JavaScript

This website requires the use of Javascript Explain This   to function correctly. Performance and usage will suffer if it remains disabled.
Guardar para leer después
Disponible en estos lenguajes:
¿Dónde está la Iglesia de Dios hoy?
Nueva York, EE.UU. Jamaica Perú Idaho, EE.UU. India Bélgica Kenia Arkansas, EE.UU. Sudáfrica Inglaterra Nigeria Ohio, EE.UU.

Jesús dijo: “Edificaré mi Iglesia”. Hay una sola organización que enseña toda la verdad de la Biblia, y es llamada a vivir por “cada palabra de Dios”. ¿Usted sabe cómo encontrarla? Cristo dijo que:

  • Enseñaría “todas las cosas” que Él ordenó
  • llamaría a los miembros a ser apartados por la verdad
  • Sería una “manada pequeña”
Acerca del Autor
David C. Pack 

Fundador y Pastor General de La Iglesia de Dios Restaurada, Editor en jefe de la revista La Plena Verdad, y voz del programa El Mundo por Venir, David C. Pack ha llegado a muchos millones de personas en todo el mundo con las verdades más poderosas de la Biblia — desconocidas por casi todos. Él es autor de 80 libros y folletos, estableció personalmente más de 50 congregaciones, y apareció como invitado en The History Channel. El Sr. Pack asistió al Colegio Ambassador en Pasadena, California, entró al ministerio de la Iglesia de Dios Universal en 1971, y fue entrenado personalmente por su fundador, Herbert W. Armstrong.

La verdad acerca de la sanación

por David C. Pack

¿Aún sana Dios hoy en día? ¿Acaso tales intervenciones milagrosas terminaron con Cristo y los apóstoles? ¿Está Dios trabajando ahora a través de la ciencia médica? ¿Deberían los cristianos procurar alguna vez a los médicos? Si es así, ¿cuándo y bajo qué circunstancias? ¿Qué acerca de los “sanadores por fe” públicos? ¡Aquí está la plena verdad acerca de la sanación!

 Idioma Afrikaans Deutsch English Español Français Italiano Kiswahili Nederlands Polski Srpski
Introducción

¿Por qué deben estar enfermas las personas? ¿Por qué tantos van de una enfermedad a otra y de un doctor a otro buscando remedios, curas y alivio de una serie de dolencias, a menudo abarcando toda la vida? ¿Por qué tantos tienen que pasar la mayor parte de sus vidas sufriendo — luchando contra cada condición imaginable desde el resfriado común hasta derrames cerebrales mortales o el cáncer?

Considere la sala de espera promedio de un doctor. Está llena de personas buscando un tratamiento. Éstas no tienen idea de por qué están enfermas — o qué deberían hacer al respecto. Tales personas han sido entrenadas — condicionadas — a creer que deben buscar “asesoría médica experta” cuando están enfermas. Como resultado, la pérdida de trabajo está aumentando, los hospitales y las clínicas están llenos, los costos médicos y de cuidado de la salud se están elevando — con un aumento correspondiente en casos de fraude médico y negligencia profesional — y hay una necesidad constante de más doctores y equipos para diagnosticar y tratar el elevado número de pacientes. ¡El sufrimiento y la confusión abundan! Y en cantidades se están muriendo mucho antes del final de una vida completa.

Los padecimientos y las dolencias han acechado a la humanidad por miles de años. Las plagas y las enfermedades han sido tan inseparables de la historia de la civilización como el clima o las personas mismas. Tristemente, hoy día, las dolencias y las condiciones que incapacitan son un hecho de la vida para grandes segmentos de la humanidad.

La ciencia médica una vez creyó que podría controlar y conquistar las enfermedades. Pero ha fracasado. La realidad es que nuevas enfermedades están emergiendo continuamente y las más antiguas están mutando de manera rápida en formas que son resistentes a los antibióticos. Por lo tanto, el mundo médico está perdiendo su arma principal en la guerra contra las enfermedades.

Los informes de los medios noticiosos ahora están llenos de estadísticas en aumento — y de cómo la batalla está siendo perdida. Las víctimas — las muertes y los padecimientos debilitantes — están aumentando alrededor del mundo. Difícilmente pasa una semana sin informes de brotes de nuevas enfermedades ocurriendo en alguna parte en la tierra. Parece que la civilización está dando dos pasos hacia atrás por cada paso hacia adelante.

¿Es esto lo que pretendía Dios?

¡No! Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Este versículo difícilmente es compatible con pasar toda una vida sufriendo de cada padecimiento y mal posibles conocidos por el hombre. Y luego está la declaración del apóstol Juan, escrita bajo la inspiración de Dios: “Yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud” (III Juan 2).

Sí, el propósito de Dios es que todos los seres humanos disfruten de una salud vigorosa. Su intención siempre ha sido que todos disfruten de una vida radiante y abundante. Sin embargo, este nunca ha sido el caso para la mayoría de los seres humanos. Esto se debe a que la humanidad es ignorante de lo que dice Dios sobre la sanación. Sin bien las personas tienen muchas opiniones acerca de la sanación, debemos recurrir a Dios y a Su Palabra — la Biblia — para ver qué dice ÉL sobre este tema.

La pregunta sobre la sanación

Los cuatro relatos del evangelio registran que Cristo realizó muchos milagros durante Su ministerio. Muchos de los más dramáticos fueron sanaciones. Él hizo andar a los cojos — les dio la vista a los ciegos — sanó a leprosos — sanó a otros con parálisis — y “sanó a todos los enfermos” (Mat. 8:16). Él también realizó muchas sanaciones de la mente al echar fuera demonios de aquellos que estaban poseídos. Incluso resucitó a algunos de entre los muertos.

Cristo no solamente sanó a grandes cantidades de personas, también comisionó a Sus discípulos a hacer lo mismo. Y aprenderemos que Sus ministros, cuando se les es pedido, todavía “ungen a los enfermos” hoy día.

A lo largo de mi ministerio he visto cada clase de enfermedad y dolencia — y he visto a miles de personas ser ungidas. Habiendo hecho esto yo mismo a una o más personas por semana, por más de treinta años, probablemente he realizado miles de unciones. Algunas veces las personas han sido sanadas — algunas veces no. En ciertas ocasiones, personalmente he sido sanado — y en otras ocasiones no lo he sido. Esto será explicado más tarde.

También he aconsejado a varios cientos de personas que se enfrentaban a enfermedades graves — algunas que ponían en riesgo sus vidas. Esto ocasionaba que las personas tuvieran una serie de preguntas. Generalmente hablando, hacían las mismas preguntas básicas.

¿Aún sigue sanando hoy en día el Dios de la Biblia? O, ¿ahora ha comisionado a la ciencia médica para que sea Su instrumento para tomar Su lugar? ¿Ha pasado el tiempo de los milagros y las sanaciones? ¿Qué son los “dones de sanidades” descritos en I Corintios 12:9 y 28? ¿Son los “sanadores por fe” de hoy día — y sus “avivamientos de sanación” — manifestaciones modernas de estos dones? ¿Es un pecado ir a un doctor o a un hospital? Si Dios todavía sana hoy día, ¿qué papel desempeña la fe — y qué es la verdadera fe?

La sanación — una doctrina artificial

Génesis contiene la descripción de Dios de la creación del hombre. La semana de la creación y el tiempo inmediatamente posterior a ésta se encuentran descritos en los tres primeros capítulos. El relato revela lo que Dios pensó de Su obra después que estuvo terminada.

El capítulo 1 y versículo 25 declara que cada animal fue hecho según “su género”. Observe: “E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno”.

Luego Dios dijo: “Hagamos [más de uno] al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza” (vs.26). El versículo 27 continúa: “Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Luego, el versículo 28 comienza con una declaración importante: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra”. Este versículo aborda — aunque indirectamente — el tema de la sanación por primera vez. Permítame explicar.

Si al momento de la creación de Adán y Eva Dios hubiera establecido los virus, las bacterias, los parásitos, los rasgos hereditarios que conducen a ciertas enfermedades y las afecciones degenerativas que habrían llevado a otras, difícilmente podría ser descrito como habiéndolos bendecido. ¡Más bien sería descrito como habiéndolos maldecido!

Considere ahora otro punto clave sobre la condición original de los primeros seres humanos. Este relato concluye con: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (vs. 31). Piense acerca de lo que esta escritura está diciendo. ¿Acaso deja espacio para la presencia oculta, dentro de Adán y Eva, de toda dolencia, malestar, enfermedad y padecimiento conocidos por el hombre? ¡Por supuesto que no! La enfermedad no es “buena en gran manera” — ¡es muy mala!

Ya que Dios “bendijo” a esta pareja y dijo que Su creación era “buena en gran manera”, las enfermedades no podrían haber estado presentes todavía. Así que entonces, las enfermedades deben haber entrado en escena más tarde.

Nunca fue el propósito original de Dios que tuviera que sanar a los seres humanos de enfermedades y dolencias. Más tarde aprenderemos que Su Plan para todas las personas es que toda forma de enfermedad desaparezca para siempre. Pero ya que el hombre ha traído esta condición sobre sí mismo, ¡Dios ha tenido que abordar esto y explicar Su función como Sanador!

En el primer capítulo, examinaremos lo que la Biblia — el Antiguo y el Nuevo Testamento — enseña acerca de la sanación.

Capítulo Uno — Examinando la enseñanza bíblica

Si yo quisiera aprender a volar un aeroplano, le preguntaría a un piloto. Si quisiera construir una casa, hablaría con un contratista. Si quisiera entender de plomería, le consultaría a un plomero.

Lo mismo es cierto de la sanación. Si alguien quiere aprender acerca de la sanación, no debería preguntarle a un doctor, a una enfermera, a un paramédico o a cualquier otro “experto en medicina”. Ellos no pueden sanar a nadie — ¡y la mayoría lo admitirá sin reparos! Ellos también admitirán que no saben lo que dice la Biblia sobre esto.

Dios es Aquel que sana. Si usted quiere aprender sobre la sanación, debe preguntarle a Aquel que sabe sobre ello.

Dios dice en Oseas: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, Yo te echaré” (4:6). Todo el conocimiento esencial de Dios está disponible para cualquiera que lo busque. Pero para tener la imagen completa, las escrituras deben ser ensambladas de forma cuidadosa y completa. Dios declara que Él les revela Su propósito y enseñanza a aquellos lo suficientemente maduros como para ser instruidos: “¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿A los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá” (Isa. 28:9-10). Por lo tanto, todos los versículos sobre la sanación no están en un sólo lugar.

La Biblia revela la voluntad de Dios — Su entendimiento y enseñanza — en cada asunto espiritual. Ésta tiene mucho que decir sobre la sanación. Debemos examinar muchos versículos con el fin de remover el misterio detrás de este tema. Usted puede entender la sanación. La disposición de Dios para sanarle puede ser conocida. Las respuestas a las preguntas hechas más comúnmente sobre la sanación son abordadas en la Biblia — ¡y este folleto revelará sus claras respuestas!

Dos sanaciones del Nuevo Testamento

Dos escrituras vitales del Nuevo Testamento proveen el contexto ideal para todo lo que estudiaremos.

Marcos 5 registra el caso de una mujer que tenía un “flujo de sangre” crónico. Después de que muchos médicos habían empeorado su condición, ella buscó a Cristo para su sanación. Observe: “Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor” (vs. 25-26). Cristo la sanó y concluyó con está importantísima declaración: “Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz…” (vs. 34).

Los doctores no pudieron, y no podían, sanarla. Pero Cristo podía, y lo hizo — y la fe fue la clave.

Luego, Mateo 9 muestra cómo la sanación siempre está directamente atada a la fe: “Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y… vinieron a Él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho” (vs. 27-29). Estos hombres creyeron que Cristo les podía dar la vista. ¿Su respuesta? “Conforme a vuestra fe os sea hecho”.

Cristo preguntó: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? (Lucas 18:8). Este versículo habla de las condiciones justo antes del tiempo de Su Regreso. Cristo deja esto como una pregunta abierta. Él supo que casi todas las personas no tendrían fe al final de la era — justo antes del establecimiento del reino de Dios. Él sabía que la mayoría de las personas no estarían dispuestas a creer declaraciones directas de la Biblia. Él reconoció que las condiciones en la tierra crearían una atmosfera en contra de la fe, haciendo muy difícil para las personas creer incluso escrituras claras. ¡Él sabía que muy pocos estarían dispuestos a tomar en serio las promesas de Dios!

Pero Cristo prometió hace 2.000 años que edificaría Su Iglesia (Mat. 16:18). Que estaría compuesta de los pocos (Lucas 12:32) — no de los muchos — que estarían dispuestos a creerle a Dios y “vivir por fe” (Hab. 2:4; Rom. 1:17) y de “toda palabra de Dios” (Mat. 4:4; Lucas 4:4; Deut. 8:3).

La fe y la sanación son inseparables. Usted no puede ser sanado sin fe verdadera. Este folleto hará este punto absolutamente claro.

Sin embargo, ¿qué es la fe? Sin entender qué es, uno no puede tenerla. En el segundo capítulo discutiremos a fondo qué enseña la Biblia acerca de la verdadera fe — ¡la suficiente para sanarse, o para recibir cualquier promesa de Dios!

Primero, examinaremos muchas escrituras del Antiguo Testamento acerca de la sanación. Mientras lo hacemos, usted debe estar dispuesto a creer lo que dice la Biblia.

La enseñanza del Antiguo Testamento

¿Acaso la sanación aparece primero en el Nuevo Testamento? Sin duda Cristo y los apóstoles sí realizaron milagros y sanaron a muchos quienes estaban enfermos. Comúnmente se supone que estas cosas sucedieron por primera vez en el Nuevo Testamento, con el único propósito de probar que Cristo era el Mesías.

Esto simplemente no es cierto. Las sanaciones no aparecieron por primera vez en el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento registra numerosas sanaciones milagrosas. Es aquí donde Dios por primera vez se revela a Sí mismo como Aquél que sana. ¡Prepárese para ser sorprendido!

Casi inmediatamente después que Dios liberó a Israel de la esclavitud en Egipto, Él tuvo que realizar un milagro sólo para que ellos tuvieran agua para beber. Fue en este momento que se reveló como el Dios que sana. Observe: “Si oyeres atentamente la voz del Eterno tu Dios, e hicieres lo recto delante de Sus ojos, y dieres oído a Sus mandamientos, y guardares todos Sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque Yo soy el Eterno tu sanador” (Éxo. 15:26).

En el Antiguo Testamento, Dios usa varios nombres para designar quién y qué es Él. En este versículo, se introduce como Yahvé-Rafá, lo que significa “el Dios que sana” — o el “Dios sanador”.

Poco después de esto, Dios le dijo a Israel que no debían servir a otros dioses. He aquí Su instrucción y la promesa para ellos si obedecían: “No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y quebrarás totalmente sus estatuas. Mas al Eterno vuestro Dios serviréis, y Él bendecirá tu pan y tus aguas; y Yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti” (Éxo. 23: 24-25).

En Deuteronomio Dios añadió: “Y quitará el Eterno de ti” — sanará — “toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti” (7:15). Y luego, “Ved ahora que Yo, Yo soy, Y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y Yo hago vivir; Yo hiero, y Yo sano; Y no hay quien pueda librar de Mi mano” (32:39).

Dios se establece a Sí mismo como nuestro Sanador en estos claros versículos.

El Rey David entendió esto. En el Salmo 6:2, él oró, “Ten misericordia de mí, oh Eterno, porque estoy enfermo; Sáname, oh Eterno, porque mis huesos se estremecen”. El Salmo 41:4 es similar: “Yo dije: Eterno, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra Ti he pecado”. Después de este tipo de oraciones, David fue capaz de decir, “Eterno Dios mío, A Ti clamé, y me sanaste” (30:2).

