Las claves para la oración dinámica

La oración es vital para la vida espiritual de los cristianos. Ésta es una de las cinco herramientas del crecimiento cristiano. Sin embargo, esta herramienta es poco utilizada y grandemente mal aplicada. Muchos profesan ser cristianos y jamás oran. Otros dicen que sus oraciones nunca son respondidas. ¡Aquí están las claves para la oración dinámica!

Los cristianos oran. La oración es hablar con Dios. ¿Sabe usted cómo hablar con Dios?

Dios es su padre. Como Su hijo, usted debe hablar, conversar — orar — con Él.

Esto es mucho más importante de lo que usted pueda imaginarse.

Cristo enseñó “vosotros, pues, oraréis así”. ¿Qué manera enseñó Él — y la biblia?

Usted necesita saber — ¡y usted puede! Aquí están los pasos — las CLAVES — para una oración verdaderamente efectiva.

Condiciones para que una oración sea respondida

La biblia está llena de relatos de oraciones que fueron respondidas.

Moisés le rogó a Dios para que cambiara de opinión y no destruyera a la rebelde y carnal Israel (Núm. 14:11-19). Ana, quien era estéril, le imploró a Dios que le diera un hijo propio (I Sam 1:5-11). David le suplicó a Dios que lo perdonara por cometer pecados horrendos (Salmo 51). Y antes de ser crucificado, Jesús le pidió a Dios que protegiera a Sus discípulos (Juan 17:6-11).

Dios respondió las oraciones de ellos. Él también responderá las suyas.

Pero hay condiciones. Usted debe acercarse a Dios a SU manera, no como usted quiera. Usted necesita saber cómo orar — cuándo — qué tan seguido — dónde — y qué pedir. Las respuestas están en la Palabra de Dios.

Veamos las condiciones para que una oración sea respondida. La siguiente no es una lista exhaustiva. Otras condiciones serán cubiertas o ampliadas más adelante.

Pedir en fe: Usted debe creer — tener fe. El apóstol Pablo escribió: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6).

¿Por qué? Porque “es necesario que el que se acerca a Dios CREA que le hay” — que Dios existe — “y que es galardonador de los que le buscan” (mismo versículo). Si usted quiere que Dios responda a sus oraciones, usted debe primero creer que Él existe y que Él le escuchará. Eso requiere fe.

Cristo dijo: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mat. 21:22).

El apóstol Santiago agregó: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).

Pero, ¿qué es fe? Aquí está la definición de la Biblia: “Es… la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb. 11:1). La fe es su PRUEBA de que Dios cumplirá Sus promesas — es su GARANTÍA de que Él vendrá a su rescate. (Para aprender más, usted puede leer nuestro folleto ¿Qué es fe real?).

Dios no puede mentir (Heb. 6:18). Él siempre cumple Sus promesas. Y promete que si usted se dirige hacia Él, Él se dirigirá hacia usted (Zac. 1:3) — Dios responderá sus oraciones.

Pero usted debe reunir otras condiciones.

Ser diligente: Cuando la mayoría de las personas oran (para ser sanadas, encontrar trabajo, etc.), le piden a Dios una vez, quizás dos veces, y después se dan por vencidas.

Pero Cristo dijo “Pedid , y se os dará; buscad , y hallaréis; llamad , y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe ; y el que busca, halla ; y al que llama, se le abrirá . ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan ?” (Mat. 7:7-11; Luc. 11:9-13).

Permítale saber a Dios que tan seria es su petición.

Mantenga en mente que Él rara vez responde las oraciones en la manera o el límite de tiempo que la mayoría de las personas esperan. Dios hace las cosas a Su manera, de acuerdo a Su horario.

Si un asunto es importante para usted, no ore al respecto solamente una vez. Venga a Dios una y otra vez, no de una manera fastidiosa, sino con peticiones sinceras, de corazón. Sea diligente.

Una vez más, permítale saber a Dios cuán seria es su petición.

Orar por la voluntad de Dios, no por la suya: En el mundo, la mayoría de las personas oran por razones egoístas. Algunos le piden a Dios que los bendiga ganándose la lotería. Otros oran para que sus enemigos reciban “lo que se merecen”. Pero, ¿están ellos buscando la voluntad de Dios?

Note Santiago 4: “Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (vs. 2-3). Si su mente está puesta en lujurias absurdas y carnales, Dios no le escuchará.

Sus peticiones deben estar centradas en lo que Dios desea. El apóstol Juan escribió: “Y esta es la confianza que tenemos en él [Dios], que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (I Juan 5:14-15).

