¿Qué es la verdadera conversión?

Por David C. Pack

¿Qué es la verdadera conversión? ¿Será simplemente “profesar a Cristo como Señor y Salvador”? ¿Cómo y cuándo es uno convertido? ¿Es repentinoinmediato? ¿O es un proceso gradual, que dura toda una vida? Muchos luchan con problemas, debilidades y pecados. ¿Espera Dios que haya superación — crecimiento? ¿Qué significa esto? ¿Cómo se logra? ¿Qué papel juega el Espíritu Santo? ¿Qué acerca de la fe y el arrepentimiento? Muchos asumen que deben ser perfectos. Otros juzgan el camino de Dios de acuerdo a la conducta de los cristianos. ¿Puede alguien pecar y permanecer siendo un Cristiano? ¿Y qué del perdón? Millones buscan respuestas para estas preguntas. ¡He aquí el tema de la conversión cristiana finalmente aclarado!



¿Cuándo es convertida una persona? Yo he conocido a muchos quienes dudaban de su conversión porque nunca les había sido enseñado el significado de la verdadera conversión. Al estar bajo fuego — bajo presión — carecían de la confianza para saber que podían abordar efectivamente sus problemas. No estaban seguros de tener siquiera el poder para vencerlos.

Puesto que el diablo — el autor de la confusión (I Cor. 14:33) — engaña al mundo entero (Apoc. 12:9), él también busca confundir a los cristianos profesos acerca de este muy importante tema.

Exactamente, ¿qué es un verdadero cristiano? ¿Será aquel que “asiste a la Iglesia”, “que profesa a Jesús”, “que conoce a Cristo” o que ha sido “bautizado”? ¿Habrá algún versículo al que podamos voltear para que nos dé la definición bíblica de un verdadero cristiano y que elimine toda la confusión?

El apóstol Pablo escribió: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom. 8:14). Un cristiano, entonces, es uno que tiene el Espíritu Santo guiándole. ¿Pero será absolutamente esencial tener el Espíritu de Dios para ser un cristiano? En este punto del contexto, Pablo ya había dicho: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. ¡Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él” (v. 9)!

¡Es así de simple! Uno o tiene el Espíritu de Dios, y es un cristiano, o no lo tiene y no es un cristiano — “no es de Él”. Todos aquellos que están verdaderamente convertidos tienen el Espíritu Santo en ellos.

Pero, ¿qué significa esto? ¿Acaso recibir el Espíritu de Dios es todo lo que hay para el cristianismo y la conversión — o hay algo más?

Recibiendo poder

Cristo instruyó a los apóstoles por cuarenta días después de Su Resurrección (Hechos 1:3). Él les instruyó que esperaran en Jerusalén hasta que recibieran el Espíritu Santo diez días más tarde, en la Fiesta de Pentecostés. Los discípulos le preguntaron si estaba a punto de establecer Su reino sobre la tierra. Justo antes de ascender al cielo, Él dijo: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (vs. 7-8). Entonces desapareció en una nube.

Al igual que los apóstoles que esperaban poder a través del Espíritu Santo, la mayoría de personas hoy día esperan alguna clase de fortaleza adicional tras la conversión. Dígale a un adolescente que le dará las llaves del auto de la familia, y no tendrá ninguna dificultad para entender que está a punto de recibir verdadero poder. La primera vez que a mí me dieron las llaves del auto de mi papá, entendí exactamente lo que eso significaba. No hay diferencia con un cristiano potencial que espera recibir el Espíritu de Dios en el arrepentimiento y bautismo.

Pablo le escribió a Timoteo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio” (II Tim. 1:7). Puesto que los cristianos tienen el Espíritu de Dios, un poder muy real ha llegado a sus vidas. Por supuesto, el versículo también dice que un cristiano demuestra amor — o el camino de vida del dar — y que su conducta refleja dominio propio.

El hecho de que el Espíritu de Dios imparta dominio propio es evidencia de que Dios quiere que los cristianos entiendan su llamamiento (su conversión) lo cual es el propósito de Dios para ellos. Dios quiere que las personas sean firmes en Su camino. Por supuesto, esto debe incluir entendimiento de todos los aspectos básicos de la verdadera conversión.

¿Cuándo es otorgado el Espíritu Santo?

¿Cómo recibe alguien el Espíritu de Dios en realidad? ¿Y cómo puede saber con certeza que le ha sido dado? Puesto que este momento constituye la conversión, ¿en qué punto puede el aspirante a cristiano estar seguro de que Dios le ha otorgado Su Espíritu? Puesto que no tener el Espíritu de Dios impide que uno sea un verdadero cristiano, seguramente Dios no dejaría a Sus siervos en dudas de si lo tienen o no — ¡de cuando lo reciben exactamente!

El libro de Hechos declara: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (2:38).

Recibir el Espíritu de Dios llega con el verdadero arrepentimiento y el bautismo correcto. Con esto también llega la remisión de los pecados, o el perdón. Así que hay un momento específico cuando la conversión comienza. Hay un tiempo definido cuando el Espíritu Santo entra en la mente y uno se convierte en un verdadero cristiano — y Dios ha engendrado a un nuevo hijo. Sin embargo, hay más por entender.

Debemos preguntar: ¿Ahora ya está terminada la salvación del cristiano? ¿Acaso ya es “salvo(a)”? ¿Es el recién engendrado hijo de Dios repentinamente perfecto, incapaz de volver a pecar o a equivocarse, porque piensa que ha sido salvo?

La verdadera conversión cristiana es un proceso gradual de crecimiento y superación — de cambio y desarrollo. Pero, ¿cómo? Y al final del proceso, ¿cuál es la apariencia del cristiano “terminado”? ¿Y qué tiene esto que ver con la meta de un cristiano, y con lo que está tratando de obtener como su recompensa final por haber sido un cristiano?