David también oró, “Bendice, alma mía, al Eterno, Y no olvides ninguno de Sus beneficios” (Sal. 103:2). La mayoría de las personas hoy día no entienden que hay muchos beneficios maravillosos por servirle a Dios. A menudo Él es representado como un Dios de “No harás…” en vez del Dios que desea bendecir a Su Pueblo. David sabía que Dios está siempre dispuesto a perdonar y a sanar toda clase de enfermedad y dolencia. Note el siguiente versículo: “Él es quien perdona todas tus iniquidades [pecados], El que sana todas tus dolencias” (vs. 3).

A veces las personas se enferman por descuido — mala alimentación, falta de descanso o una forma incorrecta de vivir y pensar. Otros resultan heridos en accidentes innecesarios debido al descuido. Dios está dispuesto a perdonar aún a tales personas — y sanarlas. Considere este pasaje: “Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su rebelión y a causa de sus maldades; Su alma abominó todo alimento, y llegaron hasta las puertas de la muerte. Pero clamaron al Eterno en su angustia, y los libró de sus aflicciones. Envió Su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina” (Sal. 107:17-20).

Tome en cuenta que el Salmo 103:3 dice en el mismo versículo que Dios perdona toda iniquidad (falta) y sana todas las dolencias. David le había pedido misericordia a Dios en el Salmo 41. Se requiere la misericordia cuando el perdón es necesario. Sanar implica el perdón de pecados físicos.

Ningún doctor, fármaco o medicamento pueden perdonar el pecado — ¡sólo Dios puede hacerlo! Por lo tanto, ningún doctor, fármaco o medicamento pueden sanar. ¡Pero Dios puede! Es vital que entendamos por qué la sanación y el perdón de los pecados a menudo son mencionados en el mismo contexto. ¡Dios es el Único que puede hacer ambas cosas!

Tres ejemplos

Ahora debemos examinar tres historias de casos separados del Antiguo Testamento donde cada una involucra a un rey. De estos relatos surgen lecciones sumamente importantes.

David no fue el único a quien Dios sanó. Al rey Ezequías de Judá se le había sido dicho personalmente por el profeta Isaías que iba a morir. Pregúntese: ¿Qué haría yo en tales circunstancias? II Reyes 18:5 registra que Ezequías “En el Eterno Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá”.

He aquí el relato: “En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amós, y le dijo: el Eterno dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. Entonces él volvió su rostro a la pared, y oró al Eterno y dijo: Te ruego, oh Eterno, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro. Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino palabra del Eterno a Isaías, diciendo: Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de Mi pueblo: Así dice el Eterno, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que Yo te sano; al tercer día subirás a la casa del Eterno. Y añadiré a tus días quince años… y sanó” (II Reyes 20:1-7).

En fe, Ezequías buscó con lágrimas a Dios. Él no salió apresurado hacia un hospital ni buscó médicos. Él buscó revertir la voluntad de Dios a través de la oración y de la fe.

El próximo relato involucra al rey Ocozías de Israel, hijo del malvado rey Acab. Su ejemplo es muy diferente al de Ezequías. Observe: “Y Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta mi enfermedad. Entonces el ángel del Eterno habló a Elías tisbita, diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, así ha dicho el Eterno: Del lecho en que estás no te levantarás, sino que ciertamente morirás. Y Elías se fue. Cuando los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo: ¿Por qué os habéis vuelto?” (II Reyes 1:2-5).

Baal-zebub era el dios-deidad patrón de la medicina, que estaba ubicado en la ciudad de Ecrón. Su nombre literalmente significa “el señor de los estercoleros” o el “señor de las moscas”. En la antigüedad, las personas entendían que las moscas eran sucias y transportaban muchas enfermedades. Por supuesto, comúnmente son vistas en todo tipo de estiércol. La intervención de Baal-zebub era buscada al inquirir a través de sus sacerdotes representantes. Sin embargo, Dios dice que Él es el que sana.

A Dios no le agradó que Ocozías buscara un dios diferente — uno que no podía sanar. ¿El resultado? Ocozías murió. El relato de Ezequías indica que pudo haber sido innecesariamente. Si Ocozías hubiese buscado al verdadero Dios que sana, podría habérsele concedido muchos años más de vida

El relato final implica la fascinante historia del rey Asa de Judá. Asa fue un rey justo que al inicio confió en Dios. Como resultado, Dios bendijo y protegió a Judá por más de treinta y cinco años. II Crónicas 15:17 registra que “el corazón de Asa fue perfecto en todos sus días”. Su obediencia a Dios era perfecta, pero su fe no. Esta es aquí la lección crítica.

Si bien Dios había prometido que Él siempre pelearía las batallas de Judá, Asa perdió la fe y pagó tributo en dinero al rey de Asiria a cambio de su asistencia como un aliado. Dios condenaba a Su pueblo al cautiverio de forma consistente por buscar alianzas físicas con las naciones circundantes, cuando Él estaba perfectamente dispuesto y era capaz de defenderlos — luchar por y en lugar de ellos. Casi de forma tan consistente, Israel se rebelaba y no buscaba primero al verdadero Dios.

He aquí el relato de Asa: “En el año treinta y nueve de su reinado, Asa enfermó gravemente de los pies, y en su enfermedad no buscó al Eterno, sino a los médicos”. Debido a que Asa ignoró la función de Dios como Sanador, él “durmió… con sus padres, y murió en el año cuarenta y uno de su reinado” (II Crón. 16:12-13).

El resto del relato muestra que el profeta Hanani había visitado a Asa para hacerle reconocer que él se había alejado de Dios. Pero Asa se enojó y lo arrojó en la prisión. Fue sólo poco tiempo después que Asa se enfermó.

Dos evangelios

Muchos versículos del Nuevo Testamento abordan la sanación, pero todavía no estamos listos para examinarlos y entenderlos. Es importante que primero sea considerado un poco de material con antecedentes adicionales.

Durante su ministerio de tres años y medio Cristo predicó — como un anuncio anticipado — el evangelio del venidero reino de Dios. Marcos 1:14-15 registra la primera declaración del propósito y la comisión Cristo — Su mensaje: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”.

Cuando Cristo le hablaba a un grupo de oyentes en el desierto explicó Su propósito — Su responsabilidad: “Pero Él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado” (Lucas 4:43).

En el Antiguo Testamento fue profetizado que Jesús iba a venir como un mensajero — Él fue enviado con un mensaje — del evangelio. Note Malaquías 3:1: “He aquí, Yo envío Mi mensajero [Juan el Bautista, previo a la primera venida de Cristo], el cual preparará el camino delante de Mí; y vendrá súbitamente a Su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el Ángel [Jesucristo] del pacto, a quien deseáis vosotros”.

Cristo fue el Mensajero, no el mensaje. Su mensaje — el evangelio del reino de Dios — es el centro mismo de toda la Biblia.

Compare ahora este versículo con otro: “La ley y los profetas [sólo las escrituras del Antiguo Testamento habían sido predicadas previamente] eran hasta Juan [el Bautista]; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él” (Lucas 16:16).

La predica del mensaje de Cristo estuvo acompañada de milagros y sanaciones. Estos siempre iban de la mano. Observe: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mat. 4:23).

El mundo es ignorante del verdadero evangelio. Los líderes del cristianismo de este mundo lo han suprimido y han sustituido en su lugar una variedad de evangelios falsos. El apóstol Pablo advirtió poderosamente a aquellos quienes torcerían o pervertirían el evangelio, o lo reemplazarían con una falsificación. He aquí lo que les dijo a los cristianos gálatas: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo” (1:6-7). Esto dice el evangelio “de” Cristo, no “sobre” Cristo. Recuerde, el evangelio de Cristo era sobre el reino de Dios.

Pablo prosiguió a advertir: “Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (1:8-9).

¡Palabras fuertes! ¡Ay de cualquiera que predique un evangelio falso! Sin embargo, por casi 1.900 años, el verdadero evangelio no fue predicado. No fue sino hasta el siglo veinte que Dios restauró para el mundo en general el conocimiento de qué es el verdadero evangelio.

Satanás es el dios de este mundo. Por miles de años él ha sido capaz de cegar a la humanidad a la verdad del venidero reino de Dios. Pablo también les advirtió a los hermanos corintios para que no fueran engañados. Hablando de Satanás, el escribió, “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (II Cor. 4:4). Apocalipsis 12:9 declara que Satanás “engaña al mundo entero”.

¿Cómo lo ha hecho? Más específicamente, ¿cómo ha engañado a las masas del cristianismo tradicional?

A la Iglesia del Nuevo Testamento se le advirtió que rechazara a quienes trajeran “otro evangelio” u “otro Jesús”, o que derivaran su autoridad de “otro espíritu”. Siete capítulos después en II Corintios, Pablo explicó como Satanás (11:3) engaña a tantos: “Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” (11:4). En términos generales, este “otro Jesús” que sigue el cristianismo profeso es uno que no sana y no sufrió horriblemente por nuestros pecados (como entenderemos más adelante), antes de la crucifixión.

Muchos serán engañados

¡Entienda ahora! El diablo personalmente no anda por las calles de un lado a otro ni entra a las iglesias a enseñar un falso evangelio o falsas doctrinas. Él usa a sus ministros. Note la advertencia adicional de Pablo a los Corintios: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (11:13-15).

Sí, Satanás tiene ministros — y se presentan como ministros de luz y justicia. Ellos parecen ser los ministros de Dios. No es de extrañar que aquellos que traen un evangelio falso no entiendan los milagros y sanaciones que siempre acompañan la predica del verdadero evangelio.

En Mateo 24, Cristo habla de las tendencias, las condiciones y los eventos más importantes que aparecerán justo antes de Su Regreso. Sus discípulos querían que Él explicara qué ocurriría: “Y estando Él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de Tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en Mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (vs. 3-5).

Muchos han venido alegando la autoridad de Cristo — ¡y muchos han sido engañados! Los ministros de Satanás han fallado en anunciar el venidero reino o gobierno de dominio mundial de Dios. Ellos con mayor frecuencia han reemplazado el mensaje de Cristo acerca del reino con un mensaje acerca del Mensajero. El Mensajero no es el mensaje. Su anuncio fue el mensaje — y aún lo es.

Pero Cristo anticipó que, justo antes del fin, Su Iglesia predicaría el verdadero evangelio en todo el mundo. Note: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (vs.14).

El relato de Marcos de esta misma profecía añade: “Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones” (13:10). Tres capítulos después, Cristo comisionó a Sus seguidores — los apóstoles, y aquellos verdaderos ministros que de forma fiel enseñarían Su mensaje — a llevar fielmente el verdadero evangelio al mundo: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (16:15).

Mateo 24:14 claramente declara que la predicación del reino de Dios ocurriría previo al “fin”. Si esto hubiera estado ocurriendo por los casi 1.900 años anteriores, esta declaración no tendría sentido. (Sólo un número relativamente reducido de personas escucharon en secreto el verdadero evangelio durante este tiempo). ¿Cómo podría haber sido profetizado que ocurriría al final si había estado sucediendo a lo largo de la historia? Pero Cristo anticipó que un periodo final de testimonio y advertencia ocurriría antes de Su Regreso. ¡Y, comenzando en 1934, esto ocurrió!

¡La Iglesia de Dios Restaurada continúa predicando este evangelio hoy en día! (Para aprender más acerca de este tema, lea nuestro folleto ¿Cuál es el verdadero evangelio?).

Dos Iglesias

No obstante, ni Mateo ni Lucas registraron que las sanaciones públicas acompañarían la predicación del evangelio al final de la era. Esto se debe a que la sanación es ahora para la Iglesia (Stgo. 5:14-14), la cual Cristo prometió edificar (Mat. 16:18). Debía ser una Iglesia que guarde los mandamientos, compuesta de aquellos que buscan agradar a Dios en todo lo que hacen (I Juan 3:22).

Apocalipsis 12 describe en resumen la historia de 2.000 años de la verdadera Iglesia de Cristo. Los escasos y pocos fieles del rebaño de Dios (Lucas 12:32) han sido perseguidos, sufriendo dificultades extremas y el martirio en las manos de otra iglesia, descrita en Apocalipsis 17. Esta gran iglesia es descrita como políticamente poderosa y que controla a los gobernantes, naciones y reinos de este mundo. También es descrita como “ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires”. Ésta ha suprimido el verdadero evangelio del gobierno de Dios que viene a la tierra, y se ha descrito a sí misma como “el reino de Dios en la tierra”, presente en “los corazones de los hombres”.

Esta falsa iglesia, descrita como una “gran ramera”, comenzó en el año 33 D.C., bajo el liderazgo de Simón el mago (Hechos 8) — y para el segundo siglo estaba haciéndose pasar por la verdadera Iglesia de Dios. Judas 4 describe aquellos quienes “han entrado encubiertamente… que convierten en libertinaje [desenfreno] la gracia de nuestro Dios”. II Reyes 17:18-24 describe cómo, en el año 718 A.C., Samaria, en el norte de Israel, se volvió la sede de la religión babilónica de los misterios — desde la cual la falsa iglesia recibió sus doctrinas (Apoc. 17:5).

Pero el reino de Dios aún está siendo proclamado — y hoy día está siendo publicado con poder alrededor del mundo. Cuando ese evangelio esté siendo predicado, ocurrirán sanaciones y otros milagros. Los milagros sí acontecen todavía en la Iglesia de Dios. La verdadera Iglesia de Dios enseña y practica la verdad acerca de la sanación. ¿El resultado? Ocurren milagros y sanaciones — ¡y están incrementando!

Las sanaciones en el Nuevo Testamento

Algunos admitirán que el Antiguo Testamento muestra que Dios sana. Pero al mismo tiempo, parecen indispuestos a entender muchas escrituras básicas del Nuevo Testamento que son igual de claras. En cambio, la confusión reina debido a la falta de fe en las claras promesas de Dios.

Algunos piensan que Dios todavía sana, pero que Él sólo lo hace a través de la ciencia médica — que Dios estableció esto para nosotros hoy día. Otros creen que Dios sanaba en el pasado, pero solamente en el primer siglo a través de Cristo y los apóstoles. Otros aún van más lejos, creyendo que Dios puede sanar, pero no están seguros de que lo hará — o que Él los sanará a ellos.

Por supuesto, vimos en Mateo 4:23 que Cristo sanó “toda enfermedad y toda dolencia”. Después del Sermón del Monte de Cristo en los capítulos 5-7, el capítulo 8 registra: “Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante Él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció” (vs. 1-3).

Notó que cuando el leproso le preguntó si Él lo sanaría Cristo dijo: “Quiero”. Fue la voluntad de Cristo sanarlo. Aún es Su voluntad sanar.

Dos versículos después, Cristo se encontró con un centurión romano, demostrando que Dios también sana a los gentiles: “Entrando Jesús en Capernaum, vino a Él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; más los hijos del reino [los judíos de ese tiempo] serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora” (Mateo 8:5-13).

¿Qué es la sanación?

Recuerde que David pidió misericordia — perdón — cuando buscó a Dios para que lo sanara. Recuerde también que esto se debe a que la sanación implica el perdón de pecados.

Debemos entender. Pablo escribió que “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23). Pero, ¿qué es el pecado? Muchos se declaran a sí mismos “pecadores”, si bien no tienen ninguna idea de lo que esto significa, ¿Cómo pecaron ellos?

I Juan 3:4 declara: “el pecado es infracción de la ley”. Esto es conocimiento crítico que directamente relaciona la sanación al reino de Dios. ¿Cómo? La ley espiritual de amor de Dios (Rom. 7:14, 13:10; I Juan 5:3) será impuesta en Su reino. Ésta es mejor descrita como el camino de vida de “dar” y está resumida en los Diez Mandamientos.

El pecado acarrea un terrible castigo. Romanos 6:23 declara que: “la paga del pecado es muerte” — la muerte eterna. Podría decirse que la paga del pecado físico es enfermedad y dolencia. La violación a la ley espiritual resultará en la muerte eterna. Las violaciones a las leyes físicas pueden resultar en enfermedad o incluso la muerte física.

Pero el pecado tiene otras consecuencias. Separa de Dios a las personas (Isa. 59:1-2), y esto incluye Sus bendiciones (Jer. 5:25). Cuando Dios puso en marcha Su gran ley espiritual, castigos automáticos por la desobediencia fueron puestos en marcha con ésta.