Justo antes de ser arrestado, torturado y crucificado, Jesús clamó a Dios en angustia. Él oró: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mat. 26:39).

Humanamente, Jesús no quería sufrir la brutal tortura y muerte que le esperaba. Sin embargo, Él aún oró porque se hiciera la voluntad de Dios, no la de Él mismo. Cristo siempre puso a Dios primero. Él siempre se acercó a Dios con una actitud doblegada y humilde. Siga el ejemplo de Cristo y Dios responderá sus oraciones.

Usted puede conocer la voluntad de Dios a través de estudiar Su Palabra. La Biblia contiene más de mil páginas y 750,000 palabras que expresan la voluntad de Dios. Si usted la estudia a diario, remplazando sus pensamientos con los de Él, usted puede entender lo que Dios quiere.

Por ejemplo, note (Jeremías 9): “Así dijo el Eterno: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy el Eterno, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice el Eterno” (vs. 23-24).

¿Reflejan sus oraciones bondad (misericordia, compasión por los demás), juicio divino (sabiduría basada en el verdadero entendimiento bíblico), y justicia (obediencia a las leyes de Dios; vea Salmo 119:172 y 111:10)?

Tener una actitud humilde, doblegada: La mente carnal es engañosa — aun para sí misma (Jer. 17:9). Ésta es naturalmente hostil hacia Dios y Su leyes espirituales. Ésta no puede obedecer a Dios (Rom. 8:7-8).

El cristianismo del mundo no entiende esto. Sus religiosos, profesores y líderes no lo predican.

No obstante, la Biblia enseña que Dios sólo escuchará a aquellos que sean enseñables, humildes y que estén rendidos a Él. Note Isaías 66 “El Eterno dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice el Eterno; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (vs. 1-2).

Jesús usó una parábola para enseñarles una valiosa lección a “unos que confiaban en sí mismos” (Lucas 18:9):

“Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano [recaudador de impuestos]. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano” (vs. 10-12). El fariseo “sabía” que Él era el regalo de Dios para la humanidad.

“Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador” (v. 13). El recaudador de impuestos se vio a sí mismo desde la perspectiva de Dios y se humilló.

Cristo continúo, “Os digo que éste [el recaudador de impuestos] descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (v. 14). Dios no escuchará las oraciones del orgulloso y arrogante.

Guardar la Ley de Dios: Para comenzar a entender la voluntad de Dios, usted debe obedecerle. David escribió: “El principio de la sabiduría es el temor del Eterno; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos” (Salmo 111:10).

Mientras más obedezca usted a Dios, más entendimiento le dará Él. Y mientras más reciba, más espera Dios que usted le obedezca.

Cuando usted hace esto, Dios promete, “Amados, si nuestro corazón no nos reprende” — porque elegimos deliberadamente el camino de vida de Dios y dejamos de pecar — “confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (I Juan 3:21-22).

Dios escucha a aquellos quienes le obedecen. Así de simple.

Cuando Jesús vivió en la tierra, Él sabía que Dios siempre respondería a sus oraciones. He aquí por qué: “porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29).

Si usted sigue los pasos de Jesús y obedece a Dios, ¡sus oraciones serán respondidas!

Considere esto: “El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable” (Prov. 28:9).

Si usted no escucha (y obedece) a Dios, ¡Él no lo escuchará a usted!

Acercarse a Dios con una conciencia limpia: Cuando usted peca — quebranta las leyes de Dios — Él no puede escucharlo: “He aquí que no se ha acortado la mano del Eterno para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Isa. 59:1-2).

En el Salmo24, David preguntó: “¿Quién subirá al monte del Eterno? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón” (vs. 3-4).

El también escribió: “Si en mi corazón [mente] hubiese yo mirado a la iniquidad [pecado], el Señor no me habría escuchado” (66:18).

Confiese sus pecados delante de Dios. Arrepiéntase y pida Su perdón. La sangre de Cristo lo limpiará.

Algunas personas caen en un peligroso esquema: cuando ellos pecan, su culpa los carcome. Ellos se sienten demasiado avergonzados como para acercarse a Dios en oración. Y Dios no puede escuchar una oración que nunca ha sido expresada. Puesto que ellos no han confesado sus pecados, ni se han arrepentido, su pecado crece. Ellos pronto están atrapados en un ciclo de pecado. Si ellos no se vuelven a Dios pronto, su consciencia se marchitará. Ellos terminarán pecando sin sentir culpa, vergüenza o temor.

¡No permita que esto le suceda a usted!

La biblia declara: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (I Juan 1:9).

