuda considerable de nuestros años en la universidad. Estábamos viviendo en Milwaukee, Wisconsin. Incluso el calentador de nuestro auto había dejado de funcionar, y era el final de noviembre. El espacio no me permite describir todas las pruebas que estábamos enfrentando tan sólo en ese momento. ¡Nuestra fe estaba siendo severamente probada!

Nunca olvidaré un momento particular que mi esposa y yo compartimos. Estábamos, casi literalmente, con nuestra última moneda de diez centavos. Casi no había gasolina en el auto o alimento en la casa. Nuestro bebé estaba llorando y no teníamos nada que darle para alimentarlo. Yo tenía una sola moneda de diez centavos en mi bolsillo. La saqué y la coloqué contra la luz, sobre nuestra mesa de la cocina. Mi esposa y yo nos determinamos a confiar en que Dios nos proveería.

¡Él lo hizo!

Esa noche (recuerdo que era jueves por la noche), mi esposa pudo dar dos lecciones de flauta y le pagaron un total de siete dólares. Ella inmediatamente compró leche para el bebé. Yo recibí un empleo a la mañana siguiente (viernes) y mi jefe me ofreció adelantarme un cheque de pago el primer día que llegué. Dios había respondido nuestras oraciones y nos dejó una experiencia de fe que jamás hemos olvidado. La hemos recordado frecuentemente, cuando los tiempos eran difíciles. Aún tomamos fuerzas de la intervención de Dios cuando la necesitamos — ¡y de numerosas otras intervenciones similares en nuestra vida!

No todos los días de nuestras vidas han sido “soleados”. Yo he tenido que enfrentar muchos obstáculos en mis casi 45 años en el ministerio. Esta Obra es una obra de fe. Dios jamás falla en proveer para nuestras necesidades. El obstáculo de los acusadores, calumniadores, mentirosos y enemigos declarados ha sido, en ocasiones, casi un camino de vida diario para nosotros. Dios jamás nos ha fallado.

Al final, Él siempre derrota a las personas malvadas quienes buscan desmantelar Su propósito. Él siempre nos ha protegido y liberado, a mi esposa y a mí, contra “viento y marea”. Tengo la certeza — tengo fe — de que Él continuará haciendo esto. Usted también puede desarrollar la confiada certeza — fe — en que Dios siempre le liberará.

Típicamente, las personas piensan de la fe como algo que desarrollan o expresan hacia Dios a fin que Él realice algo para ellas. ¡En realidad, el caso con frecuencia es exactamente lo opuesto!

Muchas veces, la fe es algo que Dios le da a la persona para que ésta tenga la fortaleza para hacer algo para Dios — usualmente para cumplir Su propósito general. Yo he visto esto ocurriendo en mi vida una y otra vez.

Si usted le pide a Dios, Él hará lo mismo por usted. Algunas veces usted debe ejercitar el fruto de la fe, y algunas veces puede ser necesario que tenga que pedir el don de la fe, a fin de enfrentar las pruebas más severas o las decisiones más difíciles en su vida.

La Biblia menciona nueve frutos distintos del Espíritu (Gal. 5:22-23) y nueve dones del Espíritu (I Cor. 12:1, 7-10). La fe es la única cualidad del carácter espiritual que se menciona en ambas listas. La fe es tanto un fruto como un don del Espíritu. Dios frecuentemente elige dar una cantidad extra de fe a ciertas personas — como un don — porque, de alguna manera, es necesaria en el cumplimiento de Su propósito.

Recuerde, aun el propio Espíritu de Dios es dado a nosotros (Hechos 2:38). La oportunidad de aprender a ejercitar el fruto de la fe también comienza con un don — la fe — que contiene el Espíritu Santo. Dios le dará a usted la misma fe que una vez estuvo en Jesucristo.

“¿Dónde está vuestra fe?”