Pero, ¿cómo es liberado alguien de la pena del pecado — físico o espiritual?

Si bien la mayoría en el cristianismo tradicional nunca entienden por completo el sacrificio de Cristo por nuestros pecados espirituales — y lo que significa — ellos generalmente sí saben que “Cristo murió por nosotros”. Tome tiempo para leer Colosenses 1:13-16 y Efesios 3:9. Su sangre derramada pagó el castigo por las leyes espirituales quebrantadas. Pero, ¿qué acerca del perdón del pecado físico? ¿Cómo funciona esto? Muchos ni siquiera saben que hay tal cosa como el perdón del pecado físico — en parte porque casi nadie entiende y usa el término.

Entendamos. Los seres humanos están hechos del polvo de la tierra (Gen. 2:7). No importa cuánto tiempo pueda vivir una persona, eventualmente, morirá. No hay excepciones (Heb. 9:27).

Pero su cuerpo fue hecho con numerosos sistemas interconectados que, cuando funcionan juntos apropiadamente, resultan en buena salud. Cuando las leyes físicas son quebrantadas, los sistemas se estropean y ya no funcionan en armonía. Las cosas salen mal — y la enfermedad y la dolencia son el resultado. Este es el castigo por desobedecer una o más de estas leyes.

Regresemos a Mateo 8. Después de la sanación de la suegra de Pedro, el relato continúa en el versículo 16 con un entendimiento crítico de la función profetizada de Cristo en nuestra sanación. Primero leamos: “Y cuando llegó la noche, trajeron a Él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos: para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (vs. 16-17).

Este es un claro versículo del Nuevo Testamento acerca del cumplimiento de una profecía por parte de Cristo de llevar “nuestras” — incluyendo las nuestras hoy en día — enfermedades y dolencias. Esto es lo que dice. Esta es la promesa de Dios — y fue siempre parte de Su Plan que Cristo sufriera físicamente para que así Él pudiera remover el castigo que se cierne sobre nosotros por las leyes físicas quebrantadas.

Jesucristo voluntariamente pagó la pena por cada error físico que los seres humanos comenten y que resulta en mala salud. Cada afección, dolor, sufrimiento, enfermedad, padecimiento, herida, discapacidad física — e incluso la misma muerte — están cubiertos dentro de la promesa de Cristo.

Jesús literalmente toma sus pecados físicos y los lleva en lugar de usted. Éstos no están colocados en algún tipo de condición suspendida. Son removidos por Cristo. A través del milagro de Dios, ¡han desaparecido!

La detallada profecía de Isaías

Mateo hizo referencia a Isaías. Este profeta registró dos pasajes asombrosos que describen el terrible sufrimiento de Cristo antes de Su crucifixión en el madero. Examinar y considerar su significado revela cómo Cristo fue capaz de llevar nuestras enfermedades y dolencias. Esta vez, leamos en la Versión Estándar Revisada: “Como muchos estuvieron sorprendidos de Él — Su apariencia estaba tan desfigurada, lejos del semblante humano, y Su figura lejos de la de los hijos de los hombres — así hará Él sobresaltar [conmocionar, asombrar] a muchas naciones; los reyes cerrarán sus bocas debido a Él; porque verán lo que no se les ha sido dicho, y entenderán lo que no han oído” (52:14-15).

Sí, el verdadero sufrimiento y condición de Cristo algún día serán algo impactante — ¡impresionante! — para muchos. Observe que son mencionados dos grupos cuando se hace referencia a lo que Cristo soportó. Aquellos que “estuvieron” sorprendidos con lo que sufrió — y aquellos que se “sobresaltarán” por este conocimiento, y por el poder y la gloria supremos que Cristo tendrá cuando regrese como Rey de reyes y Señor de señores. ¡En ese momento, el mundo entero reconocerá a Cristo como Rey y Sanador de toda enfermedad conocida por el hombre!

Este extenso pasaje en realidad continúa más allá de la división artificial del capítulo. Estos versículos completan la imagen del cumplimiento del papel Cristo — y de cómo la vasta mayoría de la humanidad malentendería y “rechazaría” al verdadero Cristo. Ahora continuando: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por Su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas el Eterno cargó en Él, el pecado de todos nosotros” (53:3-6).

Estas son palabras gráficas. Lo que sufrió Cristo no fue una cosa ligera. La imagen típica de Él colgando en el madero sólo muestra una pequeña cantidad de sangre por donde entró la lanza (Juan 19:34) y un poco más saliendo de Su corona de espinas (Mateo 27:29) ¡Esta imagen dista mucho de cómo Él se veía realmente!

Un pasaje adicional del Nuevo Testamento resume la imagen de lo que acabamos de ver. I Pedro 2:22, 24 habla sobre Cristo, “el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en Su boca… quien llevó Él mismo nuestros pecados… y por cuya herida fuisteis sanados”.

Los azotes de Cristo

El apóstol Pedro habló de la “herida” de Cristo. ¿Registra el Nuevo Testamento cuándo y cómo fue hecho esto? Note: “Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado” (Mat. 27:24-26).

Otros dos relatos del evangelio confirman lo que sucedió: “Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado” (Marcos 15:15). También: “Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó… Así que entonces [después] lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron” (Juan 19:1, 16).

Estos pasajes claramente revelan que los “azotes” de Cristo ocurrieron antes que fuese llevado para ser crucificado. Ese fue un evento separado. Esto conlleva un significado distinto e importante. Ahora usted entiende por qué sucedió.

Pause por un momento y reflexione en lo que Cristo estaba dispuesto a soportar en nombre de aquellos que necesitan el maravilloso poder de sanación de Dios. Pregúntese a sí mismo cuándo, si alguna vez, usted siquiera ha oído a uno de los predicadores de este mundo explicar, o estar dispuesto a describir, la terrible golpiza que Cristo estuvo dispuesto a soportar para que así los seres humanos pudieran ser reestablecidos de cada padecimiento físico concebible que uno pueda imaginarse a una salud perfecta.

Dios se describe como un Padre “quien se compadece de Sus hijos” (Sal. 103:8-13). Todos los padres saben cuan doloroso es ver a sus hijos enfermos o sufriendo. Y somos solamente seres humanos físicos. ¿Cuanta más compasión sentiría Dios, como nuestro Padre espiritual, hacia Sus hijos enfermos, de la que sentiría cualquier padre humano?

Dios está dispuesto aplicar el sacrificio físico del sufrimiento de Cristo a favor de usted. Él no está renuente ni es poco entusiasta en Su deseo de verlo “prosperar en todas las cosas, y que tenga salud” (III Juan 2) — y disfrutando la vida “abundante” (Juan 10:10). Aunque debemos estar dispuestos a reconocer que hemos quebrantado ciertas leyes — y estar dispuestos a cambiar — ¡Dios está ansioso por sanar!

Satanás odia las leyes de Dios. Efesios 2:2 establece que su espíritu “opera en los hijos de desobediencia”. Él quiere que la humanidad crea que puede desobedecer las leyes de Dios — físicas y espirituales — y que no sufrirá sanciones. Entonces, cuando ocurren ciertas sanciones naturales, las personas recurren a la ciencia médica para remover los efectos — enfermedades y dolencias.

Cristo nuestra Pascua

I Corintios 5:7 declara que “nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”. Cada año, en la noche de Pascua, a los cristianos se les ordena congregarse para un servicio conmemorativo muy solemne, que recuerda el sufrimiento y la crucifixión de Cristo. Es diferente a cualquier otra ocasión del año.

Pablo explicó: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es Mi cuerpo que por vosotros es partido ; haced esto en memoria de Mí. Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de Mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y [dos símbolos distintos] bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa [ambas cosas] del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre [ambas cosas] del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen [han muerto]” (I Cor. 11:23-30).

A los cristianos se les instruye pausar — dejar las actividades — y reflexionar sobriamente en lo que Cristo soportó. En Corinto algunos fueron negligentes en hacerlo. Ellos no apreciaron cómo Cristo los habría sanado. ¿El resultado? “Muchos [estaban] enfermos y debilitados…y muchos [murieron]” — innecesariamente.

Dios quiere que entendamos el perdón de los pecados. Es por esto que Pablo escribió sobre el “cuerpo de Cristo que por vosotros es partido”.

Mateo 9, Marcos 2 y Lucas 5 todos contienen un relato paralelo de Cristo sanando a “un paralítico, tendido sobre una cama” (Mat. 9:2). Lucas lo explica en más detalle, y deja absolutamente claro cómo la sanación está conectada de forma directa al perdón de los pecados. Lea con cuidado este largo pasaje:

“Aconteció…, que Él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con Él para sanar. Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de Él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver Él, la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.

“Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: ¿Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.

“Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas” (5:17-26).

Considere lo que este relato está diciendo en realidad. Cristo dice que decirle a alguien que está sanado (“Levántate y anda”) y perdonarlo (“Tus pecados te son perdonados”) son uno y lo mismo. Por supuesto, los escribas y fariseos no entendían esto, y lo consideraron una blasfemia. (Por supuesto, como Dios, Cristo tenía el poder — la autoridad — para perdonar pecados). Los hombres de hoy día no entienden que los doctores no pueden sanar porque los doctores no pueden perdonar pecados.

¡Pero ahora usted entiende!

La “oración de fe”

Mencioné previamente que ahora la sanación es para aquellos que están en la Iglesia. ¿Dónde dice esto? El apóstol Santiago describe a aquellos en la Iglesia que están enfermos siendo “ungidos” por el ministerio. (Hechos 19:12 declara que esto a veces es hecho a través del uso de un paño ungido enviado por correo).

Leámoslo: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (San. 5:14-15).

Regresaremos después a este versículo, pero aquí deberíamos reconocer que éste introduce el elemento crucial de la fe a la ecuación de Dios para la sanación. El versículo habla de la “oración de fe” trayendo el “perdón de los pecados” y alivio salvador al “enfermo”.

¿Cuál es entonces la definición bíblica de la fe? Es muy importante establecer este entendimiento. Todos los que desean ser sanados deben aprender a entender y demostrar la verdadera fe bíblica.

¡En el próximo capítulo usted aprenderá lo que es la verdadera fe!

Capítulo Dos — Desarrollando verdadera fe

La Biblia declara que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6). Esta es una declaración increíble — sin embargo, ¡está en la Biblia! Tómela exactamente por lo que dice. ¡Sólo piense! Cualquier cosa que una persona hace, al intentar ser cristiano, no significa absolutamente nada, si carece de fe. Porque sin fe, no tiene ninguna esperanza — ninguna posibilidad de agradar a Dios. Cualquiera que no esté agradando a Dios es un cristiano en vano. ¡Eso es serio! Considérese a sí mismo. ¿Tiene usted verdadera fe? ¿Es suficiente para sanarse? ¿Puede saberlo? ¡Si puede! Este capítulo le explicará cómo.

Una carencia de verdadera fe

A través de los años, las personas a menudo han preguntado, “Sr. Pack, carezco de fe. No siento la presencia de Dios o Su poder en mi vida. ¿Cómo puedo tener más fe?”.

¿Qué acerca de usted? ¿Le falta fe para saber que Dios está con usted? ¿Para vencer el pecado y la culpa? ¿Para creer todas las cosas de Su Palabra? ¿Le falta fe de que “todas las cosas les [ayudarán] a bien” si ama a Dios (Rom. 8:28)? ¿Para creer que Dios resolverá las injusticias que ha recibido? ¿Para creer que Dios le proveerá? ¿Para creer que puede soportar pruebas y persecuciones severas? ¿O que Dios le librará de éstas? ¿Le falta fe para ver más claramente el pronto venidero reino de Dios y que usted puede estar en éste?

¿Le falta fe para ser sanado de enfermedades?

¡La Biblia dice que a usted no tiene que faltarle fe en ninguna de estas áreas! Usted puede desarrollar verdadera fe. No obstante, la Biblia dice que la mayoría de las personas, en la era que precede al Regreso de Cristo, ¡no tendrán suficiente fe para reclamar confiadamente cualquiera de estas u otras promesas de parte de la Palabra de Dios!

¿Habrá fe cuando venga Cristo?

Este mundo está en problemas. Los problemas están aumentando en todas partes en un planeta apartado de Dios. El Regreso de Cristo es inminente. Este evento solamente ocurrirá después de que ciertos eventos catastróficos hayan ocurrido. Las guerras, hambrunas, enfermedades epidémicas, confusión religiosa, inestabilidad económica y un clima catastrófico primero habrán estremecido a la civilización hasta sus fundamentos.

De nuevo, cuando habla de nuestro tiempo — la última generación antes de Su Regreso — Cristo preguntó: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? (Lucas 18:8). ¡Piense en las increíbles implicaciones de esta pregunta! ¿Es posible que la verdadera fe pudiera desaparecer completamente de la tierra a la Segunda Venida de Cristo? Cristo fue capaz de ver hacia el futuro, a nuestro tiempo, y saber que existirían las condiciones que permitirían que esto fuera cierto — ¡casi!

Un artículo titulado “Una hambruna de la Palabra de Dios” [“A Famine of the Word of God”], por la reportera Wendy Griffith, habla del tema de la ignorancia de las personas acerca de la Biblia:

“Es claro que muchos estadounidenses no conocen su Biblia, y un estudio reciente de George Barna respalda esa noción.

“La investigación de Barna mostró que el 60 por ciento de los estadounidenses no puede nombrar la mitad de los Diez Mandamientos y el 63 por ciento no puede nombrar los cuatro evangelios del Nuevo Testamento. Ochenta y un por ciento cree que ‘Dios ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos’ es una cita directa de la Biblia…”.

¡Qué vergüenza! Que terrible acusación para la nación más bendecida de la tierra. Y esa es la mayor razón en particular del porqué se encontrará tan poca fe genuina.

Pero recuerde que Cristo dijo que edificaría Su Iglesia y prometió que nunca sería destruida (Mat. 16:18). Su Iglesia — la verdadera Iglesia de Dios — es dónde las personas sí tienen verdadera fe de acuerdo a la definición de la Biblia. Por lo tanto, la presencia del verdadero pueblo de Dios en la tierra garantizará que al menos sean encontradas unas cuantas personas que tengan fe cuando regrese Cristo.

Observe Gálatas 5:22-23: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. Debemos establecer otro punto importante relacionado a la vida de todos los verdaderos cristianos. La verdadera fe proviene del Espíritu de Dios — es un fruto del Espíritu Santo. Nadie puede tenerla — o incluso ser un verdadero cristiano — sin el Espíritu de Dios.

Pero, ¿qué es la fe? Seguramente Dios no diría que a aquellos que les falta fe no pueden agradarle — y luego escondería la verdadera definición de la fe de todos los que buscan saberla. Antes de examinar lo que la Biblia dice sobre la verdadera fe, uno debe examinar lo que la gente piensa que es.

Varias falsificaciones

Hay varias ideas comunes sobre la fe. Si lo duda, entonces simplemente pídale a media docena de personas que lo expliquen — que la definan de forma precisa para usted. Esté preparado para igual cantidad de diferentes ideas — probablemente todas ellas equivocadas.

He conocido a muchas personas que creían que la fe es un “sentimiento” intangible que no puede ser definido. A menudo se piensa que es personal, misterioso y único para cada persona. Este sentimiento usualmente no tiene definición, estructura, o un propósito claro y, de forma inevitable, es cualquier cosa que las personas quieran o necesiten que sea. En otras palabras, casi para cada persona, hay una descripción y definición diferentes de la fe. Es extraño como tantas personas ven la fe de esta manera; sin embargo, la Biblia nunca ha dicho nada parecido.

Otros creen que la fe es algún tipo de “pensamiento positivo”. Es como si siempre y cuando las personas tengan una visión optimista y permanezcan alegres acerca de los eventos y circunstancias, están demostrando fe. En ningún lado la Biblia describe la fe con las palabras positiva u optimista — aunque estas ciertamente son buenas cualidades mentales.