El propósito de Dios para los cristianos

Durante Su ministerio Cristo proclamó el evangelio del reino de Dios. Escondido dentro de este mensaje está el entendimiento del asombroso e increíble potencial humano para aquellos que verdaderamente se rinden a Dios. Adondequiera que Cristo fue habló acerca del reino venidero — o gobierno — de Dios. Aunque la mayoría de Sus parábolas estaban concentradas en este mensaje, pocos de quienes las escucharon entendieron su significado. ¡Y cuando Él hablaba estas parábolas, siempre incluyó cómo es que los verdaderos cristianos estaban calificando para convertirse en parte de ese gobierno!

Mateo 13 contiene media docena de parábolas del “reino”. Este capítulo comienza con la parábola del “Sembrador”, ilustrando a alguien que tira semillas en diferentes ubicaciones y distintas clases de tierra. En algunos casos, la parábola describe cómo la semilla creció y floreció en la persona que la recibió. En otros casos, la semilla murió rápidamente después de empezar a crecer, o no tuvo raíz en lo absoluto. Otros que recibieron la semilla crecieron en carácter “treinta, sesenta o cien por uno” en el camino hacia el reino.

Ésta es seguida por la parábola del “Trigo y la Cizaña”. Esta parábola discute los “frutos” que aparecen en las vidas de los cristianos, previo al tiempo en que Dios los recoge hacia Su “granero”. El fruto, bueno o malo, representa el crecimiento cristiano, o la falta de crecimiento. El granero es un tipo del reino.

La tercera parábola ilustra al reino comenzando como un pequeño “grano de mostaza” que crece hasta llegar a ser un gran árbol. Ésta es seguida por la parábola de la levadura, ilustrando el reino de Dios como levadura regándose hasta impregnar la masa (la tierra, todas las naciones) que la contienen. La quinta compara al reino con un “tesoro escondido” encontrado en un campo. Quien lo encuentra vende todo lo que tiene para comprar aquel campo.

La sexta parábola describe al reino como “una perla de gran precio”, la cual una persona compra después de haber vendido todo lo que tiene para recaudar suficiente dinero para la compra. La séptima y última parábola de este capítulo describe al reino como una “red” que recoge toda clase de peces. Los “buenos” peces son recogidos — los “malos” son descartados. Cristo explica que los peces buenos son aquellos que entran al reino. Los malos representan a aquellos quemados y destruidos en un “horno de fuego” (el lago de fuego). (Lea nuestro folleto La verdad acerca del INFIERNO para entender la verdad acerca de este mal entendido tema).

En cada una de estas parábolas, el mensaje es el mismo. Algunos (no todos) están dispuestos a pagar el precio para ser un cristiano. Están dispuestos a crecer espiritualmente y a desarrollar el verdadero carácter cristiano a fin de poder heredar posteriormente la recompensa eterna de convertirse en Hijos nacidos (ya no solamente engendrados) de Dios — en la familia de Dios — reinando con Él en el reino de Dios.

Hay muchas otras parábolas en el Nuevo Testamento. Muchas de las enseñanzas de Cristo fueron a través del uso de estas historias acerca de cosas comunes y bien conocidas. Éstas tenían la finalidad de llevar lecciones profundas acerca del llamamiento cristiano, para aquellos cuyas mentes han sido abiertas por Dios para entenderlas.

Cristo dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44, 65). Usted no puede entender la verdad de Dios a menos que Dios le haya atraído — llamado — a ella a través del poder de Su Espíritu. Entonces, el proceso de llegar a la verdadera conversión cristiana comienza con un llamamiento o atracción directamente del Padre.

La parábola de los talentos, de los denarios, de la cena de bodas, de las diez vírgenes, de ovejas y cabritos, del juez injusto, de la higuera, de las ovejas perdidas, de la moneda perdida, del hijo prodigo, del mayordomo infiel, de Lázaro y el hombre rico, del buen Samaritano y otras, todas involucran o ilustran a un cristiano entrando en el venidero reino, o familia gobernante, de Dios a la Segunda Venida de Cristo. Requeriría más espacio el examinar más de cerca cada parábola para demostrar esto. Aunque algunas son muy cortas, y otras bastante largas, el propósito de la mayoría de las parábolas de Cristo es esencialmente el mismo. Para aquellos quienes siguen la instrucción de Pedro de “crecer en la gracia, y el conocimiento” (II Pedro 3:18), la autoridad en el gobierno de Dios bajo Cristo es alcanzable.

El venidero reino de Dios

En el Sermón del Monte, Cristo dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia” (Mat. 6:33). Un cristiano siempre debe esforzarse hacia estas dos metas inseparables. Note que la primera prioridad es buscar el reino de Dios. Pero también debe desarrollar la justicia de Dios — Su carácter Divino. La mayor parte de este sermón es un énfasis en la edificación del carácter a través de la obediencia a la Ley de Dios.

El apóstol Juan registró las palabras de Cristo: “En la casa de mi Padre muchas moradas [oficios] hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2-3).

Esto necesita análisis.

Primero, hay muchos “oficios” en la “casa” (el reino) de Dios. Segundo, Cristo está preparando estas posiciones antes de que “venga otra vez”. Tercero, los cristianos no van a ir adonde Él está, para estar con Él, porque Jesús dijo: “vendré otra vez”. (El cielo jamás ha sido la recompensa de los salvos). Al cristiano se le ofrece una herencia de autoridad sobre la tierra (Mat. 5:5).

Un capítulo más adelante (Juan 15:1-2), Cristo continúa: “Yo soy la vid verdadera…Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”. En el versículo 5, Él dice nuevamente: “lleva mucho fruto”, y en el versículo 8: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”. Finalmente dice: “yo os elegí a vosotros…para que vayáis y llevéis fruto” (vs. 16).

¡Un cristiano lleva fruto en su vida! El versículo 8 continua explicando que al hacer esto: “seáis así mis discípulos”. ¡Cristo lo identifica a usted como uno de Sus discípulos (y uno de los hijos engendrados de Dios) si lleva o no fruto en esta vida!

Ahora debemos considerar algunos versículos básicos acerca del reino de Dios.

El siervo antediluviano de Dios, Enoc (el bisabuelo de Noé), también predicó acerca del venidero reino de Dios. Judas describió su mensaje: “…también profetizó Enoc… diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos” (v. 14-15).