Los libros de Mateo y Lucas registran un importante relato paralelo referente a la fe. Cristo y Sus discípulos estaban en una embarcación cuando una tremenda tormenta comenzó. Los discípulos se asustaron terriblemente, mientras Cristo “dormía”. Este relato refleja la dramática diferencia entre la fe que Cristo tenía y el temor que gobierna el pensamiento de la mayoría de seres humanos. Note que el relato registra que ellos “le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!” (Mat. 8:25). Los discípulos realmente pensaron que estaban a punto de morir. Ellos carecían aun de la confianza humana básica en que, con Cristo en el bote, esto no podía suceder.

La respuesta de Cristo es instructiva para todos los que vivimos hoy. Él hizo dos preguntas separadas — y una aparece en cada relato del evangelio. Conectémoslas. En Mateo, Cristo les preguntó a los discípulos: “¿Por qué teméis, hombres de poca fe?” (v. 26). Ahora revisemos el relato de Lucas. Aquí, Cristo fue un poco más directo con Sus discípulos cuando les preguntó: “¿Dónde está vuestra fe?” (8:25). Por supuesto, los discípulos no estaban convertidos en este momento. Careciendo del Espíritu Santo, ellos no podían desarrollar la fe real de Dios. Aparentemente, sin embargo, ellos ni siquiera tuvieron la fe humana temporal en ese momento. No obstante, las principales preguntas de Cristo permanecen para todas las personas — ¿por qué teméis? — y ¿dónde está vuestra fe?

Justo como estos mismos discípulos empezaron a aprender y practicar una gran fe en sus propias vidas (sus escritos registran que ellos también enseñaron su significado a muchos otros); de igual forma, los verdaderos siervos de Dios hoy deben responder estas preguntas en sus propias vidas. Este folleto ahora le pregunta a usted: ¿Por qué teme? y ¿dónde está su fe?

Comenzamos con Hebreos 11:6, que declara: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios”. Dios quiere que usted aprenda a confiar en Él — ¡a confiar en Él completamente en todo! Usted realmente no tiene elección si desea complacerle. Como cualquier padre humano, Dios no quiere que usted se agobie, se preocupe o se angustie con sus necesidades. En numerosos lugares a lo largo de Su Palabra, Él promete proveer para usted en toda circunstancia. Él siempre cuidará de usted. ¡No lo dude! ¡Créale a Dios! ¡Confíe en Él! ¡Espere en Él! ¡Espere que Él cumpla todas Sus promesas — y Él lo hará! ¡La fe es su evidencia!

La fe relajada

En su folleto ¿Qué es fe? , Herbert W. Armstrong explicó la actitud relajada, y aún serena, de confiar plenamente en Dios para que resuelva cualquier asunto, incluyendo la salvación:

“Recordemos, la fe es el don de Dios.

“Muchos piensan que todo lo demás que proviene de Dios es Su don, pero que la fe que se requiere para recibir estas cosas es algo que nosotros mismos debemos desarrollar, o por lo cual nos hemos de afanar, o por lo cual hemos de luchar. Sin embargo, nosotros solamente tenemos que relajarnos y confiar en Dios, ¡aun por la fe a través de la cual recibimos todo lo demás! (Efe. 2:8).

“En Apocalipsis 14:12 hay una descripción de la verdadera Iglesia de estos días. Aquellos en esta Iglesia tienen la fe de Jesús. Fíjese, ¡la fe de Jesús! No es solamente nuestra fe en Él, sino Su fe — la misma fe con la cual Él realizó Sus milagros — puesta en nosotros y actuando en nosotros.

“¿Cómo puede usted obtenerla? Acérquese a Dios. Llegue a conocer a Dios. Ríndase a Él, y haga Su voluntad. Y luego ore. Usted llega a conocerlo en la oración. Nosotros estamos demasiado cerca de las cosas materiales. A través de la oración, mucha más oración, usted puede acercarse a Dios y a las cosas espirituales. ¡Y qué experiencia tan feliz y gozosa es, una vez que usted realmente lo ha hecho!”.

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