Otros puntos de vista de la fe son que es esperanza o confianza. ¡Ninguna es correcta! Hebreos 10:35 sí dice que la confianza es importante. Observe: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene gran galardón”. Si bien este pasaje revela que la confianza es vital para los cristianos, la confianza por sí sola no es fe. Con respecto a la fe siendo esperanza, I Corintios 13:13 declara: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”. Si la fe y la esperanza son la misma cosa, ¿por qué están mencionadas de forma separada? ¿Por qué Dios se refiere a éstos como a “estos tres”? Cuando es mencionada con el amor, ¿no debió haber dicho “estos dos”? Entonces obviamente, la fe es diferente a la esperanza.

Aun otros creen que la fe de alguien es el equivalente a la denominación o afiliación de iglesia a la que ellos asisten. Esta descripción de fe es seriamente defectuosa y no está en las escrituras. Observe en Efesios 4:4-5: “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo…”. Si la fe es la denominación de una iglesia, y hay más de 2.000 iglesias diferentes sólo en Estados Unidos, entonces no puede haber sólo “una fe”. Por supuesto, esta idea también haría que el apóstol Pablo estuviera equivocado. Él debería haber escrito que hay “miles de fes”.

¡Tenga en mente que usted apenas ha visto en su Biblia que hay sólo una clase de fe! Pronto exploraremos si la Biblia define de forma precisa esa única clase de fe o si deja en manos de los individuos que adivinen su significado.

La última idea y quizás la más común es que la fe es cualquier creencia general de que Jesús murió por sus pecados. Tal como con la idea de que la fe es un sentimiento, el alcance de la creencia “personal” de la gente en el sacrificio de Cristo se vuelve el factor decisivo en cómo cada cristiano profeso elige definirla. Ciertamente veremos que la verdadera definición de fe sí incluye esta importante creencia. No hay ninguna duda que si alguien no cree el entendimiento más básico de que Cristo murió por los pecados de él o ella, esta persona no tiene fe salvadora. Recuerde, sin fe es imposible agradar a Dios, y si alguien duda que Cristo murió por sus pecados, ¡sin duda no está agradando a Dios y no será salvo! Creer que Cristo murió por sus pecados es una dirección — una avenida — a la fe, ¡pero no lo que es la fe!

Lo que es la fe

Ahora es el momento para la pregunta más fundamental en este capítulo. ¿Da la Biblia una definición exacta de la fe? Ya que dice que hay una fe, ¿acaso, de hecho, da una definición de esa fe? ¿Hay un lugar donde la Biblia dice “la fe es…” y le sigue una definición precisa? Si es así, ¿dónde está?, y ¿qué dice?

Hebreos 11 a menudo ha sido llamado el capítulo de la “fe”. Aquí se describe a muchos de los más grandes siervos de Dios y cómo su fe les permitió a ellos realizar grandes actos y milagros, o soportar pruebas severas. Este largo capítulo es muy inspirador, y todos los que quieren tener verdadera fe deberían leerlo periódicamente. Aquí se encuentra la palabra fe dos docenas de veces. El versículo 2 dice: “Porque por ella [la fe] alcanzaron buen testimonio los antiguos [estas figuras bíblicas]”.

¿Cómo habrían obtenido ellos un “buen testimonio” al menos que entendieran que es la fe? Ahora para la definición de Dios veamos el versículo 1: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. ¿Notó usted que la fe implica la “convicción” de cosas “que no se ven”? La traducción en el margen de la Biblia para “certeza” dice “garantía”. La fe implica una garantía “de lo que se espera”. Pero, si se espera algo, ese algo aún no ha sido recibido. Por lo tanto, donde la fe está involucrada, ¡hay una garantía de que será recibido!

Pero, ¿cómo puede estar la convicción relacionada a algo que no se ve? ¿No pensamos más bien que la convicción implica cosas que son vistas? La palabra convicción en el griego significa también evidencia.

En un tribunal, la evidencia es lo que puede ser probado. Implica hechos visibles para un jurado. En otras palabras, la evidencia sólo implica cosas que pueden ser vistas o demostradas para tener la convicción de ellas. Entonces, ¿cómo conlleva la fe una convicción que es invisible — no vista?

La fe conlleva convicción en la siguiente forma. La verdadera fe, en cualquier promesa hecha por Dios, es en realidad la convicción de que sucederá. Creerlo es esa evidencia. Si Dios promete hacer algo, es imposible que mienta (Heb. 6:18). Su convicción de que Él lo llevará a cabo es la fe invariable que usted mantiene. ¿Lo entiende? Recuerde, Hebreos 11:1 dice: “Es…la fe la certeza”. Si usted tiene verdadera fe cristiana, no necesita buscar la evidencia — ¡usted ya la posee!

La doctrina de la fe

Hemos leído la definición bíblica de la fe, pero la fe es también una doctrina. Note: “Los rudimentos de la doctrina de Cristo… de la fe en Dios…” (Heb. 6:1). La fe siempre se ejerce hacia Dios, pero es Cristo quien hace esto posible.

La fe es algo que Cristo enseña — es por esto que la Biblia la llama “la doctrina de Cristo”. A estas alturas, usted se ha dado cuenta de que la fe es importante para que todos los cristianos la entiendan. No tiene que estar confundido sobre esto, aunque las personas a su alrededor puedan estarlo. Debemos eliminar el malentendido y el engaño sobre la fe.

Quizás cuando Cristo regrese, ¡Él encontrará verdadera fe en usted!

Para cada doctrina de Dios, hay un sinfín de ideas que las personas inventan sobre ella. La Biblia explica lo que Dios dice y piensa acerca de Sus doctrinas. Si una doctrina viene de parte de, y le pertenece a Dios, debemos examinar lo que ÉL dice sobre ésta. Usted nunca debería estar preocupado con las opiniones de las personas. El resto de este capítulo explicará la verdadera enseñanza de la Biblia acerca de la doctrina de la fe hacia Dios. ¡Prepárese para ser sorprendido!

No es a través de los cinco sentidos

Casi todos creen que la fe implica sentimientos. Pero los sentimientos físicos simplemente vienen de los sentidos humanos y no tienen nada que ver en lo absoluto con Dios — ¡ni con la fe!

Los seres humanos aceptan el conocimiento que han recibido a través de los cinco sentidos — vista, oído, olfato, tacto y gusto. Todos estos sentidos involucran información física — conocimiento físico. La mente recibe y procesa esta información con el fin de sacar conclusiones sobre circunstancias, cosas y eventos que están ocurriendo a su alrededor. La fe es espiritual, no es física. Es una convicción confiada, la cual proviene del Espíritu de Dios en la mente de un ser humano convertido.

A muchos hoy día les falta la fuerza — el poder — de creer que Dios realizará las promesas contenidas en Su Palabra. Parece muy lejano, vago y etéreo para miles de millones de seres humanos inmersos en un mundo materialista. La vasta mayoría no tiene tiempo para Dios. Pareciera que no hay espacio para orar, estudiar la Biblia, ayunar y meditar. Todas estas cosas nos acercan más a Dios. La mayoría se rinde al intentar hacer estas cosas, ¡y luego se preguntan por qué no tienen fe! Esto los deja obligados a confiar solamente en sus cinco sentidos como guía. La mayoría de las personas sienten que no se debe confiar en nada que se derive de una fuente distinta a éstos.

Nadie jamás desearía perder su visión física. Ciertamente, nadie jamás consideraría conducir un carro si fuese ciego. Ahora bien, considere el versículo siguiente: “Porque por fe andamos, no por vista” (II Cor. 5:7). Practicar la fe verdadera significa aprender a no hacer caso a lo que usted ve. Literalmente, la vista no cuenta en relación a lo que Dios ha prometido hacer o cuándo Él lo hará.

¡Este versículo revela que los cristianos no caminan por lo que ven!

Piense de este ejemplo en la siguiente manera. Así como usted nunca consideraría manejar un auto sin vista, ¡a un cristiano no le es permitido caminar por la vida por vista! Este no es un principio que las personas aprenden de un día para otro. El mismo concepto de esta clase de entendimiento espiritual es extraño — completamente ajeno — al pensamiento humano. Desaprenderse de la idea incorrecta de la fe requiere toda una vida de práctica.

Orar, estudiar, ayunar y meditar son actividades espirituales. Dios es Espíritu y Cristo explicó, con respecto a los cristianos: “Los que le adoran [al Padre], en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). Por supuesto, las personas que no conocen la verdad de todas las otras doctrinas de Dios, aunque puedan saber la verdad acerca de la fe, no puede ser posible que adoren a Dios “en verdad”. Pueden esforzarse en adorar a Dios “en espíritu” pero es imposible adorarlo en verdad si lo están haciendo ignorando muchas verdades cruciales de la Biblia. No obstante, para nuestros propósitos aquí, al menos todos los que lean este folleto ya no serán ignorantes de la verdad sobre la doctrina de la fe — y cómo está relacionada a adorar a Dios en espíritu.

Muchos se preguntan por qué nunca son sanados — o por qué sus oraciones no son respondidas. Ellos se preguntan por qué no son bendecidos o no están recibiendo la liberación de parte Dios cuando es necesaria. Les falta fe, la cual viene del Espíritu de Dios. ¡Si tuvieran fe, tendrían evidencia — convicción — confianza — de que serán sanados, bendecidos, librados o recibirán respuestas a sus oraciones! Ellos sabrían que estas cosas estaban por venir, con antelación a su llegada.

Cristo tenía verdadera fe

Ya hemos visto que la fe es un fruto del Espíritu de Dios. Obviamente, Cristo tuvo una gran fe. Lleno con el Espíritu de Dios, y poseyéndolo desde la concepción, Cristo fue la Persona más convertida que alguna vez haya vivido. Él tuvo un gran entendimiento de la importancia del poder del Espíritu de Dios. Es por esto que dijo: ¡“No puedo Yo hacer nada por Mí mismo” (Juan 5:30)! Él sabía que: “el Padre que mora en Mí, Él hace las obras” (Juan 14:10).

Fue a través del poder del Espíritu de Dios en Él por lo que logró todo lo que hizo. Él entendió completamente que era sólo la presencia del Espíritu de Dios dentro Él lo que le permitió realizar los milagros. De forma perfecta ejerció el fruto de la fe presente en Él debido al Espíritu Santo. Sin duda, Dios le dio el don de la fe (I Cor. 12:1, 7-9) adicional que necesitaría para soportar todo lo que iba a enfrentar a través de Su sacrificio como Salvador del mundo.

Cristo prosiguió a decir en Juan 14: “El que en Mí cree, las obras que Yo hago, él las hará también; y aún mayores hará” (vs.12). Todos los apóstoles, evangelistas y otros (incluyendo diáconos) realizaron poderosos milagros después de la Resurrección de Cristo y el inicio de la Iglesia del Nuevo Testamento. La Biblia registra esto. ¡A través del poder de la fe verdadera, las personas ordinarias pueden hacer cosas sorprendentes!

Pero, ¿puede usted tener la misma clase de fe que tenía Cristo — o la que tuvieron los apóstoles? ¿Acaso los cristianos hoy día tienen una clase diferente de fe?

La fe DE Cristo

¿Qué clase de fe espera Dios que usted tenga? La mayor parte de las personas piensan que deben “generar” la fe por medio del esfuerzo humano. La ven como algo interno que pueden poseer por VOLUNTAD propia. Esto es terriblemente incorrecto y la Biblia lo dice de forma clara. ¿Se da cuenta que usted puede tener exactamente la misma fe que Cristo poseyó? Y no sólo puede, ¡usted DEBE tenerla!

Observe: “Sabiendo que el hombre no es justificado… sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo” (Gal. 2:16). Este es un versículo muy importante y establece la diferencia entre dos puntos vitales. Primero, declara que “creímos en Jesucristo” — esto es algo que hacemos. Segundo, es la fe de Cristo — la verdadera fe de Cristo en nosotros — la que nos justifica (nos hace justos). La mayoría de las personas nunca llegan a comprender esto correctamente. La fe comienza con la convicción humana, pero debe moverse rápidamente hacia la fe verdadera de Cristo, la cual entra en una persona al momento del bautismo y la conversión al recibir el Espíritu Santo de Dios.

La Biblia describe una cierta fe humana temporal que muchas personas tienen. En el Nuevo Testamento, cuando Cristo sanó a las personas, ninguna de ellas estaba convertida. Sin embargo, algunas veces Él les dijo: “tu fe te ha salvado” (Mat. 9:22) o “Conforme a vuestra fe os sea hecho” (vs. 29). Estas personas no tenían el Espíritu de Dios, pero sí tenían una fe humana temporal que le permitió a Cristo sanarlos.

Es a este crecimiento proveniente de la fe humana hacia la fe de Cristo al cual Pablo se refirió cuando dijo: “la justicia de Dios se revela por fe [humana] y para fe [de Cristo en nosotros]” (Rom. 1:17). Si no estuvieran la fe humana y la fe de Cristo en nosotros, ¿de qué otra forma podrían las personas ir “por fe y para fe”? Si alguien está en una habitación, esa persona no puede ir a una habitación diferente y aún estar en la misma habitación. ¿Comprende este punto? Es lo mismo con la fe. La fe humana es como una pequeña habitación, la cual los verdaderos cristianos deben dejar para entrar a la gran habitación de la fe de Cristo obrando en ellos.

La fe humana fluctúa continuamente y sube y baja de acuerdo a cómo se sienta alguien en algún momento dado en el tiempo. Es muy parecida a una montaña rusa. Cuando los eventos parecen positivos o se ven bien, la fe humana esta elevada. Cuando las cosas se ven mal y el resultado de algo parece sombrío, la fe humana desaparece en un instante. La fe de Dios es permanente y no fluctúa. Él requiere que todos aquellos que vienen a Él en oración, con peticiones, “no duden”. Él considera que todos los que dudan son inestables en todo lo que hacen, y dice que no recibirán nada de parte de Él (Stgo. 1:6-8).

La Biblia contiene promesas

Cada vez que usted demuestra fe en Dios, esto implica una promesa específica. Una promesa puede involucrar sanación, respuesta a oraciones, recibir bendiciones (Stgo. 1:4-8), liberación en una prueba, guía en una decisión difícil y, lo más importante, recibir la salvación. En cada caso, la fe involucra reclamar una promesa específica hecha por Dios. Veremos la importancia de buscar en Su Palabra para encontrar esas promesas.

Considere: “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efe. 6:16). Note ahora: “Toda palabra de Dios es limpia; Él es escudo a los que en Él esperan. No añadas a Sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Prov. 30:5-6).

Cuando se unen estos dos versículos, muestran que Dios, por medio de la fe, se vuelve un ESCUDO para todos los que confían exactamente en lo que dice la Biblia. Dudar de Su Palabra, o alterarla en cualquier forma, ¡es llamar a Dios MENTIROSO! ¡Esto es serio! Entienda. Cuando Dios hace una promesa, siempre la mantiene. Los seres humanos podrán romper sus promesas, pero Dios no. Si Él le dice que hará algo por usted, si usted cumple con ciertas condiciones, Él cumplirá Su promesa. Usted tiene fe como una garantía de que Él lo hará. Por lo tanto, presionarse a sí mismo a tener fe es inútil. Esto sugiere que usted duda que Dios hará Su parte después que usted haya hecho la suya. La fe es relajada. Es calmada. Es segura. Cuando la mayoría de las personas podrían tener grandes dudas, la persona guiada por la fe confía en que Dios está guiando el resultado final de los asuntos.

Cuando usted reclama una promesa, espere que sea llevada a cabo por Dios. No trate de averiguar cuándo o cómo lo hará. He aprendido dos cosas acerca de las oraciones respondidas. Primero, Dios siempre contesta mis oraciones, si busco Su Voluntad, pero segundo, casi nunca las responde de la manera que yo espero. Esta es la razón por la cual caminar por fe no puede incluir la vista. “Buscar” que Dios conteste las oraciones en cierta forma o en cierto periodo de tiempo es una pérdida de energía. Además, es mucho más importante que Dios responda nuestras oraciones y cumpla Sus promesas, ¡que CÓMO lo hace! Y de todos modos Él siempre sabe el momento y la forma mejores para hacerlo.

