¿Hay vida después de la muerte?

Por David C. Pack

¿Dónde están los muertos? ¿Qué están haciendo? ¿Tienen ellos conciencia de los que viven? ¿Pasan los muertos “a mejor vida” en el cielo o en el infierno? ¿Tienen las personas almas inmortales? ¿Pone realmente el suicidio fin a todo? ¿Verá usted nuevamente a los seres queridos que han muerto? ¡He aquí las respuestas bíblicas!

¿Es esta vida todo lo que hay? Muchas religiones profesan saber lo que sucede después de la muerte. No obstante, éstas no están de acuerdo. ¿Por qué tal confusión acerca de la vida después de la muerte? ¿Por qué tal misterio — tal desacuerdo?

Esta pregunta de la vida después de la muerte ha confundido a la humanidad a lo largo de las eras. Hace miles de años, el patriarca Job preguntó: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:14). Esta pregunta permanece hoy.

La mayoría de los cristianos profesos creen que poseen un alma inmortal. A ellos les ha sido enseñado que los muertos van ya sea al cielo o al infierno. La mayoría de ministros, evangelistas y religiosos hablan libremente de “cuando todos lleguemos al cielo”. Ellos declaran que ésta es una enseñanza bíblica. Pero, ¿es eso cierto?

No debemos asumir. Jesús dijo: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres” (Marcos 7:7-8). Los hombres tienen sus propias ideas — sus propios mandamientos, sus propias tradiciones — basadas invariablemente en asunciones bíblicas. Si la Biblia es la Palabra de Dios, debemos examinar lo que ésta dice en realidad, no lo que las personas dicen que dice. Esté dispuesto a hacer a un lado las tradiciones más queridas para reemplazarlas con la escritura.

Luego, esté dispuesto a creerle a Dios, no a los hombres.

El momento de la muerte

Antes de responder la pregunta “¿hay vida después de la muerte?”, examinemos qué sucede al preciso momento de la muerte. Recuerde, Job preguntó: “¿volverá a vivir?” ¿Qué quiso decir él con “volverá”? Si los muertos están realmente vivos de manera permanente, ¿cómo pueden ellos volver a vivir?

La paga del pecado

Si usted tiene un empleo, usted recibe cheques de pago regulares. Éstos representan el sueldo que se le paga por el trabajo hecho. ¿Qué acerca de Dios? ¿Paga Él salarios alguna vez? Note Romanos 6:23: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Aquí, la vida eterna es contrastada con la muerte — ¡perecer! La paga del pecado es muerte, no vida. Veremos que este entendimiento no es compatible con la tortura eterna en el infierno.

No hay misterio acerca del significado de la paga que un empleador da a un empleado por su trabajo. ¿Por qué debería haber confusión respecto al significado de la paga que Dios da al pecador por sus obras? Él les paga a los malvados un cheque de muerte — no de vida en un lugar de tormento. La Biblia dice lo que dice, y lo dice en serio. (Lea nuestro folleto La autoridad de la Biblia… ¿puede ser probada?).

¡Considere esto! Quizás el versículo más familiar y más frecuentemente citado de la Biblia no es comprendido por nadie. Juan 3:16 dice: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” [Biblia de Jerusalén]. Millones citan este versículo mientras ignoran uno de sus puntos clave.

Vuelva a leerlo. ¡Note que reproduce exactamente Romanos 6:23! Esta vez, la vida eterna es contrastada con perecer — muerte.

La palabra griega traducida como perezca es apólumi y significa: “destruir completamente, morir, perder, perecer”. No hay duda de lo que estas palabras significan. Los artículos “perecederos”, tales como las frutas y los vegetales, son aquellos que se pudren — hasta que son “destruidos completamente” o “se pierden”. Esto no es difícil de entender cuando estamos hablando acerca de otra cosa que no sean seres humanos. A aquellos quienes reciben salvación se les promete que “no perecerán” ¡sino “tendrán vida eterna”! Si el infierno es un lugar de tortura eterna, entonces las personas que allí sufren tienen vida eterna. Pero el versículo dice “no perezca” y no “no sufra vida eterna en tormento”.

¿Cómo se relaciona la palabra perecer con la enseñanza popular acerca del infierno? ¿Por qué inspiró Dios a Juan a usar esta palabra si esto no era lo que Él realmente pretendía?

¿Tienen las personas almas inmortales?

La idea de un infierno que siempre arde es inseparable de la idea que todos los seres humanos tienen almas inmortales. ¿Es esto lo que Dios dice? ¡Prepárese para ser sorprendido!

La mayoría de las personas no entiende la relación entre los hombres físicos y las almas. A usted probablemente le fue enseñado en la escuela dominical que todos los seres humanos nacen con un alma inmortal. La creencia común es que tras la muerte, las almas de los pecadores que no se arrepintieron van al infierno para siempre.

Pero, si la paga del pecado es muerte, ¿cómo es que la Biblia también puede enseñar que las personas tienen un alma que es inmortal?

Génesis 2:7 declara: “Formó, pues, el Eterno Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fue el hombre en alma viviente” (Reina Valera 1909). Este versículo no dice que los hombres tienen almas. Aquí dice que son almas. Adán se convirtió en un alma — a él no le fue dada un alma. Entonces, casi de inmediato, Dios le advirtió: “Y mandó el Eterno Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (vs. 16-17). La palabra hebrea aquí también significa “destruir”. Al ser colocados juntos, estos versículos expresan claramente que los hombres son almas ¡y que las almas pueden morir!

El profeta Ezequiel fue inspirado a escribir (dos veces): “el alma que pecare, esa morirá” (18:4, 20). La muerte es la ausencia de vida. Es la interrupción — cesación — de la vida. La muerte no es vida en otro lugar. No es dejar “esta vida” por “otra vida” — en la “siguiente vida”.