Dios ha visto a los hombres cometer todo pecado imaginable. Su confesión no puede asombrarlo. Pero ésta sí lo liberará de ese mortal ciclo de pecado, dolor y finalmente muerte.

Ser confiado: El cristianismo de este mundo ilustra a Cristo como una criatura débil e indefensa clavada a una cruz.

Pero la biblia muestra claramente que Cristo está en el cielo, trabajando activamente en nombre de Sus siervos: “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Heb. 4:14-15).

Cuando nosotros oramos a Dios, lo hacemos por la autoridad de Jesucristo. Su sangre derramada nos permite entrar al lugar más santo del universo — ¡el trono de DIOS! !

Por eso, cuando oramos, se nos ordena: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:14-16).

Dios espera que nuestras oraciones sean claras, llenas de confianza — en Él, no en nosotros mismos.

Si nosotros nos presentamos delante de Dios vacilando y llenos de dudas, Él no escuchará (Santiago 1:6-7).

Orar detalladamente: Algunos han razonado: “¿Por qué debo orar? ¿No sabe ya Dios todas las cosas, incluyendo lo que yo pienso?”

Sí, Él lo sabe. De hecho, Dios le conoce mejor de lo que usted se conoce a sí mismo, aun hasta el número de cabellos que usted tiene en la cabeza (Mat. 10:30; Luc. 12:7).

Dios sabe todo lo que usted necesita aún antes que usted se lo pida (Mat. 6:8).

Él conoce sus pensamientos y deseos íntimos: “Yo el Eterno, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jer. 17:10).

No obstante, Dios quiere que usted le ore. Aquí hay cinco razones del porqué:

(1) Dios quiere que usted se acerque a Él y le muestre dónde se encuentra su corazón (Mat. 6:19-21).

(2) Él quiere que usted exprese interés saliente por otros. El orar por otros es una buena oportunidad para hacer esto.

(3) Él quiere que usted lo pruebe al reclamar Sus muchas promesas (Mal. 3:10; I Tes. 5:21).

(4) Él quiere que usted someta su voluntad a Él. Si usted cree en la Palabra de Dios y ora de corazón, los pensamientos de Dios saturarán su mente. Usted comenzará a pensar — y a actuar — como Él (Efe. 1:17-19).

(5) Como cualquier buen padre, Dios quiere conocer a Sus hijos. Las oraciones específicas y altamente detalladas le agradan a Dios.

Considere esta escritura: “Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero [Cristo]; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos” (Apo. 5:8).

Sus oraciones deben ser como incienso de dulce fragancia para Dios.

Para capturar todo su cuerpo de riqueza y sabor, el incienso debe ser golpeado y convertido en un polvo muy fino. De la misma manera, sus oraciones deben ser “finamente puestas” — específicas y altamente detalladas. Ellas deberían “oler bien” para Dios. Pero si usted no es cuidadoso, éstas podrían oler a algo más.

Las oraciones que consisten en “dames”, o que comienzan con actitudes auto justas, son como hedor pérfido al olfato de Dios, como dióxido sulfúrico — gas de huevo podrido — o caucho quemado.

Lea el recuadro “Lista expandida de oración”, presentado con este artículo. Este le ayudará a presentar “incienso fino” delante de Dios. También le ayudará al orar por otros.

Siempre agradecer a Dios: Pablo escribió: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (I Tes. 5:18).

Usted siempre debe darle gracias a Dios en sus oraciones. Si usted no lo hace, está olvidando una clave vital para que sus oraciones sean respondidas.

Orar con todo corazón: Cuando las personas oran, ellas murmuran unas pocas palabras y esperan lo mejor. O, como los fariseos hace 2.000 años, dan oraciones largas y monótonas que no van más allá del techo (Lucas 18:10-12). De cualquier manera, no están poniendo sus corazones en sus peticiones.

Respecto a los descendientes modernos de Israel, el profeta Isaías escribió: “Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades” (Isa. 64:7).

El profeta Oseas añade: “¡Ay de ellos! porque se apartaron de mí; destrucción vendrá sobre ellos, porque contra mí se rebelaron; yo los redimí, y ellos hablaron mentiras contra mí. Y no clamaron a mí con su corazón cuando gritaban sobre sus camas” (Oseas 7:13-14).

Compare esto con lo que escribió Santiago: “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). ¡Siempre sea ferviente!

Dios usó al profeta Elías como un ejemplo (vs. 17-18). Elías era humano, falible. Él tenía las mismas pasiones y frustraciones con que las personas aún luchan hoy.

Sin embargo, Elías fue un hombre justo — él obedeció a Dios. Y cuando oraba, lo hacía de todo corazón. Estudie su ejemplo en I Reyes 17, 18 y 19.