Examine siempre la Palabra de Dios

Ninguna promesa de Dios puede ser reclamada al menos que usted haya aprendido cuál es la promesa. Dios promete algunas cosas y no promete otras. Por lo tanto, la única manera de saber si Él ha hecho una promesa particular o no es estudiar continuamente Su Palabra.

En cualquier caso, pregúntese siempre, “¿Qué dice la Biblia?”.

Pablo escribió, “Que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:2). Comprobar implica estudiar. El estudio implica esfuerzo. Entonces, el conocimiento de las promesas de Dios trae confianza a aquellos quienes oran acerca de éstas. Dios está deseoso de bendecir a las personas, pero no puede hacer esto si las personas son ignorantes de lo que Él está dispuesto a hacer. Pablo escribió también: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efe. 5:17). Enfrentémoslo. Es muy “insensato” para las personas vivir en ignorancia de las promesas de Dios. ¿Por qué? ¡Porque se apartan a sí mismas de todo lo que Él está dispuesto a hacer por ellas! Por lo tanto, usted no tiene que preguntarse acerca del punto de vista de Dios. Su Palabra lo revela en todos los aspectos importantes de la vida. (Tome un momento para leer II Timoteo 3:14-17). Pero esta no es la única condición a considerar con respecto a la fe.

La fe tiene otras condiciones

Como hemos visto, la mayoría de las personas piensa que la única clase de “fe” necesaria para la salvación es “simplemente creer”. Es popular recitar, “si confesares con tu boca… y creyeres en tu corazón… serás salvo” y “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Rom. 10:9, 13). Pero, ¿eso es todo para recibir la salvación? ¿Puede ser realmente así de fácil? Si fuese así, entonces la Biblia debería tener sólo dos versículos en total. ¡El resto sería innecesario y podría ser desechado!

Es asombroso como millones de personas se contentan con aceptar una absoluta tergiversación de la Biblia con el fin de practicar un “cristianismo” de su propia invención. Pedro escribió: “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (II Ped. 1:20), y esto es cierto de toda otra doctrina de la Biblia (Isa. 28:9-10). Todas las escrituras pertenecientes a cualquier asunto deben ser unidas con el fin de tener la imagen completa. Apoderarse de “versículos preferidos”, y sacarlos de contexto, lleva al engaño, la confusión y a una total ignorancia.

¿Qué sobre la ley, el pecado, la gracia, la fe y las obras? ¿Cómo funcionan juntos? ¿Tienen algún requisito para aquellos que practican la verdadera fe? ¿Es sólo la fe suficiente para todo? ¿O acaso los cristianos tienen que obedecer a Dios? ¿Existe algunas obras adheridas a la salvación? La mayoría de las personas creen que la respuesta a las últimas dos preguntas es “no”. Quieren creer que Cristo “murió por sus pecados”, y que son salvos por “la fe solamente” sin hacer nada acerca del pecado en sus vidas. La naturaleza humana no quiere obedecer a Dios (Rom. 8:7). Sin embargo, Pablo enseñó: “No son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados” (Rom. 2:13).

Si la ley está abolida, entonces nadie puede ser culpable de pecar. No obstante, Romanos 3:23 declara: “por cuanto todos pecaron…”. ¿Cómo es esto posible si no hay ninguna ley que deba ser guardada? Varias cosas deben ser consideradas de forma cuidadosa. I Juan 3:4 declara, “el pecado es infracción de la ley”. Todos los cristianos profesos ciertamente están dispuestos a reconocer que Cristo “murió por sus pecados”, pero prosiguen con la suposición de que, porque Cristo murió por los pecados pasados, ellos ya no necesitan preocuparse sobre pecados futuros. Este es un argumento ridículo. Sin embargo, ha consumido con eficacia a cientos de millones de cristianos profesos por casi 2.000 años.

Ahora considere Efesios 2:8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. A las personas les encanta citar este versículo. También es común para las personas citar Romanos 3:20: “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él…”. Pocos están dispuestos a leer la siguiente frase en Romanos, la cual dice, “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. Podríamos preguntar: ¿Cuál sería el propósito que tener alguna ley a no ser para guardarla? ¿Sería su único propósito el de demostrar que las personas pueden quebrantarla libremente sin preocuparse del porque Cristo “murió por sus pecados”?

El propósito de la ley nunca ha sido perdonar pecados o traer justificación. (Ninguna ley puede hacer esto). Para eso es la sangre de Cristo — y es por eso que la humanidad necesita un Salvador. ¡El propósito de la ley es para señalar el pecado!

Considere los sistemas carcelarios en la mayoría de los países del mundo. Los criminales convictos algunas veces son perdonados o sus sentencias son conmutadas. Otros son liberados de la prisión antes por medio de lo que es llamada “libertad condicional”. ¿Acaso son perdonadas y liberadas estas personas con la idea de que pueden reingresar a la sociedad y repetir exactamente los mismos crímenes que las pusieron en prisión? ¡Por supuesto que no!

La idea en sí es absurda. La policía simplemente los volvería a arrestar y a encarcelar de nuevo — ¡probablemente con una sentencia más fuerte! ¿Cómo es que los cristianos pueden creer entonces que el juicio del gran Dios del universo de alguna manera requiere menos justicia con Su Ley de lo que requieren las autoridades civiles físicas con la de ellos? Insulta a Dios sugerir que Él daría a Su Hijo por los crímenes espirituales (pecados) de las personas, sólo para verlas continuar en las mismas cosas que requirieron la muerte de Cristo.

¡Qué lamentable lógica humana!

Creer el engaño de que el perdón, mediante la sangre de Cristo, les permite a las personas quebrantar la ley libremente es una hipocresía. Esto no sólo insulta a Dios, y a la inteligencia de Su Plan Maestro, sino que también ignora la siguiente serie extensa de versículos en Santiago 2. Estos claros versículos explican cómo la ley, el pecado, la fe y las obras operan juntos.

Considere cuidadosamente este largo pasaje: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?... Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma… yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Más quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?… Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (vs. 14, 17-22, 24).

Como los demonios, muchas personas sí creen que Dios existe. No obstante, la mayor parte de estas mismas personas no tiemblan ante la existencia de Dios — ¡lo cual incluso los demonios hacen!

Recuerde, que nunca debemos “añadirle a la Palabra de Dios”, porque “cada palabra de Dios es pura”. Dios claramente expresa lo que Él quiere expresar. Los versículos anteriores no enseñan que las obras nos salvan. Sí enseñan que la fe debe estar acompañada por obras. Esto es lo que Pablo quiso decir cuando preguntó: “¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera” (Rom. 6:15).

¿Qué acerca de la gracia, la fe y las obras? ¿Cómo funcionan juntas? Note de nuevo: “¿Perseveraremos en el pecado [quebrantando la ley] para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Rom.6:1-2). La respuesta a la pregunta retórica de Pablo es obvia. No podemos. Finalmente, observe cómo la Biblia pregunta: “¿Luego por la fe invalidamos la ley?”. Ésta responde su propia pregunta. “En ninguna manera, sino que confirmamos la ley” (Rom. 3:31). Los ministros de este mundo les pueden permitir a las personas quebrantar la Ley de Dios — usualmente porque ellos quieren que su congregación les pague un salario — ¡pero Dios prohíbe quebrantar la ley!

El diablo no obedecerá a la Ley de Dios porque la odia. Tampoco lo harán “sus ministros” (II Cor. 11:13-15). Ellos deliberadamente ignoran estos versículos y muchos otros. Engañan a personas que parecen estar dispuestas a aceptar sus argumentos superficiales — argumentos que son ignorantes de la plena verdad de las Escrituras.

Pablo enseñó que la Ley de Dios es santa, justa, buena y espiritual (Rom. 7:12, 14). Ésta permanece siempre (Sal. 111:7-8) y es perfecta (Sal. 19:7). Santiago llama a los Diez Mandamientos “la ley real… de la libertad” (Stgo. 2:8-12). Cristo dijo que nunca será eliminada (Mat. 5:17-19). Los impostores engañosos enseñan que los cristianos deben enfocarse “solamente en tener amor”, mientras ignoran escrituras claras como Romanos 13:10, la cual dice que “El cumplimiento de la ley es el amor”. (Vea también I Juan 5:1-3). No es de extrañar que el apóstol Juan dijera que cualquiera que afirme “Yo le conozco [a Cristo], y no guarda Sus mandamientos, el tal es MENTIROSO, y la verdad no está en él” (I Juan 2:4).

¡Palabras fuertes! He conocido a muchas personas que afirmaban conocer a Cristo, pero no guardaban los mandamientos. Ahora vemos cómo Dios los considera.

Se requiere fe en Cristo para que el cristiano sea capaz de guardar la Ley de Dios. Recuerde que Cristo dijo que por Sí mismo no podía hacer “nada”, y que el Padre hacía las obras en Él. Cristo guardó la Ley perfectamente, y un cristiano “sigue Sus pisadas” (I Ped. 2:21).

Cristo enseñó a guardar la Ley

Con la ayuda de Dios, usted será capaz de guardar los mandamientos. Jamás permita que alguien le diga lo contrario.

Jesús nunca enseñó que las personas sólo deberían “creer en Él” para recibir la salvación. Cuando un joven rico le preguntó qué debería hacer para tener la “vida eterna” — recibir la salvación — Cristo le dijo: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.

Al escuchar esto los discípulos quedaron sorprendidos. Ellos no entendían como esto era posible, y preguntaron: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?”. Cristo respondió, “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible” (Mat. 19:17, 25-26). Usted no puede guardar la Ley de Dios, pero Cristo en usted puede — ¡si usted tiene una verdadera fe viva!

Dios le da Su Espíritu sólo a quienes le obedecen (Hechos 5:32). La obediencia a Dios es precedida por el arrepentimiento y el bautismo, con el Espíritu Santo siendo dado en este momento, al arrepentirse por haber quebrantado la Ley de Dios (Hechos 2:38).

Cristo dijo: “Pues en vano Me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres” (Marcos 7:7-8). ¡Se dio cuenta que es posible honrar a Cristo en vano — que es posible pensar acerca de Él, hablar acerca de Él e incluso usar Su nombre a menudo y aun así hacer todo esto en vano!

Observe: “No todo el que Me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos [“de”, no “en”, los cielos] sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos” (Mat. 7:21). Recuerde, que son los hacedores de la ley los que serán justificados.

La “batalla de la fe”

Pablo le dijo a Timoteo, “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna” (I Tim.6:12). La fe es más que una batalla. ¡Es una guerra que todos los cristianos libran a lo largo de sus vidas! Y no es una guerra fácil, con una victoria obtenida en una sola batalla. Ésta involucra muchas batallas.

El apóstol Judas les dice a todos los cristianos: “que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). El siguiente versículo advierte de “algunos hombres” que habían “entrado encubiertamente” dentro de la joven Iglesia del Nuevo Testamento, diluyéndola con enseñanzas falsas, lo cual destruye el fundamento de la Iglesia — el de aferrarse a las verdaderas doctrinas de la Biblia. El significado de la fe verdadera también se corrompió en las mentes de muchos en ese momento. Tristemente, la historia muestra que las personas siempre han estado dispuestas a dejar que los engañadores reduzcan el cristianismo a un poco más que “solamente creer”. No se deje engañar.

Hemos hablado de cómo los cristianos deben guardar la Ley de Dios, mientras que al mismo tiempo son justificados por la fe de Cristo. El Libro de Apocalipsis registra: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (14:12).

Hay una razón por la cual este versículo une la paciencia, el guardar los mandamientos y la fe de Cristo. Éstos son inseparables. Los cristianos son capaces de guardar los mandamientos, pero sólo por medio de la fe de Jesús. Se requiere paciencia para hacer esto durante toda la vida. Sin embargo, esto es exactamente lo que los verdaderos cristianos — santos — deben hacer de forma continua.

“Vivir por fe”

Hay un versículo del Antiguo Testamento que es tan importante que se repite dos veces en el Nuevo Testamento. Habacuc 2:4 dice: “el justo por su fe vivirá”. ¡Esta es una poderosa declaración acerca de la fe como un camino de vida! Es la fe de cada persona (observe la palabra en singular “su”) la que guía a los individuos a través de la vida. Este versículo es citado para mostrar que Dios siempre ha enseñado que Sus verdaderos siervos deben tener verdadera fe. La fe nunca ha sido simplemente un requerimiento del Nuevo Testamento para la salvación. Algunos de los mayores ejemplos de fe son encontrados en todo el Antiguo Testamento. En realidad, cada uno de los ejemplos que se encuentran en el “capítulo de la fe” (Heb. 11) sucedieron en los tiempos del Antiguo Testamento. Eso no evitó que ellos fueran “testimonios” (12:1) del asombroso poder de la fe entendida de forma apropiada.

Hebreos 10:38 (también Rom. 1:17) repite Habacuc casi de forma textual: “Mas el justo vivirá por fe”. Note que la definición de fe viene inmediatamente después de este versículo, en Hebreos 11:1. De nuevo, ¡Dios no les requeriría a las personas que vivan por la fe y luego no les diría qué es! Entonces, en el mismo versículo 38, Dios continúa: “y si retrocediere, no agradará a Mi alma”.

A donde falta la fe, ¡Dios no está complacido!

La fe simplemente no es algo que usted ejerce sólo durante los momentos de crisis de la vida. No es algo sólo para considerar cuando “las cosas no están yendo bien”. En otras palabras, la fe no es sólo para los “malos momentos” — ¡es de tiempo completo! Entienda este punto vital. La fe es completamente inseparable de todo el entendimiento espiritual por medio del cual usted tiene que afrontar todos los problemas que enfrenta en el “andar” cristiano (II Cor. 5:7).

Todas las personas en la tierra serán intensamente probadas en los años que están justo adelante. ¡No se equivoque! Sin verdadera fe nadie sobrevivirá las terribles calamidades que están profetizadas a ocurrir justo antes del pronto venidero Regreso de Cristo. ¡Actuar con impulso humano o ingeniosidad no será suficiente para sobrevivir la gran crisis que viene al final de esta era! Se requerirá — y necesitará — una completa fe en todas las promesas de Dios.

Un ejemplo personal

No será fácil seguir y practicar las verdades de Dios y creer Sus promesas. Más de treinta y ocho años me han enseñado esta lección — ¡profundamente! Dios probará su fe — y el diablo le tentará para abandonarla. No tenga ninguna duda de esto. También he aprendido que Dios siempre librará, no importa cuán oscuras parezcan las circunstancias.

Yo crecí en un hogar cómodo. Luego Dios me llamó a los 17 años de edad y las verdaderas pruebas comenzaron. A los 23 años, estaba casado y tenía un hijo pequeño de menos de cuatro meses de edad. Mi esposa casi moría en el parto y había perdido su leche a causa de esto. Ella no podía amamantar a nuestro hijo. Durante este breve período, yo no tenía un trabajo de tiempo completo en el ministerio. Había perdido mi salario. Estaba desempleado y estábamos luchando con una importante deuda de nuestros años universitarios. Estábamos viviendo en Milwaukee, Wisconsin. Hasta la calefacción en nuestro auto había dejado de funcionar y era finales de noviembre. El espacio no me permite describir todas las pruebas que estábamos enfrentando sólo en ese momento. ¡Nuestra fe estaba siendo intensamente probada!

Nunca olvidaré un momento particular que mi esposa y yo compartimos. Estábamos, literalmente, en nuestros últimos centavos. Casi no había gasolina en el auto o comida en la casa. Nuestro bebé estaba llorando y no teníamos nada para alimentarlo. Tenía una única moneda de diez centavos en mis bolsillos. La saqué y la sostuve en alto hacia la luz sobre nuestra mesa de cocina. Mi esposa y yo determinamos que confiaríamos en Dios para que nos proveyera.

¡Él lo hizo!