Además, considere Mateo 10:28: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel [Dios] que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. ¡La Biblia dice que las almas pueden ser destruidas! De acuerdo con este versículo, éstas pueden ser destruidas tanto como pueden serlo los cuerpos. Nadie duda que todos los cuerpos mueren eventualmente. Cuando lo hacen, estos también se descomponen y con “destruidos” completamente debido al proceso natural de corrupción. Cualquier enterrador reconoce este proceso. ¡Este versículo presenta el hecho de que Dios hace la destrucción de las almas en el infierno! Los cuerpos pueden morir y ser destruidos de muchas maneras diferentes. Sin embargo, las almas son destruidas en el infierno por Dios.

He aquí lo que el profeta Malaquías escribió acerca del estado final de los malvados, quienes han sido destruidos en el infierno: “Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho el Eterno de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. Más a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho el Eterno de los ejércitos” (Mal. 4:1-3). Abdías 16 amplía esto con: “…y serán como si no hubieran sido”. (Lea nuestro folleto La verdad acerca del infierno, para aprender mucho más).

Los muertos estarán tan completamente “muertos”, que será como si ellos jamás hubieran existido. Ciertamente, si ellos estuvieran rostizándose en el infierno para siempre junto a otros millones, y otros millones estuvieran “en el cielo” viéndolo, este versículo difícilmente podría aplicar.

¿Están conscientes los muertos?

¿Qué acerca del momento preciso de la muerte? ¿Qué sucede exactamente?

Las mentes humanas se diferencian de los cerebros animales por el pensamiento inteligente. Presumiblemente, si los muertos no están muertos, sino que en realidad están vivos, entonces ellos deben ser capaces de algún tipo de pensamiento inteligente. Ellos, al menos, deben estar conscientes de su entorno. Consideremos una serie de escrituras.

Primero, note Salmos 146:3-4: “No confiéis… en hijo de hombre… pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos”. Cuando las personas mueren, sus pensamientos terminan inmediatamente — “en ese mismo día”. Eso es lo que su Biblia dice.

Este versículo tampoco es compatible con la idea de que los muertos están, ya sea vivos en el cielo o sufriendo conscientemente en un lugar de tormento. Podríamos suponer que, si ellos estuvieran gozando de salvación, ¡ellos ciertamente sabrían que lo están haciendo! ¿Podrían los atormentados, de alguna forma, no estar conscientes de que están sufriendo?

Pregúntese: ¿Cuál sería el punto de su sufrimiento, o de su gozo de la salvación, si ellos no pudieran saberlo? La muerte (en realidad vida) en el infierno tendría que ser como si ellos estuvieran en coma — completamente inconscientes de lo que sucede a su alrededor — mientras su sistema nervioso está sintiendo la agudísimamente dolorosa sensación de quemarse. ¿Cómo podría esto funcionar?

Use la siguiente analogía. Antes de que alguien sea sometido a una cirugía mayor, él es anestesiado — puesto inconsciente — a fin que no experimente dolor. Los médicos entienden esto — ¿por qué no lo entienden los teólogos y religiosos? ¿Por qué niegan ellos las claras afirmaciones de la Biblia?

Algunos ignoran voluntariamente el mensaje de la escritura. Ellos alegan que solamente los pensamientos “mortales” perecen, en el sentido que los muertos dejan este plano terrenal y experimentan un misterioso, diferente y nuevo tipo de “pensamiento”. Por supuesto, esto es ridículo, y la Biblia no lo dice, pero debemos al menos examinar la idea. Consideremos ahora un versículo aún más directo.

Note Eclesiastés 9:5: “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben…”. ¡Un lector honesto no puede malentender esto!

Salomón también registró: “Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestiaTodo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo” (Eclesiastés 3:19-20).

Ahora considere el Salmo 115:17: “No alabarán los muertos al Eterno, ni cuantos descienden al silencio”. La muerte significa “silencio”. Esto ciertamente no concuerda con los conceptos populares de que millones de muertos se lamentan y gritan en agonía — o reciben inmediatamente vida eterna en el cielo, o en alguna otra parte, con otros millones, supuestamente conversando, cantando, tocando arpas y alabando a Dios. ¡Ninguna de estas escenas podría ser descrita como silencio!

Salmos 6:5 explica además que los muertos no experimentan memoria consciente: “Porque en la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quién te alabará?” ¿Podría alguien sugerir que los muertos, sufriendo en el infierno, puedan experimentar el rango normal de memoria humana, pero no puedan estar conscientes de Dios — no puedan “recordarle”? ¿Pondría Dios a las personas en el “infierno” y luego las dejaría sufrir para siempre, preguntándose cómo fue que llegaron allí — quién las puso allí — porque no tienen “memoria” de nada relacionado con Dios?

Aplicar la misma pregunta a aquellos quienes recibieron salvación es aún más ridículo. ¿Podrían las personas “deambular por el cielo todo el día” y no estar conscientes de que están en la presencia de Dios, o aun de quién es Él?

¡No! ¡Cuando las personas mueren, están muertas!

Hasta el momento, no hemos explicado todo acerca de la vida después de la muerte, pero sabemos que la vida posterior ¡no ocurre inmediatamente tras la muerte! Hemos establecido que cuando una persona muere, ¡está muerta!

Pero entonces ¿qué sucede?

La resurrección de los muertos

Recuerde dejar siempre que la Biblia interprete a la Biblia. El mantener simples las verdades que ésta contiene, permite que las ideas vacías de los hombres caigan como un castillo de naipes.

He aquí por qué los muertos no tienen conocimiento o memoria de Dios.

Jesús dijo: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación [griego: juicio]” (Juan 5:28-29).

Cristo entendió que la mayoría encontraría esto sorprendente. Por eso es que Él les dijo a los discípulos “no os maravilléis de esto” — Él entendía que la mayoría de las personas se maravillarían ante el pensamiento de que todos los que han vivido alguna vez están ahora “en el sepulcro”, ¡esperando la resurrección! Usted tampoco debería maravillarse ante las palabras de Cristo. ¡Acéptelas! Él dijo que “todos” los que están en el sepulcro, no “algunos”.

No hay pensamientos conscientes ni recuerdo de Dios después de la muerte porque todos los que han muerto están ahora esperando una de las resurrecciones a las que Cristo se refirió. Todas las personas serán resucitadas, sea a vida eterna o a juicio. Esto es lo que dice la Palabra de Dios.

No es sorpresa que David dijera: “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza” (Sal. 17:15). Él entendió que la resurrección era un despertar de vuelta a la vida.

Job también esperaba la resurrección. Note los versículos que rodean la pregunta a la que nos referimos anteriormente: “¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol [sepulcro], que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira [el venidero Día del Señor, o Día de la Ira de Dios], que me pusieses plazo, y de mí te acordaras! Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación. Entonces llamarás, y yo te responderé” (14:13-15).

Job no pidió que Dios escondiera su cuerpo en el seol. Él le pidió a Dios: “me escondieses… me encubrieses… me pusieses… de te acordaras”. Él también reconoció que Dios lo mantendría “encubierto”. Pregúntese cómo encaja esto con estar en el cielo o en el infierno. De ser así, Dios sería muy malo para guardar secretos y el resto del versículo no tendría sentido.

Ahora vea la pregunta de Job — “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” Si Job aún iba a estar vivo tras la muerte, ¿cómo podría él “volver a vivir? Job sabía que él estaría “esperando… en el sepulcro” por su resurrección en un “plazo señalado”, cuando él sería “transformado”.

Pero, ¿qué significaba que él sería transformado?

Pablo también escribió acerca del “cambio” que les espera a todos los cristianos verdaderos. Examine cuidadosamente I Corintios 15:51-52, 54: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta… y los muertos serán resucitados… y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces [no todavía] se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”. Ciertamente es casi un misterio completo para el mundo que habrá un despertar venidero y un cambio en la resurrección.

También debemos preguntar: ¿cómo puede alguien pasar de “mortal” a “inmortal” si ya tiene un alma inmortal? Esta idea también es un misterio — pero, a diferencia de los misterios de Dios, este es uno de los “misterios” inventados por los hombres, que no puede ser comprendido ni resuelto, porque no tiene sentido.

¿Ve usted la absurda lógica de los hombres cuando ellos ignoran escrituras claras?

Tal como Job comprendió que él sería “transformado”, y David comprendió que él “despertaría”, Pablo entendió que los cristianos serán “transformados” — despertarán de su “sueño” — una vez haya llegado la resurrección. En la resurrección, las personas literalmente se despertarán de la muerte.

Pregúntese: ¿cómo pueden ser resucitadas las personas si éstas ya están vivas como almas inmortales? Solamente los muertos necesitan ser resucitados, como lo fue Cristo de la tumba. Ese es el propósito de una resurrección. ¡No sea embaucado por engañadores que dicen: “la resurrección solamente aplica al cuerpo, ya que el alma ha permanecido viva”! Usted ya ha visto numerosas escrituras que desmienten esa falacia.

Tras el examen más básico, las ideas de hombres inteligentes son expuestas con frecuencia como completas tonterías. Los hombres inventaron el concepto popular del infierno como un medio para amedrentar a las personas, a fin de que siguieran las falsas religiones que ellos habían creado. El verdadero Dios jamás rostizaría a las personas por toda la eternidad — sin permitirles quemarse, ni terminar misericordiosamente su sufrimiento. Eso es lo que un monstruo haría. Pero entonces, los dioses ficticios, humanamente concebidos, sí “harán” y “enseñarán” cualquier cosa que sus creadores hayan decidido por ellos.

Miles de millones han vivido y muerto sin conocer el nombre de Jesucristo, y sin haber tenido una oportunidad para la salvación. Si los que no son salvos van directamente al infierno tras la muerte, ¡entonces más de la mitad de las personas que han vivido están aún allí!

Puesto que ningún humano ha regresado alguna vez de los muertos para ofrecer un reporte de primera mano, debemos elegir, ya sea creer las ideas de los hombres o buscar en las escrituras para ver qué revela Dios acerca del tema.

Tres resurrecciones

Recuerde que “todos los que están en el sepulcro” serán resucitados eventualmente. De hecho, la Biblia enseña que el plan de Dios incluye tres resurrecciones separadas. Apocalipsis 20 describe cada una. Ya hemos discutido la primera resurrección. El versículo 4 explica que los santos reinarán sobre la tierra con Cristo por 1000 años después de que Satanás haya sido atado (vs. 1-2). Discutiremos más de la primera resurrección posteriormente en el folleto, pero el versículo 5 explica que “los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años”.

Al final de los 1000 años vendrá la segunda resurrección. Esta incluirá a los miles de millones de personas, desde el tiempo de Adán, que jamás tuvieron una oportunidad de conocer la verdad. El mundo ha estado cortado de Dios (Isa. 59:1-2). Ahora continúe en Apocalipsis 20: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos… según sus obras” (vs. 11-12).

El libro de Ezequiel contiene un capítulo fascinante que describe, en visión, un valle de huesos secos. Casi cada niño de escuela dominical canta acerca de los huesos descritos en esta visión, no obstante sin entenderlo. Tómese el tiempo para leer el capítulo 37 completo. Este ilustra a los millones quienes han sido parte de la nación física de Israel, antigua y moderna, (las 12 tribus, no solamente los judíos) recibiendo la oportunidad para la salvación espiritual que Dios jamás les ofreció en el Antiguo Testamento.

El versículo 11 los describe como “sin esperanza”. A Ezequiel se le instruyó que hablara a esta vasta pila de huesos secos desconectados. Note: “Así ha dicho… el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel” (vs. 12). Aquí, millones son descritos siendo resucitados de sus “sepulturas”. Es obvio que la resurrección que esto está describiendo es física, de vuelta a una existencia de carne y sangre.

Ezequiel continuó hablándoles a los huesos: “Así ha dicho el Eterno el Señor a estos huesos… yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis” (vs. 5-6). Los versículos 13-14 añaden: “Y sabréis [aún no] que yo soy el Eterno, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra…”.

¿Cuándo sabrá Israel lo que ha sucedido? ¡En la resurrección! Solamente entonces “sabrá” Israel que Dios los ha sacado del sepulcro. Ellos son parte de los miles de millones quienes resucitarán en la segunda resurrección. Este período es mencionado como el Juicio del Gran Trono Blanco (Apo. 20:11), y es el tiempo en que a todos los seres humanos les será mostrada la verdad. Dios “pondrá [Su] Espíritu [en ellos]”. La mayoría de las personas crecerán, vencerán y calificarán para recibir salvación y unirse a aquellos quienes los precedieron en la primera resurrección.

En una nota aparte, yo he aconsejado a varias personas quienes estaban considerando el suicidio. Todos los que son tentados a tomar esta salida fácil, pensando que esto pondrá fin a su sufrimiento y aflicción, deben considerar lo siguiente: Cuando las personas mueren, ellas no saben nada. No hay conciencia del paso del tiempo. En efecto, ellas se despertarán inmediatamente — sin tener conciencia del paso del tiempo — y encontrarán que aún tienen todos sus problemas antiguos, ¡y que han añadido la culpa del auto asesinato! El suicidio, entonces, no hace mejores las cosas. ¡Las hace mucho peores!

Hay una resurrección final, o tercera. Nos referimos a ella cuando leímos Malaquías 4:1-3 y Abdías 16. Apocalipsis 20:13-15 describe a aquellos quienes son resucitados y les es mostrado lo que se perdieron en el Reino de Dios, antes de ser lanzados al lago de fuego (v. 15). II Pedro 3:10-12 describe el tiempo en que los malvados son quemados y se convierten en “cenizas bajo las plantas de los pies de los justos”.

El capítulo de la resurrección

I Corintios 15 ha sido llamado el “Capítulo de la resurrección”. Ya lo hemos citado, pero examinemos mejor este capítulo. Aunque habla principalmente acerca de la primera resurrección, es un resumen del plan de tres resurrecciones de Dios.

El versículo 26 declara: “Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte”. En los funerales, los ministros del mundo frecuentemente ilustran a la muerte como “un antiguo amigo” al cual uno encuentra al final de “la carretera de la vida”. ¿Ha escuchado usted frecuentemente esta frase, o una similar? La Biblia llama a la muerte un enemigo — ¡no hay nada “amigable” con los enemigos!

Los versículos 22-23 declaran: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados [a través de una resurrección]. Pero cada uno en su debido orden…”. Note dos puntos. Primero, cada persona tendrá una oportunidad de salvación. Segundo, la oportunidad de cada persona vendrá “en su debido orden”. Hemos visto que todas las partes del plan de Dios no se cumplen en una resurrección.

El versículo 23 continúa hacia el 24: “Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin…”. Cristo fue el comienzo — “las primicias” — de la primera resurrección, la cual incluirá a todos los santos. Pero, “luego el fin” hace referencia al resto del maravilloso Plan Maestro de Dios, el cual continuará a medida que el reino de Dios sea establecido sobre la tierra al Regreso de Cristo.

Ese tiempo está justo al frente.

El evangelio de Cristo — Un anuncio por adelantado

Como un portador de noticias muy adelantado a su tiempo, Cristo vino anunciando un cambio completo en la forma en que el mundo sería gobernado un día. Con este cambio vendría una paz mundial, felicidad y prosperidad sin precedentes.

A dondequiera que Cristo iba, Él hablaba del reino de Dios. Este era el centro de la mayoría de Sus parábolas. Cuando Él comisionó a Sus doce apóstoles y los envió a predicar, Su única instrucción fue predicar acerca del reino (Lucas 9:1-2). Cuando Él, posteriormente, envió a Sus setenta discípulos (Lucas 10:1), Él también les ordenó predicar el reino de Dios (v. 9). Pablo predicó este mismo mensaje del “reino de Dios” adondequiera que él iba (Hechos 19:8; 20:25; 28:23, 31).

Adondequiera que Él iba, Jesús anunciaba: “arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Pero, ¿qué es exactamente el verdadero evangelio? La verdad del evangelio ha permanecido oculta para la vasta mayoría de los cristianos profesos. Desde el primer siglo ha habido una conspiración por engañar a los cristianos prospectos acerca del significado del evangelio. Por sorprendente que parezca, esta declaración es verdad.

La mayoría creen que el evangelio es acerca de la persona de Jesús. Ciertamente, Jesús es un tema importante, pero Él no es el evangelio. La Biblia muestra que Jesucristo es predicado en conjunto con el evangelio.

Algunos proclaman un “evangelio de salvación” o “evangelio de gracia”. Otros creen un “evangelio de milagros” o un “evangelio social”, o un “evangelio de alimentos”, o de “sanidad” o “fe”. También están los que simplemente piensan en “música evangélica” cuando escuchan la palabra “evangelio”. ¡Todas estas son ideas hechas por el hombre, y no por lo que la Biblia dice!

¡Note nuevamente el relato de Marcos! “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios” (1:14). Ese es el evangelio que Jesús predicó. En este contexto, Él había dicho: “arrepentíos, y creed en el evangelio”. ¿Cuál evangelio? Del “reino de Dios”. El versículo uno se refiere a esto cuando dice: “Principio del evangelio de Jesucristo”. El evangelio de Cristo era acerca del reino de Dios — ¡no otra cosa! Uno debe creer ese evangelio para ser salvo — no una falsificación o sustituto.

La verdad de este tema es tan vital que Dios inspiró a Pablo a advertir poderosamente a todos los que pervirtieran el evangelio: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Más si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gal. 1:6-9).

¡Esta es una fuerte declaración! En el siguiente capítulo (2:5), Pablo continuó enfatizando la esperanza de que “la verdad del evangelio permaneciese con vosotros”. Entonces, puesto que hay un evangelio verdadero, ¡todos los otros deben ser falsos! Esta escritura también revela que Pablo jamás enseñó un evangelio diferente o adicional, como algunos alegan.