De la misma forma, Daniel escribió: “Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino… eternamente” (7:18). Los versículos 22 y 27 reiteran esta recompensa para los verdaderos cristianos.

El libro de Apocalipsis registra varios lugares donde Cristo, a través de Juan, les ofrece el reino a aquellos quienes venzan. Note: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro” (2:26-27) y “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono” (3:21).

Finalmente, note Apocalipsis 20:4-6. Hablando de los santos, declara: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos… y vivieron y reinaron con Cristo mil años… Esta es la primera resurrección… sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”. Al unirlo con Apocalipsis 5:10, es claro que los santos resucitados se convierten en ambos, “reyes y sacerdotes”, quienes “gobiernan la tierra” con Cristo.

Este conocimiento es verdaderamente especial — y precioso. El mundo no sabe del venidero reino de Dios, el cual Cristo establecerá a Su Regreso. “El dios de este mundo” (II Cor. 4:4) ha engañado a la humanidad (Apoc. 12:9). (Lea nuestros folletos ¿Qué es el reino de Dios? y ¿Cuál es el verdadero evangelio?)

Los cristianos están en entrenamiento diario. Por lo tanto, es crítico que entiendan su “régimen de entrenamiento”.

Fe y arrepentimiento

Ya hemos explicado que Dios da Su Espíritu en el bautismo, el cual ocurre después del arrepentimiento. ¿Pero cómo se consigue el arrepentimiento? ¿Solamente se declara, con una simple afirmación, “estoy arrepentido”? ¿Es esto todo lo que hay que hacer? ¡La respuesta es un enfático NO! No es tan simple.

El arrepentimiento es un don de Dios, tanto como lo es el llamamiento inicial. Al hablar de los gentiles que venían a la conversión, Hechos 11:18 declara: “De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida”. II Timoteo 2:25 habla de ciertas circunstancias donde “quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad”. Finalmente, Romanos 2:4 explica que es “la benignidad de Dios” la que lleva al arrepentimiento. Las personas no “desarrollan” el arrepentimiento a fin de requerirle a Dios que les de Su Espíritu Santo (Hechos 2:38).

Las personas deben buscar a Dios y pedirle el don del arrepentimiento. Esto no es automático y jamás debe ser tratado como tal. Pero Dios les concede arrepentimiento a todos aquellos quienes lo buscan con todo su corazón, como lo hizo David en Salmos 51. (Tómese un momento para leer este salmo completo).

Pero, ¿de qué se arrepiente uno exactamente? La Biblia dice: “todos han pecado” (Rom. 3:23).

I Juan 3:4 declara: “El pecado es infracción de la ley”. Esto se refiere a la Ley de Dios. La mente normal o carnal es hostil hacia ella (Rom. 8:7). Las personas no obedecen naturalmente a Dios. La naturaleza humana desobedecequebranta — la Ley de Dios, ¡y lo hace de manera natural! Un cristiano guarda la Ley de Dios. No solamente la escucha o habla de ella: “Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados” (Rom. 2:13).

Por lo tanto, Dios solamente le dará Su Espíritu a uno a quien Él haya conquistado — a uno que esté dispuesto a obedecerle (Hechos 5:32).

El mundo ilustra la Ley de Dios como dura y gravosa. Pero Juan escribió: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos Sus mandamientos; y Sus mandamientos no son gravosos” (I Juan 5:3). (También lea Romanos 13:10). La Ley de Dios es santa, justa, buena y espiritual (Rom. 7:12, 14) y es a través del Espíritu de Dios que uno puede obedecer a Dios y así practicar el amor de Dios. Romanos 5:5 dice: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”.

Una mente arrepentida se ha apartado de su propio camino. Ésta quiere seguir a Dios. Está rendida a Dios — rendida a Su gobierno, Su autoridad en su vida. Una mente así se esfuerza por imitar a Jesucristo y por producir los “frutos del Espíritu”. Cristo habló acerca de “llevar mucho fruto”. Más adelante, inspiró a Pedro a listar los “frutos del Espíritu” — amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (auto control) — en Gálatas 5:22-23. Éstos se hacen evidentes en la conducta de la persona que es guiada por el Espíritu — convertida.

La mente arrepentida ha virado del camino egoísta de vida del “obtener”, hacia el camino del “dar”. Todo el pensamiento de un cristiano es transformado — cambiado completamente — a una manera totalmente nueva de ver la vida.

El cristiano vive por fe (Heb. 10:38; Habacuc 2:4). Pero la fe de Cristo (Apoc. 14:12), no la fe humana, es la que le hace posible que la persona obedezca a Dios. No obstante, la persona debe demostrar una fe inicial en que Cristo le ha perdonado en el bautismo (Hechos 2:38). Es en ese momento cuando el estado de conducta previo de un cristiano ha sido limpiado completamente. Éste se ha hecho tan blanco como la nieve — ha sido limpiado por la sangre de Jesucristo (Efe. 1:7; Col. 1:14). Esta primera fe humana es entonces reemplazada por la fe de Cristo en la persona ahora convertida (Rom. 1:17). Hemos visto que la fe es uno de los frutos del Espíritu de Dios, el cual ha entrado en la mente del cristiano en el engendramiento — en la conversión y el bautismo. (Para aprender más acerca de la diferencia entre la fe humana y la fe de Cristo, lea nuestro folleto ¿Qué es la FE verdadera?)

¡No malentienda esto! Dios no le debe Su Espíritu porque usted haya ejercitado fe y se haya arrepentido. El Espíritu Santo es un don (Hechos 2:38), como lo es el arrepentimiento en sí mismo. El Espíritu de Dios no es algo que usted se puede ganar a través de sus obras, de la misma forma como la salvación tampoco puede ser ganada por obras (Efe. 2:8-9).