Esa noche (recuerdo que era un jueves en la noche), mi esposa fue capaz de enseñar dos lecciones de flauta y le pagaron un total de siete dólares. Inmediatamente compró leche para el bebé. Yo recibí un empleo a la mañana siguiente (viernes), y mi jefe ofreció darme por adelantado un cheque de pago el primer día que llegué. Dios había respondido nuestras oraciones y nos dejó con una experiencia edificadora de fe, la cual nunca hemos olvidado. A menudo la recordábamos cuando los tiempos eran difíciles. Y sacábamos fuerzas de la intervención de Dios cuando la necesitábamos — ¡y de otras numerosas intervenciones similares en nuestra vida!

No todos los días de nuestras vidas han sido “soleados”. He tenido que enfrentar muchos obstáculos en mis casi treinta cinco años en el ministerio. Esta misma Obra es una obra de fe. Dios nunca falla en proveer para nuestras necesidades. El impedimento de acusadores, calumniadores, mentirosos y enemigos declarados, ha sido, por momentos, para nosotros casi un modo diario de vivir. Pero Dios nunca nos ha fallado.

Al final, Él siempre derrota a las personas malas que buscan tirar abajo Su propósito. Él siempre nos ha protegido y librado a mi esposa y a mí en “las buenas y las malas”. Estoy confiadamente seguro — tengo fe — que Él continuará haciéndolo. Usted también puede desarrollar una confianza segura — fe — de que Dios siempre le librará.

Típicamente, las personas piensan de la fe como algo que ellas desarrollan o expresan hacia Dios para que así Él haga algo por ellas. En realidad, ¡el verdadero caso es a menudo exactamente lo opuesto! Muchas veces la fe es algo que Dios le da a una persona de modo que tendrá la fuerza para hacer algo por Dios — usualmente, para cumplir Su propósito general. He visto ocurrir esto en mi vida una y otra vez.

Si usted le pide a Dios, Él hará lo mismo por usted. A veces debe ejercer el fruto de la fe, y a veces puede que tenga que pedir el don de la fe, con el fin de enfrentar las pruebas más severas o las decisiones más difíciles en su vida.

La Biblia enumera nueve frutos del Espíritu por separado (Gálatas 5:22-23) y nueve dones diferentes del Espíritu (I Cor. 12:1,7-10). La fe es la única cualidad de carácter espiritual que es mencionada en ambas listas. Es tanto un fruto como un don del Espíritu. A menudo, Dios elige conceder una cantidad extra de fe a ciertas personas — como un don — porque de alguna manera es necesario en el cumplimiento de Su propósito.

Recuerde que el mismo Espíritu de Dios se nos es dado (Hechos 2:38). La oportunidad de aprender a ejercer el fruto de la fe también comienza con un don — el Espíritu Santo que contiene la fe. Dios le dará la misma fe que una vez tuvo Jesucristo.

“¿Dónde está vuestra fe?”

Los libros de Mateo y Lucas registran un relato paralelo importante con respecto a la fe. Cristo y Sus discípulos estaban en un bote cuando inició una gran tormenta. Los discípulos se asustaron mucho, mientras Cristo “dormía”. Este relato refleja la diferencia dramática entre la fe que Cristo tenía y el MIEDO que gobierna el pensamiento de la mayoría de los seres humanos. Note que el relato registra que ellos “le despertaron, diciendo; ¡Señor, sálvanos, que perecemos!” (Mat. 8:25). Los discípulos en realidad pensaron que estaban a punto de morir. A ellos les faltó hasta la más básica confianza humana de que, con Cristo en el bote, esto no podría ocurrir.

La respuesta de Cristo es instructiva para todos los que vivimos hoy día. Él hizo dos preguntas separadas — una se encuentra en cada relato del evangelio. Conectémoslas. En Mateo, Cristo les preguntó a los discípulos: “¿Por qué teméis, hombres de poca fe? (vs. 26). Ahora revisemos el relato de Lucas. Aquí Cristo fue un poco más directo con Sus discípulos cuando Él les preguntó: “¿Dónde está vuestra fe? (8:25). Por supuesto, a estas alturas los discípulos no estaban convertidos. Al faltarles el Espíritu Santo, no eran capaces de desarrollar una fe divina verdadera. Aparentemente, no obstante, ellos ni siquiera tuvieron fe humana temporal en ese momento. Sin embargo, las imponentes preguntas de Cristo permanecen para TODAS LAS PERSONAS — ¿Por qué teméis? — y ¿Dónde está vuestra fe?

Justo como estos mismos discípulos prosiguieron a aprender y practicar gran fe en sus propias vidas (sus escritos registran que también enseñaron su significado a muchos otros), así mismo los verdaderos siervos de Dios actualmente deben responden estas preguntas en sus propias vidas. Este folleto le pregunta ahora a usted: ¿por qué teme? Y ¿dónde está su fe?

Comenzamos con Hebreos 11:6 declarando: “Sin fe es imposible agradar a Dios”. Dios quiere que usted aprenda a depender de Él — ¡que confíe en Él completamente en todo! — Usted en realidad no tiene una elección si quiere agradarle. Como cualquier padre humano, Dios no quiere que se inquiete, preocupe o agonice sobre sus necesidades. En numerosos lugares en toda Su Palabra, Él promete proveer para usted en todas las circunstancias. Él siempre cuidará de usted. ¡No dude! ¡Créale a Dios! ¡Confíe en Él! ¡Espere en Él! Aguarde a que Él mantenga todas Sus promesas — ¡y lo hará! ¡La fe es su evidencia! (Nuestro folleto ¿Qué es la fe real? cubre mucho más acerca de este tema crucial).

Capítulo Tres — Conociendo la voluntad de Dios

Cristo dijo: “No puedo yo hacer nada por Mí mismo; según oigo, así juzgo; y Mi juicio es justo, porque no busco Mi voluntad, sino la voluntad del que Me envió, la del Padre” (Juan 5:30).

Entienda el significado de esta declaración. ¿Cuántas personas conoce usted que se preocupen realmente por la voluntad de Dios? ¿Cuán a menudo se ha detenido para preguntarse a sí mismo si está buscando su propia voluntad — su propio propósito — o la de Dios? Sin embargo, Cristo, quien fue Dios en la carne, nunca buscó Su propia voluntad. Todo Su enfoque fue asegurarse que Él estaba en armonía con el Plan de Dios — Su intensión — Su propósito — Su voluntad. Bajo una gran prueba, incluso mientras estaba enfrentado la agonía de la flagelación y crucifixión, Él oró, “pase de Mí esta copa; [Su sufrimiento y muerte venideros] pero no sea como Yo quiero, sino como Tú (Mat. 26:39). Cristo sabía que lo que pronto soportaría sería inconcebiblemente horrible. Él estaba en una batalla mental agonizante — una guerra mental — sobre esto.

¿Su conclusión? Mantenerse enfocado en el propósito y la voluntad generales de Dios.

En el Sermón del Monte, Cristo les enseñó a Sus discípulos cómo orar. La oración comienza, “Padre nuestro, que estas en los cielos…”. En un cierto punto, aparece la bien conocida frase “Hágase Tu voluntad”. A pesar de que Cristo exhorta a Sus discípulos, justo antes de citar este modelo o ejemplo de oración, a no usar la vana repetición, muchas personas recitan este versículo palabra por palabra y lo hacen a menudo. Sin embargo, ¿cuántas personas en realidad pausan para reflexionar sobre el significado de “Hágase Tu voluntad?

¡Muy pocas!

Los cristianos son instruidos en buscar la voluntad de Dios en todos los asuntos. Dios quiere que usted sepa Su voluntad. Él no quiere que esté sentado en confusión, miedo o ignorancia de lo que Él se propone a hacer exactamente, ya sea en Su plan para la humanidad, o para usted.

Recuerde que romanos 12:2 exhorta: “Que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. ¿Suena esto como que Dios quiere que esté contento ignorando Su voluntad? Y vimos que Pablo también escribió: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efe. 5:17). Cuán claro. Pero algunos parecen que desean permanecer insensatos con respecto a la promesa de Dios de sanar.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué alguien querría no creerle a Dios con respecto a tal promesa maravillosa? ¿Por qué alguien desea estar indispuesto en saber la voluntad de Dios en un asunto que literalmente podría involucrar la vida y la muerte?

Finalmente, leamos como usted puede saber la voluntad de Dios de forma exacta. Entender Su voluntad no llega a través de los cinco sentidos físicos. Tampoco se deduce por medio del instinto natural. Entonces, ¿cómo alguien entiende la voluntad de Dios con respecto a la sanación — o cualquier otro asunto? Aquí está la respuesta de Dios: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (II Timoteo 2:15).

¡Ahí está! La Palabra de Dios le dirá la verdad de cada asunto necesario para la salvación. ¡Pero usted debe estudiarla! Un capítulo más tarde, Pablo continuó sus instrucciones a Timoteo: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para reprobar, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (II Tim. 3:14-17).

Después de estudiar la Palabra de Dios, uno debe creerla — uno debe exhibir fe. A estas alturas, usted entiende en detalle que es la fe. Usted también entiende que Dios a menudo declara que Él es nuestro sanador. No tenemos que preguntarnos si Su voluntad es sanarnos. Muchos que no estudian la Palabra de Dios de manera vergonzosa están obligados permanecer ignorantes. Esto es triste — y tan innecesario. No obstante, algunos serán como Job antes que él entendiera y conociera a Dios de forma más completa: “¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?... yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no entendía… De oídas Te había oído; Mas ahora mis ojos Te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento… (42:3, 5-6).

“Oscurecer el consejo sin conocimiento” es otro modo de decir “enredar las cosas”. Muchos quienes no entienden la promesa de Dios de sanación — porque no estudiarán Su Palabra para aprenderlo — eligen enredar las cosas. Oscurecen el consejo para otros — o para sí mismos — que necesitan el perdón de los pecados físicos — la sanación. Muchos ven la sanación como el agnóstico ve la existencia de Dios. Simplemente no están seguros acerca de ello. ¡Sin embargo no tienen excusa!

Dos ejemplos personales más

A estas alturas, voy a relatar dos ejemplos personales de cómo Dios dramáticamente intervino y me sanó — en un caso me libró de la muerte y en otro de una enfermedad incapacitante del pie.

En el otoño de 1967, cuando tenía 18 años de edad y asistía al Ambassador College (donde estaba en entrenamiento para el ministerio), fui afectado de forma repentina con una severa infección bacteriana en mi nariz. Esto fue como 16 meses después que Dios había comenzado a llamarme. Todavía no estaba bautizado y convertido — pero lo que sucedió me impulsó a buscar a Dios como nunca antes.

Casi de la noche a la mañana, una infección mortal se desarrolló. Debido a que el dolor y la inflamación eran tan intensos — y mi nariz estaba hinchada a tres veces su tamaño normal con la infección — se me aconsejó buscar la opinión de un doctor sobre mi condición. El doctor que me vio se alarmó inmediatamente. Él me dijo que necesitaba dosis masivas de antibióticos, y que una meningitis cerebral era inminente — que la infección ya estaba acercándose a mi cerebro.

Recuerdo que esto ocurrió un miércoles. El doctor me instó a tomar los fármacos y entonces, cuando me resistí, declaró algo que nunca olvidaré. Él dijo: “Jovencito, es miércoles, y si usted no toma los fármacos que le estoy prescribiendo ¡NO VERÁ EL SIGUIENTE MIÉRCOLES!”. Esta fue una declaración alarmante. Todavía no me había dado cuenta de la seriedad de mi condición. Pero, recordé la promesa de sanación de Dios y decidí poner mi fe en Él.

Esa vez, el doctor estaba sorprendido. Recuerdo que les pidió a dos enfermeras que nos acompañaran en su oficina como testigos de lo que me había dicho. Incluso rehusó dejarme ir hasta que firmara una declaración de descargo de responsabilidad para que así él no fuera responsable cuando yo muriera. No hace mucho que me encontré con esta declaración firmada entre mis documentos almacenados, con fecha del 11 de noviembre de 1967.

Casi inmediatamente después que salí de su oficina — y fui ungido de acuerdo a Santiago 5:14 — la infección de mi nariz comenzó a desaparecer. Y en tres días desapareció por completo. Si bien Dios no me sanó instantáneamente en este caso, Él mantuvo Su promesa — ¡y sí me sanó!

El segundo ejemplo que relataré ocurrió casi 15 años después, en 1982. Para este tiempo, había estado en el ministerio por casi 11 años y estaba pastoreando aproximadamente a 700 hermanos.

Durante un período de dos años, comenzando con una herida, desarrollé una severa enfermedad en los nervios de mis pies. El dolor era tan severo — y hubo una cierta pérdida del uso de mi pie izquierdo — que había alcanzado un punto donde ya no podía servir en el ministerio. Los doctores me dijeron que pensaban que la cirugía para “liberar” ciertos nervios de la condición de “aprisionamiento” era la última esperanza para aliviar mi condición. Dios todavía no había elegido sanarme. Aunque había sido ungido de acuerdo a la Palabra de Dios, la sanación aún no había ocurrido. Determiné no hacerme la cirugía y esperar la respuesta de Dios. Sin yo saberlo, el pastor asociado en el área le pidió de forma privada a toda la congregación que orara y ayunara por mí. Para el momento en que esto ocurrió, yo había estado trabajando en una silla de ruedas por tres meses y medio, habiendo usado muletas por siete meses antes de eso, y un bastón por trece meses antes de eso. Mi pierna izquierda se había atrofiado, quedando a no más de la mitad de su tamaño.

Después de finalizado el ayuno (esto sucedió un viernes), me di cuenta que tenía que intentar ponerme en pie y caminar. Esto fue un sábado a la mañana. De forma lenta me levanté sin dolor, y caminé brevemente alrededor de la casa. El dolor se había ido y mis pies funcionaban de forma normal. Aparentemente fui sanado de forma instantánea y, una vez más, se me recordó que Dios mantiene Su promesa de sanar. ¡El dolor nunca ha regresado!

En un caso, Dios se movió con rapidez, sin embargo, me sanó a lo largo de varios días. En el otro caso, Él eligió esperar un largo tiempo — permitiéndome aprender muchas lecciones de paciencia y longanimidad — pero luego me sanó inmediatamente, al instante. En ambos casos, la promesa de Dios fue la misma.

A algunos les falta fe

Tuve que aprender que Dios sana. Si bien requirió fe creer que lo haría, mi fe también fue incrementada en gran manera, en cada caso, después de la sanación. Estaba inspirado y emocionado con lo que vi que Dios haría por mí. Desde luego no siempre tuve fe perfecta, pero sí aprendí que cuando Dios dice claramente que Él va a hacer algo, ¡LO HACE!

He visto a Dios sanar a muchas personas en un modo claro, poderoso y a veces dramático. Lo que he presenciado no podría ser explicado como algo distinto a milagroso. He ungido a personas que estaban atormentadas con artritis en todo su cuerpo — y las he visto sanarse instantáneamente. He visto y he ungido a otros afligidos con cáncer — y lo he visto desaparecer con todos sus síntomas. He ungido a mujeres con vientres estériles — y a menudo las he visto tener dos o tres hijos uno detrás del otro.

En otro caso, un hombre cayó 16 metros desde la plataforma hidráulica de un camión de reparación de teléfonos, sufriendo una rotura en la columna vertebral y una rotura completa en la parte superior de su fémur (hueso largo de la pierna). Los rayos x mostraron ambas claramente. Le fue puesto un yeso que llegaba desde la barbilla hasta los dedos de los pies. Después de ser ungido, poco después del accidente, se arrancó el yeso literalmente. Cuando regresé a su casa para visitarlo varios días después lo tenía en exhibición en su comedor. Los doctores quedaron verdaderamente sorprendidos, porque, por supuesto, ¡ellos todavía tenían los rayos x para probar que los huesos rotos se habían fusionado de nuevo con el poder de Dios de manera instantánea!