Los discípulos de Cristo le preguntaron cuál sería la señal de Su Venida y del fin de la era (Mat. 24:3). Él advirtió sobre el engaño de los muchos que vendrían “en Su Nombre”, diciendo “Cristo era Cristo” (v. 5). Él explicó que se haría énfasis en Su persona, en vez de en el mensaje que trajo (lea nuestro folleto El caballo blanco – Muchos vendrán en mi nombre). Pero, justo nueve versículos más adelante, Él profetizó: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (v. 14).

Ahora estamos en el tiempo del fin y La Iglesia de Dios Restaurada está predicando este evangelio. Recuerde, si el reino de Dios hubiera sido predicado a lo largo de los siglos, desde Cristo hasta el presente, el proclamarlo hoy no podría ser una señal de que el mundo ha llegado al final de la era. ¡Pero no había sido predicado! Los impostores y falsos líderes suprimieron el verdadero evangelio hasta el siglo XX. Comenzando en 1934, Herbert W. Armstrong comenzó el cumplimiento de esta profecía. Esto continúa hoy.

Mensaje acerca de gobierno

Los términos reino y reino de Dios son encontrados muchas veces a lo largo del Nuevo Testamento. No obstante, ¡es absolutamente sorprendente cómo casi todos han perdido el conocimiento de qué es! El mundo entero yace en ignorancia acerca del significado del reino de Dios.

La palabra “evangelio” significa simplemente buenas nuevas. De igual forma, la palabra “reino” es un término que significa gobierno. En otras palabras, Cristo predicó “las buenas nuevas del gobierno de Dios”. La llegada de la paz mundial, la felicidad y la abundancia ciertamente serán buenas nuevas para un mundo que no ha conocido estas cosas por 6,000 años.

Previo al nacimiento de Jesús, un ángel apareció a Su madre, María. Estos versículos describen el encuentro y lo que a ella le fue dicho: “…el ángel Gabriel fue enviado por Dios a… Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida… Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:26-33).

En Juan 18:36-37, Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo”. Él estaba parado ante Pilato en juicio por Su vida, y Pilato le preguntó: “¿Luego, eres tú rey?” Cristo respondió: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo”. ¡Cristo nació para ser un rey!

He aquí lo que fue profetizado en Isaías acerca de Cristo: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre” (Isa. 9:6-7). Cuando Cristo establezca el gobierno de Dios sobre la tierra, ¡éste traerá paz permanente a cada nación!

Entrar en el reino

La Biblia enseña que el reino de Dios gobierna sobre las personas y naciones de la tierra. Las naciones no son parte del reino, como tampoco lo es un ciudadano promedio de algún país en el gobierno que lo rige. Una persona debe entrar al reino para estar en él. Como distinción de aquellos quienes son gobernados por él, debemos preguntar, ¿quién está realmente en el reino?

Recuerde que Pablo dijo: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio…” (I Cor. 15:50-51). Ciertamente, como se mencionó, este es un misterio para casi todas las personas — que los seres humanos de carne y sangre no pueden entrar al reino de Dios — que es solamente en la resurrección que todos los verdaderos cristianos son transformados (nacidos de nuevo) de carne a espíritu. Veremos que es en este tiempo — y solamente en este tiempo — que los cristianos engendrados “nacen de nuevo”. Si hemos de creer en la clara verdad de la Biblia, ¡el reino de Dios no puede incluir personas de carne y sangre!

Muchas falsificaciones han suplantado el entendimiento correcto de lo qué es el reino de Dios. (Lea nuestro folleto ¿Qué es el reino de Dios? para entender este tema tan importante en toda la Biblia).

Un relato en Juan 3 es comúnmente malentendido por las personas quienes creen que pueden “nacer de nuevo” en esta vida (mientras aún son de carne y sangre) y, por tanto, “ven” el reino de Dios en esta vida (v. 3).

En este relato, Nicodemo, un fariseo, se acercó a Cristo y reconoció en el versículo 2: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro”. Él claramente admitió que él sabía quién era Cristo y que (Dios) lo había enviado a la tierra. Note que Nicodemo habló por más personas además de él cuando dijo: “sabemos”. Él se estaba refiriendo a sí mismo y a los otros fariseos, quienes reconocían quién y qué era Jesucristo. Estos líderes no podían negar el poder de Dios, evidente en los milagros que Jesús estaba realizando.

Los líderes religiosos, los fariseos, entendían bien que Él era un “maestro venido de Dios” con la verdad. No obstante, ellos aún lo llamaron blasfemo, ebrio, hereje, incitador de levantamientos, bastardo, ignorante, endemoniado, falso profeta, amigo de publicanos y pecadores, etc. — ¡y lo crucificaron!

Cristo le dijo a Nicodemo: “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (v. 3). Él estaba explicando que solamente a través del proceso de nacer de nuevo puede alguien “ver” el reino. Entonces, hay una limitante respecto a quién puede verlo. Cualquiera puede ver las cosas físicas. Este no es el caso con el reino de Dios. Capte estos puntos cruciales que Cristo resaltó.

En el versículo 5, Cristo dice que el que no “naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Sí, el reino es algo a lo cual se puede “entrar” — pero el versículo 6 explica la frase de Cristo “nacer de agua y del Espíritu”. Éste declara: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. La carne y la sangre no pueden entrar al reino de Dios — ¡pero el espíritu sí! Puesto que Cristo no quería dejar lugar para malos entendidos, Él comparó el espíritu con el viento.

El viento, al igual que el espíritu, es invisible. Éste no puede ser visto. Cristo le dijo a Nicodemo: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (v.8). Aquellos nacidos del espíritu serán como el viento — ¡serán invisibles!

Pero, ¿cuándo ocurre este cambio de composición física a espiritual?

I Corintios 15:49 declara: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos [en el futuro — tras la resurrección] también la imagen del celestial”. El versículo 53 declara: “Porque es necesario que esto corruptible [la carne ciertamente es corruptible] se vista de incorrupción [aquellos nacidos de Dios son espíritu], y esto mortal se vista de inmortalidad”. Es en este punto que la carne es cambiada a espíritu.

Génesis 2:7 declara: “Entonces el Eterno Dios formó al hombre del polvo de la tierra”. Aun los seres humanos convertidos están compuestos todavía de carne — del polvo de la tierra. Dios cambiará su carne a espíritu en la primera resurrección. ¡Todos aquellos quienes entren al reino de Dios deben estar hechos — compuestos — de espíritu!

Examinemos más esto. Mateo 22:30 declara: “Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo”. Hebreos 1:7 muestra que los ángeles están hechos de espíritu. Es importante entender esto acerca de nuestra composición en la resurrección. Pero no malentienda y piense que Cristo estaba diciendo que los santos resucitados serán efectivamente ángeles. Él simplemente quiso decir que ellos serían “como” los ángeles, en el sentido de que ni los ángeles ni los santos se casan.

¿Vida o muerte?

Su existencia humana es literalmente un asunto de vida o muerte. Jesús dijo: “…yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). No obstante, Pablo escribió: “todos pecaron” (Rom. 3:23) y “la paga del pecado es muerte” (Rom. 6:23). Hemos visto que los seres humanos no tienen almas inmortales. Recuerde, ellos son almas (Gen. 2:7).

El hombre no se dirige naturalmente hacia la vida eterna. ¡Él se dirige hacia la muerte! Los seres humanos viven aproximadamente 70-80 años (y en algunas partes del mundo mucho menos). Algunos pocos se las arreglan para vivir más que esto, pero todos mueren eventualmente (Heb. 9:27). No obstante, este jamás fue el propósito original de Dios. Su propósito supremo es que todas las personas tengan vida eterna (II Pedro 3:9; I Tim. 2:4).

Dios pretende que todas las personas reciban finalmente Su Espíritu Santo. Él quiere que éste entre eventualmente a todas las mentes. Note lo que Pablo escribió: “El Espíritu [Santo] mismo da testimonio a nuestro espíritu [el espíritu en el hombre], de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristopara que juntamente con él seamos glorificados” (Rom. 8:16-17). Dos espíritus son descritos aquí. El Espíritu de Dios trabaja “con” el espíritu humano (no un alma inmortal) para llevar a las personas a la salvación como “coherederas con Cristo”. (Lea nuestro folleto Lo que la ciencia jamás descubrirá acerca de su mente para entender más acerca de la diferencia entre el espíritu en el hombre y el Espíritu de Dios).

La verdadera conversión revelada

Romanos 8:6 declara: “Porque el ocuparse de la carne [lo físico] es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”. Cualquiera que ha recibido el Espíritu de Dios finalmente tiene vida inherente dentro de sí. Esto significa que tiene el potencial de convertirse en un “heredero” con Cristo. Esto es un entendimiento absolutamente extraordinario — desconocido para todos, ¡excepto algunos pocos sobre la tierra hoy día!

La mayoría de las personas han sido engañadas a creer que son cristianas simplemente porque han “aceptado a Jesús” o han “hecho una decisión por Cristo”, o “le han dado su corazón al Señor” — o alguna otra profesión similar de fe. Las personas han sido engañadas a creer que si se unen a una iglesia o se pronuncian “nacidas de nuevo”, esto las convierte en cristianas. ¡Cuán profundamente falso y contrario a las claras palabras de la Biblia!

Entonces, ¿cuál es la definición bíblica de un cristiano? He aquí lo que Pablo escribió: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom. 8:14). ¡Un cristiano es uno guiado por el Espíritu de Dios!

La recepción del Espíritu Santo ocurre de la siguiente manera. Tras el arrepentimiento y el bautismo, uno es colocado dentro del Cuerpo de Cristo, el cual es la Iglesia (Efe. 1:22-23; Col. 1:18). Por esa razón la escritura dice: “por un solo Espíritu [el Espíritu Santo] fuimos todos bautizados en un cuerpo” (I Cor. 12:13).

La Biblia declara que el mundo entero está esperando ahora la primera resurrección. Es entonces que los Hijos de Dios serán revelados. Note cuidadosamente: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios… porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Rom. 8:19, 21-22). Este versículo muestra que la creación espera la “liberación” de los “Hijos de Dios”. Ésta está “gimiendo” y “con dolores de parto” (esforzándose) hacia esta liberación — este nacimiento — de los Hijos engendrados de Dios, nacidos de nuevo en la resurrección y Regreso de Cristo.

¿Cómo será usted cuando nazca de nuevo?

En Génesis 1:26, Dios dijo que Él hizo a los seres humanos a Su “imagen” y “semejanza”. Este versículo quiere decir lo que dice. Dios lo creó a usted para convertirse “como” Él en todo sentido. A través de que Su Espíritu entre en la mente de cada uno de Sus hijos recién convertidos, una nueva vida espiritual inicia. Un pequeño embrión espiritualmente engendrado viene a existir. Justo como los niños pequeños crecen y se parecen a sus padres físicos, también los hijos de Dios toman lentamente la semejanza espiritual de Dios (su Padre), en naturaleza “divina” (II Pedro 1:4) y carácter justo y santo.

¡Tanto el Antiguo como el Nuevo testamento dejan este punto absolutamente claro! ¿Le ha mostrado alguien, alguna vez, las siguientes escrituras? Aunque muchos tienen una vaga noción de que los cristianos son “hijos de Dios”, pocos comprenden: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (I Juan 3:2). Nosotros tendremos la propia semejanza de Jesucristo. Recuerde que Romanos 8:16 dijo que somos “hijos” de Dios con Cristo.

David también entendió esto 1000 años antes, y registró: “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza” (Sal. 17:15). (Este versículo desacredita el popular engaño de la “visión beatífica” de que las personas no pueden ver realmente el rostro de Dios en la vida venidera). David entendió que él vería el rostro de Dios. También lo entendió Juan. Ambos comprendieron que, en la resurrección — cuando “despertemos” — seremos exactamente como Dios, en forma y carácter. Así, entonces, Dios se está reproduciendo a Sí mismo en aquellos quienes tienen Su Espíritu. ¡Él está creando hijos que se verán y serán justo como Él!

Varias escrituras revelan cómo se ve Cristo ahora. Su rostro brilla como el sol, Sus pies resplandecen como bronce bruñido y Sus ojos literalmente flamean como llamas de fuego (Mat. 17:2; Apo. 1:14-16; 19:12-13).

Además, Pablo reveló nuestro asombroso potencial cuando escribió: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:20-21).

¡Qué glorioso futuro a esperar!

El Espíritu de Dios en nosotros nos permitirá despertar en la resurrección. Note Romanos 8:11: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (también I Cor. 15 y I Tes. 4:13-18). Después de cumplir Su tarea de vencer el pecado y de convertirse en el Salvador de la humanidad, Cristo fue levantado para regresar a Su posición con el Padre.

Ahora, ¡entienda este punto! Es el mismo Espíritu, morando en nosotros desde el momento de la conversión, el que nos resucitará (a todos aquellos engendrados de Dios) para estar con Él en Su reino.

Al igual que el feto recién engendrado crece en el vientre de la madre hacia su nacimiento como bebé, el cristiano también debe crecer antes de que pueda dejar el vientre. Pedro escribió: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (II Pedro 3:18). Los cristianos han de crecer en esta vida. A fin de recibir autoridad divina y poder, como coherederos con Cristo, ellos deben calificar, a través de la edificación del carácter santo y justo de Dios.

La Iglesia alimenta a sus hijos

Jesús dijo: “edificaré mi Iglesia” (Mat. 16:18). Ésta es llamada “Jerusalén de arriba” — “madre de todos nosotros” (Gal. 4:26). Hebreos 12:22-23 aclara esto: “os habéis acercado a… la Jerusalén la celestialla asamblea general e iglesia… que están inscritos en los cielos. (La Biblia de Las Américas). Allí no dice que la Iglesia está en el cielo, sino, en cambio, que aquellos de la Iglesia están “inscritos en los cielos”. Esto es porque los muertos en Cristo aguardan ahora la primera resurrección.

Como cualquier buena madre, la Iglesia nutre y alimenta a sus hijos. Ella ha estado haciendo esto por 2.000 años. Pedro le instruyó al ministerio: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella… voluntariamente” (I Pedro 5:2). Pablo dejó aún más claro el rol de la Iglesia como Madre: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a… la estatura de la plenitud de Cristo” (Efe. 4:12-13).

Dos versículos adicionales demuestran que los “hijos” de Dios, al igual que cualquier otro hijo, han de “crecer”. Note que la Iglesia también es responsable de proteger a la manada de Dios de falsa doctrina: “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (vs. 14-15).

Es tarea del ministerio el enseñarle a la Iglesia la verdad y advertirle de los peligros de ser engañada por falsa doctrina. (Lea nuestro folleto ¿Dónde está la Iglesia de Dios? y nuestro libro ¿Dónde está la Verdadera Iglesia? – ¡Y su increíble historia! para aprender cómo identificar la Iglesia de Cristo).

Entonces, el hijo engendrado de Dios crece en el vientre de su madre — la Iglesia — como cualquier otro hijo crece durante los nueve meses del período de gestación. Mientras están en el vientre de la Iglesia, todos los hijos engendrados son alimentados con los nutrientes espirituales necesarios, a fin de que crezcan suficientemente para nacer en el reino como Seres Espirituales incorruptibles.

Los cristianos deben desarrollarse y madurar espiritualmente mientras están en el vientre. Los fetos humanos comienzan de un tamaño microscópico y crecen hasta el tiempo del nacimiento. El cristiano recién engendrado crece de la misma manera. Él comienza 99.9% espiritualmente inmaduro y progresa lentamente hacia la madurez espiritual — ¡y su nacimiento!

Cristo el primogénito — entre muchos

Al hablar de Cristo, Romanos 1:3-4 declara: “acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos”.

La mayoría ha escuchado que Jesús fue el Hijo de Dios, pero Él solamente fue “declarado” como el Hijo de Dios, en el sentido más amplio, “por la resurrección de entre los muertos”. Por supuesto, Él ya era el Hijo engendrado de Dios previo a Su nacimiento en el reino al momento de Su Resurrección.

Esta escritura muestra que Cristo nació físicamente de María, descendiendo de David, “según la carne”, y nació espiritualmente como Hijo de Dios “según el Espíritu… por la resurrección de entre los muertos”.

Regresando a Romanos 8, podemos entender mejor por qué. Note esto acerca del nacimiento de Cristo: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (v. 29).

Cristo es simplemente el primer Hijo de Dios “nacido de nuevo”. “Muchos hermanos” (todos aquellos con el Espíritu de Dios durante estos 6.000 años) se reunirán con Él a Su Regreso. Este entendimiento absolutamente sorprendente es conocido solamente por los pocos llamados hoy día (Juan 6:44, 65).

Una escritura asombrosa

Consideremos una sorprendente serie de versículos. Pablo citó a David, de Salmos 8:4-6, cuando él formuló la importantísima pregunta: “¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él?” (Heb. 2:7). Puesto que Dios es eterno, y se sienta sobre el universo entero y tiene todo el poder bajo Su control, no es sorpresa que David formulara esta pregunta.

La asombrosa respuesta está en el mismo versículo: “Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos”. Dios pretende compartir el gobierno de toda Su creación con Sus Hijos. Una vez más, Cristo es simplemente el primero de muchos Hijos.

El nacimiento de un primogénito no impide la llegada de hijos (o hijas) adicionales en la misma familia. Yo tengo dos hijos y soy un hijo primogénito, con un hermano menor. Mi padre fue el segundo hijo, teniendo un hermano mayor.

Pablo explica que Dios planea darles gran poder y autoridad a Sus Hijos: “Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas” (v. 8). Esto aún no ha sucedido, pero pronto ocurrirá — al Regreso de Cristo.

Ahora note: “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria , perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos”. Los versículos del 9 al 10 revelan el asombroso potencial previsto para todos los cristianos. El hijo engendrado de Dios ha sido llamado a “gloria” y a ser uno de “muchos hijos”. El sufrimiento y sacrificio de Cristo le permitió ser el “autor de la salvación de ellos” — y potencialmente de la suya.

Qué increíble futuro para aquellos a quienes Cristo “llama…hermanos”.

Finalmente, note: “Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos” (v. 11).

Este versículo muestra que los cristianos son “santificados” (apartados). ¿Cómo? Cristo declaró: “Santifícalos [a los cristianos engendrados] en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Las preciadas tradiciones y las fábulas de los hombres, acerca de la vida después de la muerte o cualquier otra cosa, carecen de valor. ¡Un cristiano es santificado por la verdad!

Si Cristo “no se avergüenza de llamarlos (nos) hermanos”, entonces nosotros, hijos engendrados de Dios, tampoco debemos avergonzarnos de defender la verdad que nos santifica. Nosotros debemos “crecer” a la estatura de Cristo (Efe. 4:13) reteniendo solamente las verdaderas doctrinas de Dios. Debemos calificar para estar un día al lado de Cristo sobre “todas las cosas”.

Los santos gobiernan con Cristo

Mateo 24:27 declara que cuando Cristo regrese, Su Venida será como un relámpago que brille de este a oeste. Será un evento extremadamente importante que nadie podrá pasar por alto.

Pero, ¿vendrá Él a gobernar la tierra por Sí mismo — o habrá otros con Él? Cuando Él establezca Su gobierno mundial, ¿formarán otros partes de la estructura de gobierno? Si los gobiernos de los hombres requieren los esfuerzos de muchas personas que asisten a un líder supremo, ¿podría el gobierno de Dios ser diferente?

El profeta Daniel habló de Cristo viniendo en las “nubes del cielo” (7:13). Antes de Su Regreso, Dios oficialmente le concede a Él la autoridad para gobernar al mundo.

El siguiente versículo (14) declara: “Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”.

Una vez más preguntamos: ¿gobernará Cristo solo, o gobernarán otros con Él? Exactamente ¿cómo pretende Dios administrar a todos los pueblos y naciones de la tierra?

Es crítico entender varios versículos más en Daniel 7. Ahora note el versículo 18: “Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre”.

¡Correcto! El llamamiento supremo de los verdaderos cristianos es unirse con Cristo para compartir la autoridad en el reino de Dios. Verdaderamente, Cristo es “rey de reyes y señor de señores”. Ese puede ser usted o cualquier otra persona que esté dispuesta a aceptar los términos de Dios para entrar al reino de Dios.

Los versículos del 19 al 20 arrojan más luz sobre lo que sucede cuando los santos regresan con Cristo. Su primera responsabilidad es reemplazar lo que Daniel llama la “cuarta bestia” (el final imperio mundial, al cual Cristo reemplazará a Su Regreso), el cual gobierna con la asistencia del “pequeño cuerno”. Este pequeño cuerno es el reino religioso que es lo mismo que la mujer que cabalga la bestia de Apocalipsis 17.

Note: “Y veía yo que este cuerno [el sistema babilónico de Apo. 17:5-6] hacía guerra contra los santos, y los vencía, hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino” (vs. 21-22).

Finalmente, el versículo 27 confirma aún más el maravilloso potencial que hay más adelante para los verdaderos santos de Dios: “y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”.

¿Qué podría ser más claro? No hay duda de por qué Cristo dijo: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre” (Apo. 2:26-27). Unos pocos versículos más adelante, Él añadió: “Al que venciere , le daré que se siente conmigo en mi trono…” (3:21).

La frase “en mi trono” es usada porque Cristo entendió que Su trono, a diferencia del trono del Padre en el cielo, está en la tierra. Lucas 1:32 muestra que Cristo se sentará en Jerusalén, en el trono de David. También vea Apocalipsis 5:10; 20:4; Mateo 5:5; Salmos 25:12-13 y 37:11. ¡No hay duda de que cuando Cristo regrese, los santos gobernarán con Él!

Pero es la responsabilidad del cristiano actualmente calificar a fin de ser parte del venidero reino de Dios. ¿Lo incluirá eso a usted?

Hay vida después de la muerte

Herbert W. Armstrong concluyó su folleto ¿Hay vida después de la muerte? con el siguiente resumen, bajo el subtítulo “Gobernando con Cristo”.

“Por esos primeros mil años, Jesús ha de reinar sobre el trono de Su antecesor terrenal, David, en Jerusalén (Isa. 9:6-7). Y ‘al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro…’ (Apo. 2:26-27). Pero, ¿cómo y desde dónde gobernaremos?

“Jesús dijo, otra vez: ‘Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono [en Jerusalén], así como yo he vencido, y [ahora] me he sentado con mi Padre en su trono’ (Apo. 3:21).

“Cuando nazcamos de Dios, seremos espíritu, ya no más humanos de carne y sangre. ¡Nos ha de ser dado poder!

“Como Daniel reveló, los santos entonces tomarán los reinos de las naciones de la tierra y los gobernarán por los primeros mil años — estableciendo la paz mundial y el gobierno divino bajo Cristo.

“¿Y después de eso? El pasaje en Hebreos 2 muestra que entonces, una vez más bajo Cristo, nos ha de ser dado poder para gobernar sobre el vasto universo entero — literalmente todas las cosas. Porque ese es el poder que le ha sido dado a Cristo ¡y también será nuestro como coherederos con Él!

“Sí, hay una vida después de la muerte para aquellos obedientes a Dios — ¡una vida espiritual de increíble potencial, más allá de lo que nunca hubiésemos podido soñar! ¿Podemos nosotros, los humanos, captar el asombroso presagio de estas sorprendentes verdades? Alcanzar la vida inmortal debería ser nuestra meta general. Porque ese es el regalo y el deseo de nuestro misericordioso Padre y Su Hijo Jesucristo”.

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