La verdadera conversión explicada

Recuerde que el poder que viene con el Espíritu de Dios ayuda a una persona a crecer y a vencer. Literalmente, este poder es Cristo viviendo Su vida en el cristiano. Sin Su ayuda, el recién convertido no llega a ninguna parte — ¡rápido! Cuando Cristo dijo: “lleva mucho fruto” (Juan 15:5), Él siguió esta frase con: “Porque separados de mí nada podéis hacer”. El poder humano — la energía humana — solamente ayuda a una persona a vencer en áreas físicas. Los problemas espirituales no pueden ser conquistados por medio de esfuerzos físicos, mentales o emocionales.

Recuerde, Cristo es la Vid y nosotros somos las ramas. Las ramas deben estar conectadas a la Vid, y esto ocurre a través del Espíritu de Dios trabajando en una mente.

Al hablar de esto, Cristo dijo: “de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él…” (Juan 7:38). A medida que realiza buenas obras, el Espíritu de Dios fluye “del interior” del cristiano. Por lo tanto, debe ser reabastecido, o de lo contrario será disminuido y desaparecerá completamente. Por eso Cristo dijo: “Pues si vosotros…sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13). Usted debe pedir regularmente, en oración, más del Espíritu Santo.

Pablo escribió: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13), y, “hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de Su fuerza” (Efe. 6:10). Cristo también dijo: “para Dios todo es posible” (Mat. 19:26). Con el Espíritu de Dios trabajando y creciendo activamente en usted, ¡esto puede ser cierto en usted!

Pero la verdadera conversión profunda no ocurre de la noche a la mañana. Pablo les escribió a los corintios que eran “niños [bebés] en Cristo” (I Cor. 3:1). Él describió como requerían “leche”, en lugar de la “vianda”, para comer. El nuevo cristiano es muy parecido a un infante. Como analogía, primero aprende a rodar, luego a gatear, antes de caminar (e incluso entonces, al principio, de una manera inestable y tambaleante). Sólo más adelante aprende finalmente a correr (espiritualmente).

Pablo entendía esto. Él comparó la conversión con una competencia de carreras (I Cor. 9:24). Por supuesto, aunque no de manera inmediata, el corredor debe, en cierto punto, desarrollar más velocidad, porque Pablo dice: “corred de tal manera que lo obtengáis [que ganéis]”.

Así es el camino de vida cristiano. El crecimiento lento, firme, a través de práctica diaria, produce progreso en la vida de la persona que está imitando a Cristo. El nuevo cristiano se esfuerza sinceramente, de todo corazón, para ser diferente — para darse la vuelta y tomar el otro camino — el camino de Dios — ¡por el resto de su vida!

No es el camino fácil

Pero, ¿es fácil el camino del cristiano? ¿Es el desarrollar un carácter semejante al de Cristo, el proverbial “paseo”? ¡Definitivamente no!

Regresemos al Sermón del Monte para ver la propia respuesta de Cristo. Él dijo: “Entrad por la puerta estrecha [difícil]; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mat. 7:13-14). Siempre ha sido la minoría la que ha estado dispuesta a pagar el precio de vivir este difícil camino de vida.

Recuerde, los Cristianos “corren”. Correr requiere esfuerzo — ¡es trabajo duro! Los corredores se fatigan después de gastar mucha energía. Observe a las personas en una carrera de larga distancia a medida que se acercan a la línea final. Están cansados, agotados — ¡extenuados! Correr nunca es fácil. Y algunas veces, al igual que un participante de campo traviesa o de maratón, el corredor tiene que subir y bajar colinas, por terrenos accidentados.

Pablo mismo dijo: “prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:14). En el versículo anterior, él dijo que había aprendido a “olvidar ciertamente lo que queda atrás” y a “extenderse” hacia la meta final que estaba delante de él (vs. 13). Si el corredor ha proseguido con fuerza a través de una larga carrera, estará totalmente cansado al final. ¡Sin embargo, si se rinde, no tiene oportunidad de ganar, y toda su práctica y esfuerzo en la preparación para la victoria fueron desperdiciados! Así que, sin importar cuán cansado esté el corredor, recordará: “con Dios todas las cosas son posibles”.

Pablo también habló del cristianismo como una “lucha” (Efe. 6:12). Cualquiera que haya luchado sabe que es muy extenuante — algunas veces hasta el punto de las náuseas y los vómitos. También lo comparó con pelear. Note I Timoteo 6:12: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna”. También, II Corintios 10:4 dice: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales [físicas], sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas [del griego castillos]”.

Nada acerca de la guerra es placentero o fácil. Es peligroso y usualmente resulta en muchas víctimas — algunas heridas, otras muertas. Por eso Pablo les advierte a los cristianos que “peleen una buena batalla” (I Tim. 1:18). Cristo es llamado el “autor [capitán] de nuestra salvación” en Hebreos 2:10. ¡El soldado sin experiencia o sin entrenamiento fácilmente puede convertirse en víctima de guerra si no se sujeta a la autoridad y sigue las órdenes de su capitán!

Combatiendo tres enemigos

Los cristianos están en guerra en tres frentes diferentes. Deben estar vigilantes — sin desatender el peligro potencial de ninguno de los tres enemigos que regularmente los confrontan. Toma humildad que un cristiano reconozca, para sí mismo y para Dios, que cualquiera de estos adversarios puede abrumarle.

Démosles un breve vistazo a estos enemigos.

Efesios 6 describe seis piezas de la armadura que un Cristiano usa en la guerra. Estudie cuidadosamente los versículos 12-17. Estos contienen una gran advertencia para aquellos que se olvidan que están luchando contra los “espíritus de maldad en regiones celestes”.

primero, el diablo y sus ángeles caídos quieren derrotar y destruir a cada hijo potencial de Dios. Si usted está engendrado por Dios, usted es un hijo de Dios, con enorme potencial para gobernar. El diablo odia la posibilidad de que usted pueda recibir lo que a él nunca le ha sido ofrecido — membresía en la familia de Dios. Él anda alrededor, como un león “buscando a quién devorar” (I Ped. 5:8). ¡Pero no puede derrotar a los que son “vigilantes” ni a aquellos que lo “resisten” (vs. 9)! Un cristiano debe estar alerta continuamente y resistir las actitudes de Satanás, que pueden arrastrarse hacia adentro de su mente. (Lea nuestro folleto ¿Quién es el DIABLO? para entender el papel de Satanás en el Plan de Dios).

segundo, I Juan 5:19 declara: “el mundo entero está bajo el maligno”. Esta es una crítica muy fuerte para la humanidad. ¡Pero allí está en su Biblia! El cristiano también debe resistir las influencias de este mundo, con todo su resplandor, su emoción, sus atracciones y tentaciones. Este no es el mundo de Dios. El “dios de este mundo” lo ha modelado. El Dios verdadero no es el autor de la confusión, la ignorancia y la miseria que empapan a todas las muchas culturas y sociedades del mundo de Satanás. (También lea UN MUNDO EN CAUTIVERIO).

Hay muchas tentaciones, trampas y riesgos en las cuales el verdadero cristiano puede caer fácilmente si no está cerca de Dios y no vive por cada palabras de la Biblia (Mat. 4:4; Lucas 4:4). Pablo les instruyó a los ancianos efesios que la “Palabra de Dios…tiene poder para sobreedificaros y daros herencia [salvación — vida eterna]” (Hechos 20:32). ¡Estúdiela diariamente!

tercero, estudiar la palabra de Dios le ayudará a vencer las influencias de su carne. Posteriormente Pablo dijo: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz…y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Rom. 8:6, 8). Un cristiano aún está hecho de carne, pero ya no anda más “en la carne”, porque tiene el Espíritu de Dios guiándole.

Sin restricciones, la naturaleza humana consiste en vanidad, celos, lujuria, avaricia, envidia, resentimiento, odio, ira, orgullo, rebelión, insensatez, necedad, engaño y hostilidad hacia Dios. El que anda en el camino de Dios se está esforzando por refrenarse y por contenerse en cualquier área que la Palabra de Dios instruya. Y lucha por ejercitarse en todos los aspectos que Dios instruye. ¡Cuando Dios le da instrucciones de hacer algo, lucha por hacerlo! ¡Cuando Dios da la instrucción de no hacer algo, lucha por no hacerlo!

Aunque aprender a seguir siempre este patrón toma una vida, edificar el carácter de Dios es el propósito para el cual cada ser humano ha nacido. Su trabajo es el de “ponerse” el carácter de Dios y de Cristo, y el de “quitarse” las influencias carnales de la naturaleza humana (Col. 3:8-13). Aunque esto no es fácil, la recompensa es grande.

Solamente a través de oración regular, estudio bíblico, meditación y ayuno ocasional (pasar sin alimento ni agua por un periodo de tiempo), podrá vencer el hijo de Dios a los tres adversarios que le esperan cada día de su vida.

La lucha de Pablo

La Biblia está llena de historias de los más grandes siervos de Dios batallando para vencer el pecado. En casi todos los casos, ellos tuvieron que aprender lecciones difíciles y a veces muy dolorosas. Cuando son examinados colectivamente, se ve que Moisés, Noe, David, Samuel, Pedro y otros pelearon contra toda clase de problemas conocidos para el hombre.

Pablo representa un ejemplo clásico de cómo uno de los más grandes siervos de Dios luchó para vencer el pecado. Al final de su vida pudo decir que había “peleado la buena batalla” y que había “corrido su curso” sabiendo que una “corona” le esperaba. Pero esto no sucedió sin tener que luchar, proseguir, correr, pelear y guerrear contra su naturaleza humana.

Lea cuidadosamente Romanos 7:14-23. Esto lo educará y alentará a darse cuenta de que usted no está solo en su camino de vencer a Satanás, a la sociedad y al ser — ¡todos los cuales guían al pecado!

Pablo dijo: “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal [físico, hecho de carne], vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (vs. 14-15). Él continuó: “porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero [hacer], sino el mal que no quiero [hacer], eso hago” (vs. 18-19).

Era como si cualquier cosa que Pablo quisiera o no quisiera hacer, su naturaleza humana, su carne, ¡le causaba hacer exactamente lo opuesto! ¿Por qué?

Dios lo inspiró a registrar la respuesta para nosotros: “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí…Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado” (vs. 21, 23).

Pablo continuó añadiendo que fue solamente a través del poder de la Mente de Cristo en él como pudo vencer y obtener la victoria final en guardar la Ley de Dios, en vez de obedecer la “ley” tan real del pecado. Solamente de esta manera Pablo pudo decir más adelante que había “peleado la buena batalla” y que había “corrido su curso” hacia la victoria.

No se equivoque. ¡El cristianismo es una guerra total! Pero es una guerra que el cristiano debe esperar ganar — en tanto continúe acercándose a Dios para obtener fuerza para vencer.

Dios ve la intención de su corazón. Es su deseo y motivación general lo que es importante para Dios. Él quiere saber si después de pecar usted se arrepiente de ello y está determinado a luchar por mejorar. Él entiende las tentaciones que nos acosan mucho más que nosotros mismos. Él observa para ver si vamos a estar sobrios y vigilantes a medida que sacamos de raíz del pecado de nuestras vidas — y si proseguiremos continuamente.

El carácter perfecto de Dios

El Dios todopoderoso, quien hizo los cielos y la tierra, también lo hizo a usted. El universo físico fue creado simplemente para reflejar la gloria del Dios que lo hizo, y para ser un hermoso regalo para que la humanidad lo viera y disfrutara.

Usted fue creado para un propósito infinitamente más grande. Fue creado para llegar a ser como Dios — para edificar un carácter perfecto, santo y justo. Dios de hecho se está reproduciendo a Sí Mismo en las personas. Al igual que usted es el hijo de sus padres, y posiblemente tenga sus propios hijos, Dios es su padre. Así como usted se parece físicamente a sus padres, y sus hijos se parecen a usted, Él quiere que usted se parezca a Él — ¡en carácter espiritual!

Rara vez las personas hablan o se interesan en el desarrollo del carácter — alguna vez llamado “virtud”. Parece que muy pocas personas hoy entienden mucho al respecto. Solamente a través de la Palabra revelada de Dios se entiende y describe la definición correcta del carácter.

¡Carácter es entender — distinguir — lo correcto de lo equivocado y hacer lo que es correcto en vez de lo que es equivocado! Dios revela lo que es correcto — cómo vivir. Pero el carácter justo es edificado a través del poder del libre albedrío — decidiendo hacer lo que es correcto. Como cualquier músculo del cuerpo, el carácter es edificado empujando contra la resistencia, fortaleciendo así el músculo (en este caso, la mente) que está siendo sometido a la resistencia. El carácter elige hacer lo correcto en vez de elegir lo que está equivocado. Éste no se preocupa de lo que otros dicen o hacen. ¡Solamente se preocupa con lo que DIOS dice que se haga!

Dios es amor. El amor es el cumplimiento de la ley. Es una preocupación altruista, externa por otros, poniendo a los demás primero — delante de los intereses del ser. ¡Recuérdese constantemente que la razón por la que nació es para edificar el mismo carácter de Dios!

Recuerde que Pablo dijo que el Espíritu de Dios refleja “dominio propio”. Incluso en el nivel humano, muy pocas personas hoy tienen “sentido común”. Parece más difícil que nunca el permanecer equilibrado y estable, a medida que las presiones y las tensiones que rodean a las personas les causan hacer más cosas que son erróneas, extrañas e incluso bizarras. El Espíritu de Dios lo guiará a usted a una forma de pensar estable, firme y (Fil. 4:8). Le ayudará a ver las cosas que ocurren a su alrededor, y a reaccionar ante éstas en una manera divina. Le afirmará su entendimiento y le llevará a hacer decisiones sabias, correctas y equilibradas en su vida diaria.

¡Sea diligente! Presiónese a crecer y a vencer. No espere que sea fácil, como “caerse de un tronco”. Crezca en conocimiento. Una vez convertido, reconozca que ha sido “escogido para ser un soldado” y debe “soportar dificultades” algunas veces, como Pablo le escribió a Timoteo (II Tim. 2:3-4). Romper todos sus viejos hábitos tomará tiempo. Después de todo, usted los ha practicado — y en cierto sentido, incluso refinado — a lo largo de una vida. Sus hábitos se han convertido en parte de usted. Estos son una “segunda naturaleza”. Sin embargo, recuerde que no son la “naturaleza divina” (II Ped. 1:4) que entró en usted con el recibimiento del Espíritu de Dios en el bautismo y la conversión.

Si usted es un adulto, le tomó de quince a veinte años crecer hasta cierta estatura. ¡El cristianismo no es diferente! Eso es mucho tiempo. Y posiblemente incluyó muchos “dolores de crecimiento”. Usted probablemente se cayó y se raspó las rodillas o se sangró la nariz muchas veces antes de llegar a la adultez. ¡El cristianismo no es diferente! No se desaliente ni deje de crecer, tanto como un niño no debería desanimarse y “dejar de vivir” simplemente porque se cayó muchas veces y se raspó las rodillas. Cuando su niño se cae, usted le dice que se levante, porque eso es parte de la vida. ¡El cristianismo no es diferente!

Los niños pequeños siempre quieren crecer más rápido de lo que la vida les permite. Aunque la niñez es maravillosa en tantas formas, parece que la mayoría de los jóvenes no pueden esperar a ser adultos. ¡El cristianismo no es diferente! Pero la madurez cristiana completa solamente llega después de un largo período de practicar el camino de vida correcto.

Pero, ¿qué si uno peca?

Hemos establecido que todos los seres humanos pecan. ¿Debe el cristiano recién engendrado esperar que esto continúe después del bautismo? ¿Se alcanza la perfección de la noche a la mañana, a través de cierta “profesión de fe” o de un acto de arrepentimiento y bautismo?

¡No es así! Hay un largo pasaje de escritura que es muy útil en el tema del perdón y los asuntos relacionados.

Los siguientes versículos tienen mucha instrucción — pero solamente después de leerlos completos: “…y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con Su Hijo Jesucristo…para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje… Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en Él. Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y Su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y Él es la propiciación por nuestros pecados” (I Juan 1:3-2:2).

Hay mucha instrucción importante aquí. Abra su Biblia y examinemos esto versículo por versículo.

Versículo 3: Juan, el último apóstol vivo en la Biblia, hablando en nombre de todos los apóstoles (“nosotros”), explica que la verdadera comunión del cristiano es en el plano espiritual con Cristo y con el Padre. Es solamente a través de ellos que los cristianos pueden tener una comunión real y verdadera los unos con los otros, dentro de la Iglesia de Dios.

Versículo 4: El propósito de Juan era enseñarles a las personas la fuente del gozo real, permanente y pleno.

Versículo 5: El Dios verdadero representa luz — Él “es luz” — y no hay nada oscuro en lo que Él es o hace. La persona que tiene comunión con el verdadero Dios de la Biblia quiere venir a la luz y salir de toda la oscuridad de este mundo.

Versículo 6: Este es el primero de seis versículos que comienzan con la palabra “si”. El uso de esta palabra siempre indica condiciones — en este caso, condiciones que implican libre albedrío. Muchas personas aducen que “conocen” a Dios, y que tienen comunión con Él, pero no conocen ni practican Su verdad en sus vidas. Él dice que esto las convierte en mentirosos (2:4).

Versículo 7: La sangre de Cristo continúa cubriendo todos los pecados — los errores, equivocaciones, debilidades y faltas — de la persona que se está esforzando por andar en la verdad de Dios — y en comunión con otros verdaderos cristianos. Aunque los cristianos habitualmente no tienen la intención, tropiezan y luego deben regresar al carril.

Versículo 8: Este versículo es muy importante. Los cristianos necesitan reconocer que pecan. Ha sido mi experiencia que el auto engaño (Jer. 17:9) es la sola razón más grande por la que muchas personas no crecen ni vencen como debieran. El auto engaño el mentirse a usted mismo — aún es un engaño. ¡Y no hay lugar para la verdad en tal persona!

Versículos 9-10: El versículo 9 no está hablando acerca de la persona no convertida y de mente carnal. Para aquel que reconoce y confiesa sus pecados, estos versículos son claros como el agua. Jesucristo está allí para lavar — para limpiar — al verdadero cristiano cuando se ha apartado momentáneamente de la luz de vivir por la Palabra y Ley de Dios. Un cristiano debe aprender a vencer. Al igual que aprender a tocar el piano o a pintar un bello cuadro, esto no ocurre de la noche a la mañana.

Capitulo 2, Versículos 1-2: Juan usa el enternecedor término “Hijitos Míos”, porque así es como Dios ve a Sus hijos e hijas engendrados. Nosotros somos todos niños pequeños a Sus ojos. Él sabe que necesita protegernos como los padres humanos protegen a sus propios hijos pequeños. Aunque la intención de Dios es que no pequemos, cuando lo hacemos, Cristo va delante del Padre como nuestro “Abogado”. Como nuestro Sumo Sacerdote (Heb. 4:14-16), Jesús literalmente “apoya” a Sus hermanos y hermanas menores en la presencia del Padre. Él entiende lo que es batallar y vencer el pecado, y ofrece fortaleza y perdón a aquellos quienes reconocen que necesitan ambas cosas.

Los siguientes cuatro versículos en Juan 2 describen al Cristiano obediente como uno que guarda la Ley de Dios y se esfuerza por andar y vivir la misma vida que Cristo vivió (vs. 6). Es uno que “guarda Su palabra [de Dios]”, y lucha por no comprometerla. Él siempre trata de hacer lo que es correcto.

Cuando usted tropiece, y algunas veces caiga, recuerde las palabras de David: “Por El Eterno son ordenados (establecidos) los pasos del hombre… Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque El Eterno sostiene su mano” (Sal. 37:23-24). Al igual que un padre levantando y sosteniendo a un niño, Dios regularmente levanta y “sostiene” a Sus hijos. Permita que esta maravillosa promesa de Dios le aliente cuando se sienta desanimado por haber quedado corto en el camino cristiano.

¿Qué acerca de la muerte?

Recuerde, la meta de un cristiano es convertirse como Cristo y el Padre — hacerse perfecto como Dios es perfecto (Mat. 5:48). ¿Qué si una persona muere antes de haber alcanzado esa perfección? ¿Fracasó tal persona? ¿Está uno perdido porque no llegó a ser completamente perfecto en esta vida?

Ningún ser humano llegará a ser absolutamente perfecto mientras esté aún en la carne. Siempre debe continuar buscandoluchando por — ser como Cristo a lo largo de su vida.

La perfección es una meta que lleva consigo una forma de vida que ha de gobernar cada pensamiento, acción y palabra de la persona. Dios ve el corazón, la intención de la persona que se rinde a Él. En tanto esté creciendo espiritualmente y venciendo — y siendo guiado por el Espíritu Santo — continua siendo un hijo convertido y engendrado de Dios. La muerte no cambia nada, puesto que Dios está a cargo de la vida del cristiano. Cuando un cristiano muere simplemente “duerme en Cristo”. Está esperando la resurrección de todos los santos hacia el reino de Dios (I Cor. 15:50-55; I Tes. 4:13-18).

El pecado imperdonable

Muchos se preocupan de haber cometido “el pecado imperdonable”. Yo he aconsejado a docenas de personas que estaban llenas de miedo y ansiedad, porque temían, o a veces incluso estaban “seguras”, de ser culpables de este pecado imperdonable. Después de aconsejar a estas personas, siempre era claro que no eran culpables de ese pecado. Pero frecuentemente requería mucho consejo y explicación para asegurarles a estas personas que no habían cometido el pecado imperdonable.

Frecuentemente he tenido que explicar que la propia acción de estar preocupado prueba que la persona no ha llegado tan lejos como para ser culpable de este pecado. El pecado imperdonable implica un pecado voluntario, deliberado y premeditado, basado en una decisión clara y final de cometer cualquier clase de pecado y de permanecer en él. La actitud clave — central — es voluntariosa. Sí, muchos pecan voluntariamente — pero eso es muy diferente a pecar deliberadamente.

Cada vez que una persona peca, por supuesto, está dispuesta a hacer lo que hizo. Pero esta persona usualmente fue vencida por alguna clase de tentación o circunstancia que permitió que se deslizara. Esta persona muy pronto se lamenta de lo que ha hecho y desea cambiar — desea arrepentirse y ser perdonada — y esto es acompañado por la determinación de hacerlo mejor la próxima vez, entonces la persona está muy lejos de haber cometido el pecado imperdonable.

Dios es misericordioso e incluso está ansioso por perdonarle — ¡una vez que usted se arrepienta de corazón! Él dice que quiere que usted, y que todos aquellos a quienes llama, tengan éxito (II Pedro 3:9; I Tim. 2:4). Mientras Satanás tienta a las personas, esperando que fracasen, Dios periódicamente prueba a sus siervos, esperando que triunfen. ¡Dios no quiere que ninguno fracase!

Así que, si a usted le preocupa haber podido cometer el pecado imperdonable, aún le importa, y por tanto, ¡no lo ha cometido! Si no se ha apartado de Cristo voluntariosa y deliberadamente, ¡entonces no ha cometido el pecado imperdonable! Si se ha rendido a la tentación, y ha quebrantado una o más leyes de Dios, reconózcalo y confiéseselo a Dios. ¡Usted aún puede arrepentirse, cambiar y continuar en el camino hacia la vida eterna en el reino de Dios!

¡No se rinda! ¡No renuncie! El Rey Salomón escribió: “Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida” (Prov. 24; 10), y “porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal” (v. 16). Nunca “retroceda” (Heb. 10:38-39).

Cristo dijo: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mat. 24:13; 10:22). Un cristiano no es salvo automáticamente en el bautismo y la conversión. Si usted cae, levántese — busque a Dios, ¡arrepiéntase y siga adelante! ¡Dios continuará sosteniéndole si usted continúa perseverando! (Lea nuestro folleto ¿Cuál es el PECADO IMPERDONABLE? Éste describe y explica el comúnmente mal entendido tema en gran detalle, y por qué Cristo advirtió que algunos pueden ser culpables de cometerlo).

La parábola de las diez minas

Volteemos a una última parábola que ilustra la responsabilidad de un cristiano de crecer, si él o ella han de entrar al reino de Dios. En Lucas 19:11-27, Cristo se comparó a Sí mismo con un hombre noble que fue a un “país lejano”, un tipo de unirse al Padre en el cielo por casi 2,000 años, hasta Su Regreso. Los discípulos creían que el reino “aparecería inmediatamente”, y Cristo les quiso ilustrar que mucho tiempo pasaría antes que eso ocurriera.

El “Hombre noble” de la parábola les instruyó a sus “diez siervos” que incrementaran el valor de una “mina” (dinero) que Él le dio a cada uno de ellos para inversión. La mina en realidad representaba una clase de unidad simbólica de valor espiritual básico. Recuerde que era una parábola, así que Cristo no se estaba refiriendo a ninguna clase de dinero literal. Él les dijo a Sus siervos: “Negociad entre tanto que vengo” — o “incrementad” la mina en más dinero. Mientras el hombre noble estuvo ausente, varios de los siervos dijeron: “No queremos que éste reine sobre nosotros”. Es vital entender la intención de esta declaración.

Estos “ciudadanos” entendieron que el Hombre noble (Cristo) vendría a “reinar” sobre la tierra. Pero no querían tener parte en esto y rechazaron Su gobierno (reino) sobre ellos, y así su futura parte en él (vs. 27). Ellos entendieron que el reino de Dios sería un gobierno reinando sobre la tierra. Recuerde, la parábola había comenzado con el Hombre noble (Cristo) yendo al cielo a “recibir un reino y volver”.

Cuando regreso el Hombre noble, llamó a cada uno de los siervos ante Su presencia para que le rindieran cuentas de cómo había incrementado cada uno la mina que le había sido dada. Algunos habían ganado cinco minas, otros diez, etc., pero un siervo había sepultado su mina en la tierra y no produjo nada con ella. Cristo quería saber cuánto “había ganado cada hombre” mientras Él estuvo lejos.

El primer siervo había ganado diez minas y Cristo explicó su recompensa diciendo: “buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades” (vs. 17). El siervo que había ganado cinco minas fue puesto “sobre cinco ciudades”. Puesto que el segundo siervo había producido la mitad, su recompensa fue la mitad de lo que el primero recibió. Así, a estos hombres les fue dada “autoridad” — fueron puestos en posiciones de autoridad — “sobre las ciudades”. Su recompensa era “reinar” con Cristo (Judas 14) en Su reino mundial.

El siervo que guardó su mina en un pañuelo había despreciado una increíble oportunidad de calificar para recibir autoridad en el reino de Dios: Y Él [el Hombre noble, Jesús] le dijo: “mal siervo, por tu propia boca te juzgo”.

Este siervo no había crecido. No había producido nada con su vida y no había calificado para gobernar sobre ciudades en el reino de Dios. Cristo le dio la recompensa del mal siervo al que había ganado diez minas — a fin de que tuviera más que su propia recompensa. Las ciudades que este hombre había perdido a causa de su conducta tendrían que ser gobernadas por alguien. De otra forma habrían permanecido abandonadas, sin ningún gobernante asignado a tener autoridad sobre ellas.

A nadie le será dada autoridad antes de que haya probado que puede ser gobernado. Nadie puede ser parte del gobierno mundial de Dios, a menos que haya aprendido a someterse al gobierno de Dios y que sea gobernado por Dios y Jesucristo en esta vida. ¡Esta es la lección tan importante de la parábola de las diez minas!

Ahora ¿qué hará usted? ¿Crecerá, calificará y desarrollará carácter espiritual — ganará más minas que cuando comenzó? ¿Obtendrá Dios alguna “ganancia” de Su inversión en usted? ¿O enterrará su mina, y con ella su oportunidad de gobernar en el reino de Dios?

Dios ve el corazón

En su folleto ¿Qué significa la CONVERSIÓN?, bajo el subtítulo “¿Qué hacer?”, Herbert W. Armstrong escribió lo siguiente:

“Si usted ve a un cristiano haciendo algo equivocado, no se siente en juicio y condene — ese es trabajo de Dios, ¡no suyo! Tengamos compasión y misericordia — nosotros no conocemos el interior del corazón de los demás — solamente Dios lo conoce”.

“Y si usted mismo ha tropezado y caído, ¡no se desanime! Levántese y prosiga hacia adelante”.

“Dios ve el corazón — la actitud — la intención”.

“En tanto uno, en su corazón, tenga el verdadero deseo de andar en el camino de Dios con Él — esté profundamente apenado y se arrepienta al cometer un pecado ocasional — y esté buscando vencer el pecado, y hacer del camino de Dios su forma habitual de vida, tropezará en ocasiones, pero si lo confiesa y se arrepiente, será perdonado. Pero, si es diligente en la vida cristiana, sus tropiezos ocasionales serán menos y menos — y estará haciendo buen progreso, venciendo, creciendo espiritualmente y en carácter justo y santo”.

“¿Cuál es su actitud? Cuando usted ha pecado, ¿ha sido descuidado e indiferente al respecto? Entonces está en terreno peligroso. ¿Lo justifica, o siente que otros tienen la culpa? Eso nunca justificará sus pecados. ¿Aún desea ir por el Camino de Dios? Entonces no es demasiado tarde. Apártese de los pecados, confiese sus pecados — a Dios. ¡Arrepiéntase! Levántese, con la ayuda de la mano de Cristo, y siga venciendo y creciendo espiritualmente”.

“(Y si usted es uno que nunca se ha arrepentido realmente, ni ha sido bautizado, ni ha recibido el Espíritu Santo de Dios — pero lo desea seriamente — usted pudiera desear entrar en contacto con uno de los verdaderos ministros de Dios…)”

“Pero recuerde, una vez que usted sepa que se ha arrepentido realmente y que ha sido perdonado, no repita el (los) pecado(s), sino olvídelos. Como lo escribió el apóstol Pablo: ‘olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús’ (Fil. 3:13-14)”.

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