Recuerde ahora I Corintios 11:29-30, donde Pablo explicó cómo algunos no habían “discernido el cuerpo del Señor” — que fue golpeado y quebrantado mediante azotes — heridas — con el fin de que Cristo pagara nuestro castigo por las enfermedades y dolencias. Debido a que a algunos les faltó fe hubo “muchos enfermos y debilitados… y muchos [murieron]”.

Recuerde también que Pablo enseñó a seguir el ejemplo de Cristo de tomar anualmente pan sin levadura en la Pascua, como un tipo del cuerpo quebrantado de Cristo por nosotros. Esto significa que estamos aceptando el sufrimiento de Cristo con el fin de que podamos ser sanados. Estamos aceptando Sus heridas a favor nuestro. Pero, ¿cómo funciona esto exactamente?

I Juan 3:4 explicó que “el pecado es infracción de la ley”. Si bien algunos afirman que no hay tal cosa como una ley física — y por lo tanto pecado físico — este versículo no es especifico. El pasaje no se limita sólo a los Diez Mandamientos, la ley espiritual de Dios. Es obvio que se está refiriendo a todas las leyes impuestas o instituidas por Dios.

En otros folletos he explicado en detalle que quizás la mayor ley dominante que gobierna todo en la vida es la de causa y efecto. Esta ley se aplica a todos los aspectos de cómo funciona un cuerpo humano. Cuando las causas correctas son infringidas, aparecen los efectos incorrectos. Los llamamos enfermedades. Cuando las personas comen en exceso continuamente, ocurren problemas digestivos y de otro tipo. Si las personas se exceden con el alcohol, resulta en una variedad de malos efectos. Si las personas fuman, aparecen una multitud de problemas — cáncer de pulmón y garganta, mal aliento, dientes amarillos, dificultad para respirar, disminución de la circulación, etc.

El que escribió la Biblia declara que Su gran Ley, los Diez Mandamientos, es “santa, justa, buena y espiritual” (Rom. 7:12,14). Una vez más, considere la ley básica de causa y efecto. Cuando las leyes de Dios son obedecidas, traen bendiciones, beneficios y cosas buenas a las vidas de aquellos quienes las obedecen. Sin embargo, el hombre ha rechazado el Libro de Instrucciones que podría revelarle la causa de todos sus problemas y miserias.

El espacio no permite que este folleto cubra cada ley de Dios, y cómo se relaciona con la causa y el efecto. No obstante, a través de la Biblia, Dios promete bendiciones, beneficios y buenos resultados a aquellos quienes toman en serio cada promesa individual.

Dios promete sanar a todos aquellos que guarden Sus leyes y ejerzan fe en Su poder para realizar la sanación (Éxo. 15:26; I juan 3:22; Stgo. 5:14-15). Él promete bendecir enormemente a todos aquellos quienes obedecen Sus días de reposo (Isa. 58:13-14; Marcos 2:27-28). Él promete buena salud a todos aquellos que obedecen Sus muchas leyes de salud. Cada promesa implica poner en práctica una causa correcta (obediencia) para lograr un efecto correcto (bendición o beneficio).

En cada uno de estos casos, y en muchos otros, Dios describe una relación de causa y efecto que prueban la inspiración detrás de Sus instrucciones. Pero, sólo funcionará para aquellos que estén dispuestos a creer Su Palabra — ¡quienes tienen fe en Sus promesas!

Si bien el escéptico determinado rechazará este razonamiento — y lo hace para su propio gran perjuicio, pensando que puede desafiar la ley de causa y efecto — el que está dispuesto a tomar a Dios en serio recibe respuestas. Sin embargo, este folleto no está escrito para, y no puede ayudar a, el escéptico de mente cerrada. Pero sin duda lo puede ayudar a usted, si usted permanece abierto a las maravillosas promesas de Dios.

De forma rutinaria miles de millones de personas quebrantan leyes físicas — y luego se preguntan por qué están enfermos. Ignorantes de la promesa de sanar de Dios, por medio de las heridas de Cristo, van precipitadamente a los médicos, buscando curas. La meta es enmascarar los malos efectos sin eliminar la causa. No obstante, sólo Cristo puede remover de manera completa todos los malos efectos — el castigo por quebrantar las leyes físicas.

Algunos no van a someterse leyes físicas ni creerán que las hay — y que no deben ser quebrantadas. Quieren la libertad — la licencia — para quebrantar leyes sin sufrir el castigo. Pablo habla sin rodeos de algunos que son “hombres perversos y malos” quienes “no tienen fe” (II Tes. 3:2). Estas personas no quieren obedecer ninguna de las leyes de Dios. Tales personas nunca serán sanadas, y es probable que estarán igual de indispuestas a creer la evidencia cuando Dios sana a otros. Ocasionalmente, estas personas se han infiltrado en la Iglesia de Dios. Romanos 16:17-18 instruye que deben ser expulsados.

Debemos crecer

Dios instruye a los cristianos a “crecer en la gracia y el conocimiento” (II Ped. 3:18). Crecer, vencer y aprender toman toda una vida. Este proceso no sucede de la noche a la mañana.

La parábola de las Minas (Lucas 19:11-27) explica en detalle cómo la recompensa de cada cristiano es determinada por cuánto desarrolla y hace crecer los talentos que Dios le ha dado. A algunos se les serán dadas diez ciudades, a otros cinco, y así por el estilo. Esta vida es un campo de entrenamiento para el pueblo de Dios para desarrollar Su carácter, santo, justo y perfecto — Su naturaleza divina (II Ped. 1:4) — para que así puedan gobernar en el reino de Dios (Apoc. 2:26; 3:21).

Cuando Cristo llamó a Sus siervos a rendir cuentas en esta parábola, estaba mostrando que todas las personas un día estarán de pie y rendirán cuentas ante el tribunal de Cristo. Así como la recompensa de los doce apóstoles, quienes serán puestos sobre las doce tribus de Israel (Mat. 19:27-28), a algunos se les dará una gran autoridad para gobernar ciudades con Cristo “en el trono de Su gloria”.

Algunos no quieren que el verdadero Cristo de la Biblia les diga qué hacer. Ellos no quieren que Él gobierne sobre sus vidas y conducta. Pero sí quieren salvación — ¡sin ninguna condición!

El Antiguo Israel tuvo una larga historia de obediencia mediocre a la Ley de Dios. Desde el momento en que dejaron Egipto, hasta llegar al tiempo del profeta Samuel, Dios gobernó a la nación de Israel de forma directa. Él era Su Rey. Eventualmente, ellos quisieron un rey humano con el fin de ser como las naciones de su alrededor. No querían que Dios gobernara sobre ellos de manera directa.

He aquí lo que Dios le dijo a Samuel, cuando Israel busco tener un rey humano: “Y dijo el Eterno a Samuel… porque no te han desechado a ti, sino a Mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (I Sam. 8:7). El mundo es todavía el mismo. No quiere que Dios gobierne sobre sí, incluso si esto significa que la humanidad está separada de Su promesa de sanación — y todos Sus otros beneficios y bendiciones.

¡A nadie se le dará autoridad antes de que haya probado que puede ser gobernado! Nadie puede ser parte del gobierno de alcance mundial de Dios a menos que haya aprendido a someterse al gobierno de Dios y a ser gobernado por Dios y Jesucristo en esta vida. ¡Este es el mensaje en la Parábola de las Minas!

¿Qué acerca de aquellos “débiles en la fe”?

Gálatas 5:22-23 describe el “fruto del Espíritu”: Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. A los cristianos se les dice que hagan crecer y desarrollen estos frutos (Juan 15:2, 5, 8, 16). Algunos crecen más en amor, no obstante, les falta una abundancia de gozo. Otros son lo opuesto. Algunos crecen en paz, pero no han desarrollado mucha paciencia. Otros son lo opuesto. Algunos desarrollan una gran benignidad, pero tienen poca templanza. Otros son lo opuesto. Algunos puede que sean fuertes en varios frutos, mientras al mismo tiempo son débiles en varios otros.

¿El punto? Algunos pueden tener una fe muy desarrollada, pero son débiles en otros frutos. Otros pueden ser fuertes en varios frutos — pero débiles en fe. Estos puede que no tengan suficiente fe para confiar propiamente en Dios para la sanación. ¿Cómo deberían verlos aquellos que pueden ser más fuertes en fe?

He aquí lo que Pablo les escribió a los romanos: “Recibid al débil en la fe, pero no para contender [discusiones] sobre opiniones” (14:1). La Biblia dice que hay algunos que son “débiles en la fe”. Aunque todos deberían estar creciendo en fe, algunos no han alcanzado la madurez espiritual en esta área. Se nos dice que “recibamos” a tales personas, no “condenarlas”. Debemos asistir, animar y ayudar a aquellos quienes son débiles en fe. El ministerio continuamente debe trabajar con toda clase de debilidades en el pueblo de Dios. Y todos los hermanos deben reconocer que aquellos que son débiles en fe pueden sobrepasar los frutos de otros hermanos en otras varias áreas.

La Iglesia de Dios nunca debe condenar a quienes son débiles en fe. Algunos pueden elegir buscar la profesión médica para ayudar en su condición. Los hermanos nunca deben menospreciar o denigrar a quienes “van a los doctores”. Dios es el juez de todos, y la mejor cosa que posiblemente podamos hacer es inspirarnos unos a otros hacia un mayor crecimiento en todas las áreas de debilidad y deficiencia espiritual. ¡No puedo enfatizar de forma más encarecida este principio!

Si algunos no son completamente capaces de creer que por la “herida de Cristo son sanados”, nunca debemos acusarlos, sino más bien trabajar con ellos. ¡Debemos animarlos de forma activa a crecer en fe! Debemos estar preparados para recordarles las escrituras básicas acerca de la sanación, y sobre las promesas de Dios como Yahvé-Rafá.

¡De forma continua debemos recordarnos a nosotros mismos que este no es el mundo de Dios! Porque está separado de Él (Isa. 59:1-2). Él no es el autor de sus gobiernos, religiones, culturas, sistemas educativos, valores familiares, “estilos de vida alternativos” — o de sus escuelas médicas y la profesión médica. Todas estas son instituciones ideadas por la humanidad, creadas y desarrolladas por los hombres. Si bien no son totalmente malas, éstas son, en el mejor de los casos, una mezcla derivada del “árbol de la ciencia del bien y del mal”, el cual eligieron Adán y Eva en el Jardín de Edén (Gen. 2:17; 3:1-6).

Dios no creó la profesión médica para la era moderna. Los hombres, después de rechazar el gobierno de Dios 6.000 años atrás, desarrollaron su propio sistema, apartado de Dios, para “tratar” las enfermedades. Y la profesión médica no solo se ha vuelto extremadamente poderosa en Estados Unidos, sino que también tiene al gobierno más poderoso del mundo respaldándola. Juntos, tienen el poder de promulgar e imponer leyes. Por supuesto, muchas son para el bien general de las sociedades civiles.

Considere. Las personas están verdaderamente condicionadas a reverenciar de forma automática a todos aquellos en el campo de la medicina. Muchas tienen mucho más respeto por los doctores y los hospitales que por Dios. El campo medico tiene su lugar y sí cubre una necesidad. No obstante, muchos se quedan impresionados por cada nuevo avance médico. Ellos ponen su confianza y esperanza en los falsos dioses de la medicina moderna y la investigación científica para la librarlos de las enfermedades. De nuevo, no todos los avances médicos e investigación científica son malos, pero es un error poner ahí la esperanza y la confianza en lugar de en Dios. A medida que nos acercamos a Dios, llegamos a darnos cuenta de que resultados mucho mejores, más perfectos y completos son posibles al recurrir a Él para nuestra sanación.

Es importante que los padres sean sabios en cómo practican su fe en la sanación de Dios, particularmente cuando se trata de niños. Los padres de mi abuelo (mis bisabuelos) tomaron la decisión de negar la intervención médica para uno de sus hijos. Ellos supusieron que estaban confiando en Dios. Su hijo de 14 años de edad (quien habría sido mi tío abuelo) murió. Habiendo perdido a su hermano favorito, el padre de mi madre fue alejado de Dios y la “religión organizada” hasta el día de su muerte. Él había visto a sus padres practicar “la ciencia de la mente”, ¡y presenció la muerte de su hermano como resultado!

Dios ciertamente va a sanar a los niños, pero recuerde que esto es “conforme a vuestra fe”. Los padres deben reconocer que puede ser que Dios no los sane — si no hay suficiente fe — y podrían enfrentar un proceso penal de parte de las autoridades si descuidan consultar a un doctor. Los padres, y todos los demás, deben ser extremadamente cuidadosos acerca de dejar los medicamentos “de golpe”. Esto puede ser muy peligroso y todos deben ser muy cuidadosos cuando consideren dar tal paso.

Exhorto a todos a ser extremadamente cautelosos, porque el resultado puede ser serias dificultades legales.

Dios no cambia

La Biblia fue escrita hace mucho tiempo. Nada le ha sido añadido en casi 2.000 años. Sin embargo, el Plan y propósito de Dios, descritos en todas sus páginas, nunca cambian. Sus promesas son seguras — son ciertas. Su poder para sanar en el siglo veintiuno es tan certero como lo fue en el primer siglo.

He aquí cómo usted sabe esto.

En Malaquías 3:6, Dios declara directamente: “Porque yo el Eterno no cambio…”. I Corintios 10:4 identifica a Cristo como el Dios — la “Roca” — del Antiguo Testamento. Esta es la razón por la cual Hebreos 13:8 declara: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Apocalipsis 1:8 añade esto sobre Jesucristo: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.

Cristo es permanente e incambiable.

La única diferencia en el modo en que Dios sana hoy día es que Él no está acompañando — como hicieron Cristo y Sus discípulos — la predicación del reino de Dios con sanciones públicas en grandes cantidades. Pero vimos que el reino de Dios aún está siendo predicado por la Iglesia de Dios (Mat. 24:14), y es por eso que todavía ocurren sanaciones — pero ahora dentro de la Iglesia.

Es por esto que Santiago escribió: “¿Está alguno enfermo entre vosotros?” — esta es en una referencia a los hermanos que son parte de la Iglesia de Dios. La instrucción es “Llame [ese miembro de la Iglesia] a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si [ha] cometido pecados, le serán perdonados” (5:14-15).

¡Esta es la promesa de Dios — ¡SU VOLUNTAD! — con respecto a todos aquellos quienes recurren a Él con fe para la sanación!

Capítulo Cuatro — Dios aún sana hoy

Es vital entender que el ministerio de Jesús fue doble: (1) Predicar el evangelio del reino de Dios, y (2) sanar a los enfermos y echar fuera a demonios (Lucas 4:18; 7:22). Los apóstoles originales continuaron con el mismo patrón.

Como fue dicho, en contraste con el primer siglo, la sanación hoy en día ocurre principalmente dentro de la Iglesia, en vez de en dramáticas “sanaciones” públicas. Los modernos seudo-sanadores han puesto a la sanación en ridículo, por medio de un falso espectáculo secundario de circo. Muchos, asqueados por este engaño, acuden a la medicina moderna. De nuevo, aunque la ciencia médica pueda ayudar a tratar los efectos de la enfermedad, sólo Dios puede sanar.

Una breve historia es lo apropiado.

Dios comenzó a dar Su Espíritu Santo — el mismo por el cual Jesús y los discípulos hicieron milagros — a Su Iglesia. En el Día de Pentecostés, en el 31 D.C., cuando la Iglesia del Nuevo Testamento fue creada, Pedro les dio a muchos un poderoso sermón. Fue tan convincente que 3.000 fueron bautizados. Antes de su bautismo, muchos preguntaron: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37). Pedro respondió: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (vs. 38).

¡Este versículo es un claro mandato de Dios para “bautizarse”! La Biblia también dice que el bautismo debe estar precedido por el arrepentimiento o la persona no recibirá el don del Espíritu Santo. Pero Dios debe primero llamar a todos los que son traídos a la Iglesia: “Ninguno puede venir a Mí, si el Padre que Me envió no le trajere; y Yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44). Las personas no eligen a Dios. Dios los elige a ellos — y luego Cristo los pone dentro de la Iglesia (Hechos 2:47).