Vea el ejemplo de Cristo: “en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” (Heb. 5:7).

Las oraciones fervientes, sinceras, de corazón dan resultados.

Y como ya ha visto, la Palabra de Dios muestra que hay muchas condiciones para que las oraciones sean respondidas. Usted puede descubrir otras condiciones a través de estudiar minuciosamente la Biblia.

Cómo orar

Al igual que con todas las otras doctrinas en la Biblia, “los fieles de las iglesias” han distorsionado y mal aplicado la enseñanza de Cristo referente a cómo orar. Los desencaminados teólogos han retorcido Mateo 6:5-15 y Lucas 11:1-4. Ellos han guiado a millones a convertir el modelo de oración de Cristo en una recitación sin sentido, palabra por palabra. ¡Esta jamás fue la intención de Cristo!

Examinemos la verdad y dejemos que la Palabra de Dios hable por sí misma.

En Mateo 6:5-8, Jesús advierte a Sus discípulos en contra de orar para ser vistos por los hombres y en contra de vana repetición — de repetir las mismas palabras en un monótono zumbido cantado, como lo hacen millones de “cristianos” hoy.

Luego, en el versículo 9, Él declara: “Vosotros, pues, oraréis así…” La palabra griega traducida “así” es houtos, que significa “de este modo”. Cristo no estaba enseñándoles a Sus discípulos a seguir esta oración palabra por palabra. Recuerde, Él les ordenó que no hicieran esto en el versículo 7.

Lo que Cristo estaba a punto de enseñarles era un bosquejo de oración — una oración modelo — con temas acerca de los cuales orar y con el orden general que debían seguir. Depende de la persona que está orando el proveer detalles de cada tema.

Examinemos este bosquejo de oración.

“Padre nuestro que estás en los cielos”

Dios nos creó. Él es el Alfarero Maestro y nosotros somos Su barro (Isa. 64:8). Nosotros somos Sus hijos a través de la creación. Nosotros somos además Sus hijos espiritualmente engendrados si Su Espíritu mora en nosotros (Rom. 8:14).

Cristo dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Nosotros podemos tener la misma relación íntima con Dios el Padre — si Su Espíritu mora en nosotros (Rom. 8:9).

Todas las oraciones deben dirigirse a Su rol como nuestro único e incomparable Padre espiritual. Usted puede hacer esto a través de agradecerle a Dios.

Piense en las muchas bendiciones que Él derrama sobre usted diariamente: alimento, bebida, abrigo, vestido, familia, salud, empleo, protección, entendimiento de Su verdad, libertad del engaño de Satanás (Apo. 12:9) — si permanecemos vigilantes.

Y sí, incluso pruebas. Sea agradecido cuando usted sufra pruebas y tropiezos en su vida (Santiago 1:2-3). Piense de ellas como oportunidades para que Dios construya Su carácter santo y justo en usted. ¡Esa es la razón por la que usted existe! (Para aprender más, lea nuestro folleto gratuito ¿Por qué existe usted?).

Proverbios 14:12 y 16:25 enseñan: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”. Jeremías 10:23 agrega: “Conozco, oh Eterno, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos”.

Recuerde: “Engañoso es el corazón [la mente carnal] más que todas las cosas, y perverso” (17:9). Por su cuenta, el hombre no puede diferenciar correctamente entre la verdad y el error, lo bueno de lo malo. ¡Él necesita ayuda!

Como lo haría cualquier buen padre, Dios está enseñándoles activamente a Sus hijos a pensar, hablar y actuar apropiadamente — a discernir sabiamente todos los asuntos, grandes o pequeños, en base a Sus leyes espirituales. En otras palabras, Él les está enseñando a Sus hijos cómo vivir. Sus oraciones deben apreciar y reflejar este entendimiento.

Y recuerde: Ore siempre a Dios el Padre — nunca a ángeles (Col. 2:18).

“Santificado sea tu nombre”

Dios tiene muchos nombres y oficios. A través de estos, Él cumple muchos roles en nuestras vidas.

Dios es nuestro Sustentador. Él nos da la fortaleza para soportar y, si es necesario, escapar de las dolorosas pruebas (I Cor. 10:13).

Dios es nuestro Creador. Él nos hizo físicamente a Su imagen y semejanza (Gen. 1:26-27). Nosotros tenemos manos para tocar, boca para hablar y saborear, oídos para escuchar y ojos para ver. Gracias a Él, somos obras “formidables, maravillosas” (Sal. 139:14). ¿Aprecia usted eso? Entonces dígaselo a Dios y hónrelo como su Creador.

Dios es nuestro Sanador. David escribió: “Bendice, alma mía, al Eterno, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias” (Sal. 103:2-3).

Dios es nuestro Proveedor. Cada bocado de alimento que usted come proviene de Él. Lo mismo es cierto de cada pieza del vestido que usted posee. Su casa, su auto, el aire que respira. Todo lo que usted posee proviene de Dios. Use cada oración para agradecerle.

Dios es nuestro Maestro. Durante los últimos 6,000 años Él ha llamado sólo a unos pocos a entender Su verdad (Juan 6:44, 65; Rom. 8:28-30). Aunque la vasta mayoría de la humanidad está espiritualmente cegada, la verdad de Dios nos ha hecho libres del engaño masivo del “dios de este siglo” (Juan 17:17; II Cor. 4:4; Apo. 12:9). Dele gracias a Dios por guiarle hacia la plenitud de Su verdad.

Una vez más, Dios tiene muchos nombres, oficios y funciones. Él es Juez. Amor. Sufrimiento. Gloria. Gracia. Perfección. Omnipotente, Omnipresente y Omnisciente. Él es justicia. Poder. Santo. La lista sigue.

“Venga tu reino”

Este mundo está lleno con horrenda maldad. Los titulares de las noticias diarias testifican los crecientes pecados de la humanidad: Violencia doméstica. Extensos fraudes y corrupción gubernamental. Persecución religiosa. Enfermedades de transmisión sexual fuera de control. E incesantes alertas terroristas que nos hacen recordar que ya no podemos decir “aquí no puede suceder”.

Más del 50% de los matrimonios en los Estados Unidos terminan en divorcio. De aquellos que se mantienen, sólo la mitad son matrimonios felices. Las tradicionales familias de dos padres, como “Ozzie y Harriet”, se están extinguiendo.

Muchos niños hoy son criados por padres solteros­­ — o parejas sin casarse “que cohabitan” — o padres adoptivos — o aun amantes homosexuales.

No es de extrañar que las personas no diferencien la verdad del error, lo bueno de lo malo, lo normal de lo anormal.

Los niños están siendo expuestos al sexo por los medios de comunicación. El uso de drogas entre adolescentes y pre-adolescentes está creciendo desmesuradamente. América, Bretaña, Canadá, Australia y todas las naciones modernas descendientes de la antigua Israel han producido “hijos extraños” (Oseas 5:7). Ellos han cambiado los verdaderos valores por correcciones políticas sin valor.

El reino de Dios no puede venir lo suficientemente pronto. Sólo el gobierno justo de Dios, dirigido por Cristo, resolverá los crecientes e infinitos problemas de este mundo. Usted debe orar por el Retorno de Cristo.

“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”

Muchos oran los proverbiales “dame”. Su actitud es “dame, dame, dame”, en vez de “Dios, dale a otros lo que ellos necesitan”.

En sus oraciones, pida que la voluntad de Dios sea hecha, no la suya. Pídale a Él que le guíe a través del estudio bíblico para aprender lo que Él desea.

Pídale a Dios que le dé una actitud sumisa, humilde, enseñable, a fin que Él pueda usarle como Su instrumento para ayudar a llevar a cabo Su Plan Maestro de salvación para la humanidad — y que Él pueda moldear espiritualmente Su carácter santo y justo en usted.

Además, pídale que le ayude a aceptar adecuadamente Su respuesta — aun si no es lo que usted esperaba escuchar. Algunas veces la respuesta es “No”.

Pablo le suplicó a Dios tres veces que le removiera un “aguijón en la carne” (II Cor. 12:7-8). Dios respondió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (vs. 9).

En otras palabras, Dios dijo, “No”.

Pablo no se resintió. En cambio, él escribió: “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (vs. 9-10).

Pablo aceptó la respuesta de Dios; de hecho, él vio sabiduría en ella.

Pídale a Dios que le dé la misma actitud a Su voluntad.

Además, reconozca que cuando Dios responde sus oraciones, Él rara vez lo hace en la forma que usted espera. Acepte esto. La voluntad de Dios es mayor que la suya.

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”

Después que usted ha puesto a Dios primero en sus oraciones, entonces usted puede orar acerca de sus necesidades diarias.

Si usted necesita un trabajo, ore por él. Si usted necesita ser sanado, pídalo. Si usted se está ahogando en un mar de deudas, extienda sus facturas delante de Dios y busque Su ayuda. En tanto usted “busque primeramente el reino de Dios y Su justicia” (Mat. 6:33), Dios proveerá para cada una de sus necesidades. Todo lo que usted tiene que hacer es pedir.

Pero note que Cristo no dijo, “dame hoy MI pan diario”. Él dijo: “danos…nuestro”.

Cuando usted ore, recuerde las necesidades de otros. Personas que necesitan ser sanadas, que han perdido sus empleos, que están sufriendo problemas maritales, etc. Entre más compasión tenga usted por los demás, más le dará Dios a usted.

“Perdónanos nuestra deudas”

Todos han pecado (Rom. 3.23). El pecado es quebrantar las leyes espirituales de Dios (I Juan 3:4; Rom. 7:14). Y la paga del pecado — lo que recibimos por quebrantar sus leyes — es muerte (6:23).

Arrepiéntase — cambie su disposición mental — y vuélvase del “camino que parece derecho” para usted (Prov. 14:12; 16:25).

Cristo vivió en la carne. Él fue “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Heb. 4:15). Jesús sabe lo que es luchar contra nuestros tres enemigos mortales: “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (I Juan 2:16).

Sin embargo, Cristo no pecó — ¡ni una vez!

Por tanto, puesto que “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1:7), nosotros podemos “acercarnos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:16).

Pero Juan advierte: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros… Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él [Dios] mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (I Juan 1:8, 10).

Millones de cristianos profesos aseguran que la Ley de Dios fue abolida — que lo único que ellos deben hacer es “creer en Cristo”. Si la Ley no existe, tampoco lo hace el pecado (usted no puede transgredir lo que no está allí).

¡Esta forma de pensar es auto engañosa y ridícula!

Ahora, lea versículo 9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Dios está listo, dispuesto y es capaz de aplicar la sangre de Jesucristo y remover sus deudas — librarlo de la pena de muerte. Todo lo que usted debe hacer es arrepentirse.

“Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”

Si usted quiere ser perdonado, entonces usted debe extender perdón a otros. ¡Así es! El perdón está ligado al perdón. Si usted no lo hace, Dios no lo perdonará a usted: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mat. 6:14-15).

Muchas personas piensan que extender perdón y misericordia es señal de debilidad. ¡Están equivocados!

Se requiere de tremendo poder para soportar y suprimir pensamientos carnales de venganza. Se requiere del Espíritu de Dios para no regocijarse de las desgracias de aquellos quienes le han hecho daño. Se requiere de una mente humilde, doblegada y convertida para demostrar misericordia y decir “te perdono”.

Esta es la actitud que Dios espera.

Recuerde: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” y se han ganado la pena de muerte (Rom. 3:23; 6:23). Sin embargo, Dios no se complace con la muerte del malvado (Ezequiel 18:21-23, 32).

Dios es “paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (II Pedro 3:9).

Pablo fue uno de los mayores siervos de Dios que jamás haya vivido. Él fue un hombre de gran resistencia y profundo entendimiento.

Sin embargo, él pecaba, aún después de décadas de ser convertido.

Note Romanos 7: “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (vs. 14-23).

Pablo luchó contra los deseos, impulsos y tentaciones de la carne, tal como nosotros lo hacemos hoy. Recuerde esto.

Ore por otros para que se arrepientan de sus pecados y debilidades y para que venzan sus fallas.

“Y no nos metas en tentación”

Dios no tienta a las personas. Él no puede. Él tampoco las guía hacia la tentación. Esto iría en contra de Su propia naturaleza. (Vea Santiago 1:13).

En el griego original, la palabra “tentación” significa “poner a prueba, por experimento o experiencia; examinar, probar”. Esto se refiere a una prueba severa.

Todos los verdaderos cristianos deben sufrir. Ellos deben ser probados. De lo contrario, Dios no podría desarrollar Su naturaleza divina en ellos. El sufrimiento — la prueba severa — forzará al pueblo de Dios a acercarse regularmente a Él buscando ayuda y consuelo. Éste produce los frutos del Espíritu Santo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (auto control) (Gál. 5: 22-23).

Cuando Dios llamó a Herbert W, Armstrong a la conversión, él tuvo que sufrir 28 años de pobreza abyecta. Esto le enseñó al Sr. Armstrong a depender de Dios y no de sí mismo. Esto le enseñó a poner su fe en las muchas promesas de Dios.

Y Dios siempre acudió.

Estos 28 años de severas pruebas produjeron resultados. Durante los 52 años de su ministerio, el Sr. Armstrong llegó a ser conocido por dos cosas: (1) Él le creía a Dios, y (2) él le obedecía.

Como resultado, Dios pudo usar al Sr. Armstrong para llevar el evangelio a un tercio de los presidentes, gobernantes y cabezas de estado de la tierra — ¡y cientos de millones escucharon su voz!

Aun Cristo — quien nunca pecó — tuvo que sufrir: “en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (Heb. 5:7-8).

Puesto que Cristo soportó pruebas y sufrimientos severos, Él fue “perfeccionado” y “vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (vs.9).

¡El sufrimiento produce resultados!

Pero esto no significa que estamos ansiosos por el castigo. Cristo entiende esto. Es por eso que nos dice que oremos, “no nos metas en tentación [prueba dolorosa]”.

En cambio, pídale a Dios que le corrija. Hay una diferencia entre corrección y prueba severa.

Dios le conoce mejor de lo que usted se conoce. Él ve sus fallas, defectos y debilidades. Él quiere que usted los venza y que los convierta en fortalezas. Usted puede ayudarlo.

La Palabra de Dios es como un espejo espiritual. Úselo para examinarse a usted mismo.

Por ejemplo: Suponga que una de sus fallas es que usted constantemente sobrepasa el límite de velocidad. Y suponga que usted nunca pensó en ello como una falla.

Dios podría corregirlo a través de que un oficial de tránsito le dé una advertencia o una multa por exceso de velocidad. O a través de un sermón o un artículo que pruebe con la Biblia que es incorrecto transgredir las leyes del hombre (en tanto éstas no estén en conflicto con las leyes de Dios). O Dios podría corregirlo a través de reportes de noticias acerca de la conexión entre sobrepasar el límite de velocidad y la conducción insegura.

Cuando usted pide corrección, usted le está pidiendo a Dios que capte su atención. Si usted atiende, usted se beneficiara. Pero si usted no escucha, Él podría tener que usar medidas más drásticas — ¡prueba severa!

Esto podría significar que, cuando usted acelere, pierda su licencia de conducir por seis meses. O que pierda el control de su auto y se estrelle. O que, en el accidente, se fracture la espina dorsal y termine en una silla de ruedas de por vida.

Como puede ver, es mucho mejor orar por corrección que por pruebas severas. Asegúrese de pedirle a Dios que le dé una mente enseñable y abierta, a fin que usted pueda reconocer cuando Él le esté corrigiendo.

Pídale a Dios que le ayude a examinarse a sí mismo a través del estudio bíblico. Note: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4:12).

La Biblia es la “espada de dos filos” de Dios. Ésta le enseñará, reprenderá, corregirá e instruirá en cuanto a cómo quiere Él que usted viva (II Tim. 3:16-17).

Pídale a Dios que le ayude a aprender de los ejemplos de otros. Una vez más, comience con la Biblia. Ésta está llena de muchos ejemplos, buenos y malos, para “ejemplo… escritas para amonestarnos a nosotros” (I Cor. 10:1-11).

Además, pídale que le ayude a entender Su voluntad, y luego hágala.

“Mas líbranos del mal”

Algunas traducciones rinden esto: “…mas líbranos del maligno”. Esto se refiere a Satanás el diablo.

Solamente hay dos caminos de vida: el Camino de Dios — el camino del “dar” — y el de Satanás — el camino de “obtener”. Cuando usted responde al llamado de Dios, usted debe caminar por una senda estrecha, difícil, donde pocos entran — y aún menos completan (Mat. 7:13-14).

Su mente carnal — la cual es naturalmente hostil hacia Dios (Rom. 8:7) — tratará de engañarle. Este mundo y su brillo, riquezas, atractivos y tentaciones, trataran de atraerle con engaños de vuelta a la miseria espiritual. Y el “dios de este siglo” (II Cor. 4:4) hará todo lo que esté a su alcance para apartarle de Dios y Su verdad.

La baraja está contra usted. Por su cuenta, usted fallará. Pero con la ayuda de Dios, usted tendrá éxito. Pablo escribió: “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13).

Note: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? … ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados [demonios], ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 8:31, 35-39).

Ore por liberación de las atracciones, tentaciones y perversidades de su carne, de este mundo y de los “dardos de fuego” de Satanás (Efe. 6:16). Dios le liberará — siempre.

“Porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos”

A medida que finalice su oración, alabe a Dios nuevamente. Sus pensamientos deben apuntar al pronto venidero reino de Dios — Su justo gobierno. Agradézcale por el poder y la gloria que Él traerá de vuelta a la tierra al Regreso de Jesucristo.

Decir “Amén”

Esto simplemente significa, “así sea”. Usted debe terminar sus oraciones con “amén”.

Pero antes de hacerlo, asegúrese que todas sus oraciones sean dichas en el nombre de Jesucristo. Solamente por Su autoridad — Su nombre — usted puede acercarse al trono de gracia de Dios: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (Heb. 10:19-20).

Cristo es nuestro Sumo Sacerdote. Él intercede por nosotros (humanos falibles e imperfectos) siempre que oramos a Dios el Padre.

¿Dónde, cuándo y con cuánta frecuencia?

Pablo escribió que debemos “orar sin cesar” (I Tes. 5:17). La oración debe ser continua (Luc. 18:1).

Por supuesto, esto no significa que usted literalmente deba orar cada segundo, minuto y hora de su vida, 24 horas al día. Esto simplemente significa que usted debe estar en una constante actitud de oración. Usted no puede tomarse días o semanas libres. Para los cristianos, la oración debe ser un ¡CAMINO DE VIDA!

Estudie ejemplos bíblicos. David dijo: “Oh Eterno, de mañana oirás mi voz” (Sal. 5:3). Él también dijo: “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” (55:17).

El profeta Daniel “se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes [“como era su costumbre desde temprana edad” (versión New King James)]” (Dan. 6:10).

La mente carnal no quiere orar. Ésta no quiere contacto con Dios o Sus caminos.

Pero una mente convertida y enseñable anhela estar en contacto con el Eterno.

Adicionalmente a la oración privada, usted también debe orar a lo largo del día. Ore silenciosamente en su auto mientras espera que cambie la luz roja del semáforo. Haga una oración rápida mientras camina por el pasillo en dirección a su trabajo.

Pero su más extensa, más detallada y ferviente oración debe ser hecha en un lugar privado (una habitación o un cuarto privado), de rodillas.

Ahora considere: Cuando usted ora, usted está presentándose delante del Dios Creador y Su trono, ¡el asiento del poder del universo! Él desea edificar Su carácter santo y justo en usted, para que usted pueda nacer dentro de su familia .

A la luz de esto, ¿cuánto tiempo piensa usted que puede “dedicarle” diariamente a hablar en privado con Dios? ¿Veinte minutos? ¿Treinta? ¿Cuarenta? ¿Una hora? Sea usted el juez. Pero la experiencia ha demostrado que media hora sería lo mínimo.

Posiciones para orar

Sus oraciones personales y privadas deben ser hechas de rodillas (vea I Reyes 8:54). Después de todo, Dios es el rey final. Demuéstrele el respeto que se merece. Orar de rodillas también le ayuda a mantener una actitud de sumisión.

Si necesita soporte, puede arrodillarse apoyando sus brazos sobre una cama o una silla.

Usted también puede variar las posiciones de rodillas. Una forma es arrodillarse mientras extiende sus manos hacia los cielos (Esdras 9:5; I Tim. 2:8; Sal. 28.2; 63:4; 88:9; 134:2; 143:1, 6; I Reyes 8:38-39, 54). Otra forma es inclinar la cabeza al suelo (Exo. 34:4, 8; Luc. 18:13; Gen. 24:26; Sal.145:14-16).

En circunstancias especiales (cuando enfrente pruebas severas), usted podría acostarse boca abajo en el suelo (II Sam. 12:16; 13:30-31).

Si usted no puede arrodillarse o acostarse en el suelo debido a impedimentos físicos, Dios entiende. Él sabe que nosotros somos “como la hierba” (Sal. 102:11; 103:11-15) — físicos y temporales. A Dios le importa nuestra actitud. Él ve el corazón (I Sam. 16:7).

Lista expandida de oración

El siguiente es un ejemplo de una lista de oración que usted puede extender siguiendo el bosquejo de oración que Cristo dio en Mateo 6. Añada a éste. Personalícelo. Pero úselo sólo como una guía. No lo repita palabra por palabra, en vana repetición.

ORE…

Después que todo se ha dicho y hecho

El cristianismo profeso ha tomado la verdadera doctrina de la oración y la ha convertido en un ritual piadoso y auto justo. Los gritos y llantos de las sudorosas “reuniones de oración” en pequeñas tiendas de campaña han convertido la oración en un espectáculo. Y aquellos quienes oran los “dame” tratan a Dios como si Él fuera un genio en una botella. Ellos solamente lo llaman cuando quieren algo, usualmente por razones egoístas.

Esto no es lo que Dios pretendía.

La oración es una conversación personal, privada, de uno a uno, entre usted y su Creador.

Ahora usted sabe cómo orarle, por qué orar, cuando, con cuánta frecuencia y dónde. Con estas herramientas, usted está ahora equipado para una activa y productiva vida de oración.

¡Dios está esperando escuchar de usted!

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