La Iglesia primitiva del Nuevo Testamento inicialmente creció a pasos agigantados. Dios estaba llamando a un gran número de personas a Su Iglesia. Desde el comienzo los apóstoles realizaron señales y milagros. Ellos llevaron a cabo la promesa que Cristo les hizo la noche antes de Su crucifixión: “No las hablo por Mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en Mí, Él hace las obras… El que en Mí cree, las obras que Yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque Yo voy al Padre” (Juan 14:10, 12).

Como resultado, muchos judíos devotos se convirtieron en los meses iniciales de la Iglesia. Además, la Iglesia estaba en unidad doctrinal y compañerismo. La única oposición dirigida contra ella en esa etapa inicial era en la forma de amenazas por parte de la religión establecida. Aquellos en ésta se sentían amenazados por tales señales y milagros poderosos de los apóstoles, y llamaron a Pedro y a Juan ante su concilio, preguntándoles por cuál poder habían hecho el milagro particular de sanar a un hombre cojo (Hechos 4:7).

Con gran audacia, Pedro les dijo que el milagro fue hecho en el nombre de Jesucristo, a quien ellos habían crucificado y Dios había resucitado. El concilio entonces celebró una conferencia privada, y reconocieron el milagro, diciendo: “¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar” (vs.16). Los apóstoles fueron amenazados antes de ser liberados, y continuaron con denuedo predicando y sanando en el nombre de Cristo.

Este es un relato increíble. La resistencia y el engaño de aquellos quienes se sintieron personalmente amenazados por el poder de Dios obrando a través de Sus verdaderos siervos expone la naturaleza humana por lo que es (Rom. 8:7; Jer. 17:9). Hoy en día no es diferente.

Las dos condiciones para la sanación

Hemos visto que los cristianos deben obedecer la Ley de Dios. Esto es absolutamente un requisito previo para que Dios responda cualquier oración. Lea de nuevo: “y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él” (I Juan 3:22).

He conocido a muchos que querían ser sanados, pero se negaban a guardas los mandamientos de Dios. Ellos no fueron, y nunca pudieron ser, sanados. He aquí el por qué Dios ni siquiera oye sus oraciones: “El que aparta su oído para no oír la ley, Su oración también es abominable” (Prov. 28:9). ¡Palabras fuertes de parte de Dios!

Dios está dispuesto a sanar a quienes le obedecen y agradan. Es uno de los beneficios que Él está ansioso de dar. Recuerde que justo antes que David escribiera que Dios “perdona todas tus iniquidades” y “sana todas tus dolencias” (Sal.103:3), él dijo: “Y no olvides ninguno de Sus beneficios” (vs. 2). Sí, servir a Dios es beneficioso — MUY beneficioso — ¡para todos aquellos que lo hacen!

Ya hemos hablado de la segunda condición, pero ahora es mencionada de nuevo. Santiago escribió: “Y la oración de fe salvará al enfermo”. Exhibir fe también es absolutamente vital para recibir cualquier cosa de Dios (1:6-8). ¡Dios está determinado a que Sus siervos confiarán en Él!

Así que entonces, ¡las dos condiciones para la sanación son la obediencia y la fe!

Pero algunos mueren

Nadie quiere morir. Sin embargo, en realidad, todos nosotros, muy literalmente, tenemos una cita con la muerte: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Heb. 9:27).

Si uno ha servido fielmente a Dios toda su vida, entonces la muerte, y enfrentar el juicio de Dios, no es algo a lo que hay que temer. No es de algún modo lo peor que pueda suceder. En realidad, Dios misericordiosamente les permite morir a algunos — Él no los sana en esta vida. Observe: “Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo” (Isa. 57:1). Pero veremos que la promesa de sanción todavía permanece intacta.

He aquí cómo. Dios les ha hecho promesas a Sus siervos fieles. Note: “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres” (Rom. 15:8). Los “padres” son principalmente Abraham, Isaac y Jacob (Hechos 3:13).

Todos estos hombres murieron — Y Dios todavía no les ha cumplido Su promesa a ellos. Pero murieron creyendo lo que Dios prometió: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido…” (Heb. 11:13).

Unos cuantos versículos después, Dios explica por qué tienen que esperar en la tumba por la promesa de la resurrección: “Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros [todos aquellos llamados después]” (vs. 39-40). Ellos deben esperar a que el resto de “nosotros” lleguemos después.

Los padres están esperando en la tumba junto con todos los otros que están durmiendo en Cristo. Dios es fiel. Ellos recibirán Su promesa de la resurrección y salvación. Esto significa que a veces pasará un periodo largo antes de que Dios cumpla una promesa — pero Él siempre la cumple.

Cada uno de los más grandes siervos de Dios eventualmente murieron de algo, incluso si fue por vejez. Al final, cuando el propósito de sus vidas había sido completado, Dios no decidió extender sus vidas — como lo hizo con Ezequías por quince años. Dios les permitió morir a todos ellos, incluso a Ezequías.

Una vez más, todo el mundo eventualmente muere de algo — pero Dios podría haber intervenido de forma continua para detener esto. Sin embargo, cuando se levanten en la resurrección — al mismo instante de que tengan conciencia — serán sanados de forma completa. ¿Lo ve usted? ¿Entiende que la sanación viene entonces en un instante, exactamente como Dios prometió?

Dios no siempre sana en esta vida. Por Su propio propósito y tiempo, Él les permite a algunos “morir en la fe”, y eventualmente ha permitido esto con todos Sus mayores siervos. Al parecer, incluso libró a Enoc mediante la muerte. A otros los quita de “delante de la aflicción” — y sin dudas hay una gran aflicción y calamidad justo por delante para todas las personas y naciones.

¡Pero todo esto no tiene efecto sobre la promesa de Dios!

¿Acaso Satanás tiene el poder para sanar?

Algunos se han preguntado si Satanás tiene el poder para sanar. Habiendo presenciado demostraciones ruidosas, caóticas y extravagantes de lo que aparentan ser sanaciones, y sabiendo que las mismas no pueden ser de parte de Dios, algunos han preguntado si estas sanaciones aun así podrían ser auténticas.

En el Salmo 103:3, vimos que Dios “es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias”. En Éxodo 15:26, Dios declara: “… Yo soy el Eterno tu Sanador”. Y Pablo escribió, en I Corintios 12:28: “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas” (también el versículo 9). Dios tiene el poder para sanar, y Él ejerce ese poder principalmente a través de instrumentos humanos en Su verdadera Iglesia. Él les da este don a algunos ministros.

Hablando de falsos ministros que predican a “otro Jesús” y a “otro espíritu”, recuerde que Pablo escribió: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño se también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (II Cor. 11:4, 13-15).

Una de las formas en que Satanás hace que sus ministros parezcan verdaderos ministros de Dios es al demostrar ciertos “milagros”, incluyendo actos de presuntas sanaciones. (También note Apocalipsis 13:11-14).

En el libro de Éxodo, comenzando en el capítulo 5, los magos de la corte de Faraón fueron capaces de realizar ciertos actos similares a los milagros que Dios realizó a través de Su siervo Moisés. Estas fueron cosas que Dios le permitió a Satanás hacer, a través de los siervos de Satanás, como parte del proceso de endurecer el corazón de Faraón (Éxo. 4:21; 7:3; 14:4), para que así Faraón presenciara el poder de Dios al librar a Israel de Egipto.

Las dramáticas “sanaciones” públicas promovidas por muchos de los ministros de este mundo son demostraciones similares, en las cuales los individuos que sufren de varias enfermedades incapacitantes en realidad están atados por un demonio. Un ejemplo se encuentra en Lucas 13:11-13: “Y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios”.

Este es un relato de una persona que no tenía una incapacidad física, sino que su cuerpo estaba en las garras de un demonio. Cristo echó de ella el demonio, y fue restablecida a una condición normal. Satanás puede con facilidad — probablemente de forma temporal — “hacer retroceder” a uno de sus demonios para un efecto dramático.

También considere que a menudo, en el clímax de muchas de estas “sanaciones”, los individuos que están involucrados aparentemente pierden el control de si, cayendo hacia atrás. Sin embargo, note las siguientes escrituras: “Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él… Entonces Abraham se postró sobre su rostro…” (Gén. 17:3, 17); “Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron delante del Eterno, y adoraron al Eterno” (II Crón. 20:18). “Yendo [Cristo] un poco adelante, se postró sobre Su rostro, orando…” (Mat. 26:39). “… y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios” (I Cor. 14:25).

Las escrituras anteriores muestran que aquellos que vienen ante la presencia de Dios para adorarle generalmente se inclinan hacia delante. Otras escrituras muestran que aquellos que están actuando bajo la influencia de un demonio tienden a caerse de espaldas. Observe: “Cuando les dijo[Cristo]: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra” (Juan 18:6). ¿Por qué? Lea Marcos 1:23-24: “Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios”.

En vez de rendirse a Cristo, aquellos con demonios retrocedían ante Su poder y autoridad. ¡Y en ninguna parte de las escrituras las personas son golpeadas en la frente y derribadas hacia atrás! Los ministros de Dios ungen — nunca golpean, agarran o sacuden — al enfermo.

Las reacciones violentas y ruidosas son típicas de aquellos que están atormentados por demonios. Ahora note el versículo 26: “Y el espíritu inmundo, sacudiéndolo con violencia, y clamando a gran voz, salió de él”. La palabra griega traducida “sacudiéndolo” es sparásso, lo cual significa una contracción espasmódica. Compare esto con las aclamaciones de “¡Aleluya!”, “¡Amén!”, etc., a menudo acompañadas de giros u otras manifestaciones de conducta aparentemente descontrolada, que son habituales en los “avivamientos de sanación” públicos y “organizados”.

También lea Hechos 19:15-16, el cual registra el terrible resultado de individuos no autorizados invocando el nombre de Cristo a la ligera — o de forma imprudente — para echar fuera demonios. Los siete hermanos en este relato actuaron de forma presuntuosa, sin la autoridad de Cristo. Ellos estuvieron después, sin lugar a dudas, desesperadamente arrepentidos.

Si bien la escritura muestra que Satanás no echa fuera a sus demonios (Marcos 3:23-26), sin dudas resultaría para su beneficio (como el dios de este mundo — II Cor. 4:4) hacer que sus ministros aparenten tener poder de sanación. Tenga presente que Satanás sólo puede hacer lo que sea que Dios le permita hacer. (Vea Job 1:12; 2:6). Y, como muestra Mateo 12:43-45, si una persona poseída por un demonio es liberada de éste, y la mente de esa persona no es receptiva a la verdad de la Palabra de Dios, entonces el demonio regresará, trayendo consigo a “otros siete espíritus peores que él”.

Además, reconozca que Satanás no considera nuestro bienestar (I Ped. 5:8). Él sabe que “tiene poco tiempo” (Apo. 12:12) antes que Cristo regrese. Él reconoce que nuestro máximo potencial, como aquellos hechos a imagen de Dios (Gén. 1:26), es gobernar con Cristo en el reino de Dios. No es sólo que no desea sanar físicamente a alguien de alguna cosa (incluso si tuviera ese poder), sino que busca engañar a todas las personas y cegarlas al Propósito de Dios — el de sanar espiritualmente al mundo entero.

Finalmente, recuerde que la sanación implica — ¡y requiere! — el perdón de pecados. Es obvio que Satanás no tiene tal poder. (Usted puede leer nuestro folleto gratuito ¿Quién es el Diablo? para aprender más acerca de Satanás).

¿Tienen una función los doctores?

No quiero que nadie malentienda lo que se refiere a la ayuda de los médicos. Hay una variedad de cosas útiles que pueden hacer. Ellos pueden atender un parto, arreglar huesos rotos, suturar heridas — y un creciente número puede ofrecer consejos útiles sobre varias enfermedades. Ellos también pueden ser bastante útiles en diagnosticar problemas, para que así las personas puedan hacer cambios en la dieta, el ejercicio, o en otras áreas de salud. Todas estas son cosas buenas y positivas que los doctores pueden hacer. Pero ellos no pueden sanar — ¡porque no pueden perdonar pecados!

La función de Dios como Sanador es hacer por las personas lo que ellas no pueden hacer por sí mismas. Dios siempre podría remendar huesos instantáneamente, sanar todos los cortes y heridas o causar que los bebés nazcan sin asistencia, como es el caso de los animales. Pero Él lo permite para el aprendizaje de lecciones, y para el crecimiento en paciencia y longanimidad. A veces Él quiere que las personas investiguen y averigüen por qué están teniendo problemas de salud. Los doctores, como otros, pueden ser de ayuda. Si Dios sanara todo — y de forma instantánea — nunca nadie aprendería de los errores (Salmo 119:67, 71).

¡Una vez más entienda! La Iglesia, su ministerio y sus hermanos no deben, y no practican, menospreciar o presionar a las personas a no ir a doctores o utilizar el cuidado médico. Aunque el mundo está separado de Dios, los hombres han creado la profesión médica y, durante miles de años, han desarrollado cierto conocimiento y habilidades — “pericia” — a las que algunas personas elegirán dedicarse.

Aunque bajo la influencia general de Satanás, este mundo y su “ciencia médica” — la práctica (eso es lo que es) de la medicina — ha refinado ciertos tratamientos. Incluso a pesar de que los primeros médicos eran más primitivos en conocimiento y práctica que los de hoy día, Cristo aun así estuvo dispuesto a compararse a Sí mismo a un médico cuando llamó a los “pecadores al arrepentimiento” (Mat. 9:10-13). Él también eligió citar, sin comentarios, un dicho común sobre los médicos (vea Lucas 4:23), cuando explicaba por qué muchos leprosos no fueron sanados en el tiempo de Eliseo. Además, Pablo viajó con “Lucas el médico…” (Col. 4:14), y este médico fue utilizado para registrar uno de los evangelios. Hay también ciertas referencias a médicos y a medicinas en el Antiguo Testamento que no se encuentran en un contexto negativo (Jer. 8:22; Gén. 50:2-3; Job 13:4; Prov. 17:22; Jer. 30:12-13; 46:11; Eze. 47:12).

Pero en ningún caso estos versículos insinúan, sugieren o dan a entender que los doctores puedan sanar ALGO. ¡Ellos no pueden! Recuerde, Dios puede sanar porque puede perdonar pecados.

Ir a los doctores parece fácil y natural para personas que han crecido en un mundo desconectado de Dios. Confiar en Dios parece antinatural — y debe ser aprendido. Y, aparentemente, Cristo dudó que mucha fe verdadera — como la de los apóstoles originales — existiría a Su Regreso (Lucas 18:8). Sin duda, Él entendió que la realidad de haber sido herido con azotes — azotado con un “gato de nueve colas”, haciendo la carne pedazos — parecería remoto para aquellos de la era moderna, tan acostumbrados a lo que puede hacer la “ciencia médica”. Muchos fallarán en hacer alguna conexión entre el sufrimiento de Cristo en ese entonces y el mismo sufrimiento de ellos ahora.

Al momento de la conversión, uno aún casi es 100 por ciento carnal — quizás guiado 99.9 por ciento por la naturaleza humana. La enorme influencia del espíritu del diablo, obrando en la mente, aún está presente — y es sólo sometida con el tiempo. También toma tiempo creer completamente que Dios hará lo que promete — ya sea bendecir, librar guiar, proveer, contestar oraciones o sanar. Si a un miembro de la Iglesia de Dios le falta fe y confianza en la promesa de Dios de sanar, ya sea a él o a su hijo, entonces utilizar tratamiento médico puede que sea mejor que no hacer nada. De nuevo — ¡tales personas nunca deben ser condenadas!

Pero para aquellos que obedecen a Dios y están dispuestos a confiar en Él completamente, existe esta promesa: “Encomienda al Eterno tu camino, Y CONFÍA en Él; y Él hará” (Sal. 37:5).

¿Por qué? Porque Cristo prometió que “… todo lo que pidiereis al Padre en Mi nombre, lo haré…” (Juan 14:13).

Tal vez desee leer: