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¿Dónde está la Iglesia de Dios hoy?
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Jesús dijo: “Edificaré mi Iglesia”. Hay una sola organización que enseña toda la verdad de la Biblia, y es llamada a vivir por “cada palabra de Dios”. ¿Usted sabe cómo encontrarla? Cristo dijo que:

  • Enseñaría “todas las cosas” que Él ordenó
  • llamaría a los miembros a ser apartados por la verdad
  • Sería una “manada pequeña”

Las otras preguntas sobre el diezmo

Dios les ordena a Sus siervos diezmar. Este entendimiento genera numerosas preguntas relacionadas con pagarle a Dios la primera décima de los ingresos personales. He aquí las respuestas a estas “otras” preguntas acerca del diezmo.



Una de las más grandes pruebas para muchas personas es el mandamiento de diezmar. Hay mucho por entender. El diezmar involucra mucho más que simplemente pagar un diez por ciento de los ingresos personales.

¿Cuántos diezmos se encuentran en la Biblia? ¿Hay solamente uno? ¿Dos? ¿Más? ¿Le pertenecen los diezmos a Dios? De ser así, ¿cómo se le “gira un cheque” a Él? ¿Cómo debe ser gastado el dinero del diezmo?

El significado de la palabra

Diezmo es una antigua palabra que significa “una décima o una décima parte”. El término era usado comúnmente hace trescientos o cuatrocientos años. Hoy rara vez se usa, excepto con una conexión espiritual.

Durante el tiempo del Antiguo Testamento Dios le ordeno a la nación de Israel diezmar. Pero el asunto de a quién pagaba esta décima cada israelita, cuál décima era pagada, por qué y para cuál propósito, parece confundir a muchos. Aún hoy, la enseñanza del Nuevo Testamento acerca del diezmo es malentendida por la mayoría del cristianismo profeso.

La mayoría asume que diezmar es solamente un mandamiento del Antiguo Testamento, que fue abolido al inicio de la era del Nuevo Testamento. Pero, ¿es esto cierto? De no serlo, ¿puede ser probado lo contrario? ¡Busquemos en la Biblia para ver qué dice Dios!

¿Enseñado en el Nuevo Testamento?

Hebreos 7:5-9 declara algunos hechos interesantes acerca de quién debe recibir los diezmos: “Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento [Números 18] de tomar del pueblo los diezmos [plural] según la ley [los primeros cinco libros de la Biblia], es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel [Melquisedec] cuya genealogía no es contada de entre ellos [los levitas], tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales [levitas]; pero allí [el tiempo de Abraham], uno de quien se da testimonio de que vive [Melquisedec]. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos [de acuerdo con la ley]”.

Estos versículos nos dicen: (1) A los levitas les era ordenado tomar los diezmos de la gente, (2) las personas no decidían por sí mimas a quién enviarlos — Dios fue muy claro — y (3) la ley del diezmo estaba en efecto desde siglos antes de que Moisés recibiera los Diez Mandamientos de Dios.

Note Génesis 14:20: “y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram [a Melquisedec] los diezmos de todo”.

Continuando en los versículos 10-12 de Hebreos 7: “porque aún estaba [Leví] en los lomos [aún no nacido] de su padre [Abraham] cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico” — no lo era — “(porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio [transferido de Levi a Cristo], necesario es que haya también cambio [transferencia] de ley”.

Hoy, Cristo es nuestro Sumo Sacerdote “de la orden de Melquisedec”. El sacerdocio fue cambiado y la ley concerniente a quién recibía los diezmos también cambió. Pero la ley del diezmo estaba, y está, en efecto. Cuando Cristo se convirtió en nuestro Sumo Sacerdote, los diezmos dejaron de ir a los levitas y comenzaron a ir a los ministros de Cristo — levitas espirituales — aquellos en quienes Dios está obrando para proclamar Su evangelio a este mundo. Esto era lo que el apóstol Pablo estaba diciendo en Hebreos 7. Dado que Cristo es nuestro Sumo Sacerdote, con el mismo rango que Melquisedec, y los levitas recibían los diezmos, ¿cuánto más debería recibirlos Cristo?

Ahora que hemos establecido que el diezmo aún está en efecto en esta era del Nuevo Testamento, se hace evidente que el diezmar ¡es aún más importante para nosotros hoy! ¿Cómo avanzaría la Obra de Dios sin el diezmo? ¿Cómo predicaríamos nosotros el venidero reino de Dios sin el apoyo financiero de Dios?

Tal como en un hogar o corporación normal, las facturas también llegan a su tiempo a la Obra de Dios. La literatura de la Iglesia — libros, folletos, artículos, revistas, sitios web, etc. — requiere de “las riquezas de este mundo”. La renta por el espacio para la oficina de la sede, y otros gastos también deben ser pagados.

Y, ¿cómo administraríamos los sitios de Fiesta? ¿Cómo podríamos ayudar a los necesitados dentro de la Iglesia?

II Timoteo 2:3-7 aclara que el ministerio (y aquellos sirviendo a tiempo completo en la Obra) tiene derecho a recibir pago por los servicios prestados. “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo”.

¡Dios espera que se les pague a aquellos quienes hacen Su Obra! Y es Dios quien les paga. Los ministros de tiempo completo no deben ser forzados a trabajar en un segundo empleo porque no se les pagua. (Esto no significa, sin embargo, que sus salarios deban ser exorbitantes. Ningún ministro verdadero se atrevería a “esquilar a la manada” de Dios).

Conocimiento común en el Antiguo Testamento

Como se mencionó anteriormente, el diezmo no comenzó con Moisés. Vimos que Melquisedec recibió los diezmos de Abraham más de 400 años antes.

Dios posee todo. ¡Así lo dice la Biblia! Éxodo 19:5 declara: “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Vea también Salmos 50:12).

Toda la tierra le pertenece a Dios. Nosotros, insignificantes seres humanos, no poseemos nada, excepto aquello que Dios nos da. Cualesquiera bendiciones que tengamos están aquí porque Dios eligió dárnoslas. Nuestros hogares están construidos de materiales que vienen de la tierra. Nuestro alimento crece en la tierra que Dios creó. Nuestros automóviles son producidos de minerales que provienen de la tierra. Nada de lo que tenemos es nuestro a menos que Dios nos permita tenerlo — y aún entonces, nosotros solamente lo poseemos de manera temporal. Cuando morimos, no nos llevamos nada con nosotros (Ecl. 9:10).

Aunque Dios posee todo, Él nos permite retener parte del fruto de nuestra labor. Pero hay una condición. Solamente después de que diezmamos de esa ganancia, Dios nos permite conservar el resto. Si conservamos para nosotros la cantidad completa que ganamos, entonces estamos robándole a Él. Malaquías 3:8 es muy claro al respecto: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas”.

¿Qué sucede si no diezmamos? El versículo 9 continúa: “Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado”.

Dios, entonces, anima a las personas a diezmar — ¡aún las reta! “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice el Eterno de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (vs. 10).

¡Allí está! Dios promete bendecir a aquellos quienes diezman. Él es capaz de hacer que 90 por ciento llegue más lejos que si conserváramos todo el 100 por ciento.

El primer lugar en la Biblia donde el diezmo es mencionado como mandamiento es Levítico 27. Esta fue la instrucción de Dios para que Moisés la diera a los israelitas. Esto no fue algo que Moisés se inventó. “Habló el Eterno a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles:… Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, del Eterno es; es cosa dedicada al Eterno… Estos son los mandamientos que ordenó el Eterno a Moisés para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí” (vs. 1-2, 30, 34).

¿Quién debe recibir los diezmos?

Números 18 arroja luz sobre quién ha de recibir los diezmos: “Dijo más el Eterno a Aarón: He aquí yo te he dado también el cuidado de mis ofrendas; todas las cosas consagradas de los hijos de Israel te he dado por razón de la unción, y a tus hijos, por estatuto perpetuo” (v. 8).

El sacerdocio levítico desciende de la tribu de Leví, de quien Aarón era un miembro. Pero el sumo sacerdocio viene de la familia de Aarón — una familia dentro de la familia. Dios le dijo a Israel que diezmara. Luego Él le dijo a Aarón que su familia y los levitas recibirían esos diezmos.

También note que los diezmos eran su herencia: “Y el Eterno dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel” (v. 20). Los levitas no recibieron tierra, pero ellos habían de recibir la parte de Dios. Esto muestra a quién le “giraba el cheque” el antiguo Israel.

Para reforzar lo que Dios le pidió a Moisés que le dijera al pueblo de Israel, Él declara en el versículo 21: “Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión”.

La única tierra que los levitas heredaron fueron 48 ciudades esparcidas a lo largo de Israel. Esta tierra era común para todos, así que ningún individuo la poseía. (Vea Números 35:1-34). Estas ciudades incluían suficiente tierra para sostener los rebaños que eran recibidos como diezmos. Entre las 48 había de haber seis ciudades de refugio (v. 6). Éstas eran establecidas en caso que alguien accidentalmente matara a una persona (v. 11).

La herencia siempre queda en familia

La herencia de una persona no había de moverse de tribu a tribu. Aún en el caso de un hombre que solamente tuviera hijas y no hijos. La hija había de casarse dentro de la tribu de su padre si ella recibía una herencia. Esto aseguraba que la herencia siempre permanecería dentro de una tribu en particular.

Note Números 36:7-8: “para que la heredad de los hijos de Israel no sea traspasada de tribu en tribu; porque cada uno de los hijos de Israel estará ligado a la heredad de la tribu de sus padres. Y cualquiera hija que tenga heredad en las tribus de los hijos de Israel, con alguno de la familia de la tribu de su padre se casará, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de sus padres”.

Así como con las otras tribus que recibieron tierra como herencia, los levitas recibieron diezmos de las personas. ¡Aquellos diezmos — su herencia — no habían de ser removidos de esa familia! En tanto esa tribu representara al ministerio de Dios, los diezmos habían de ser dados a los levitas.

Pero ahora, el sacerdocio de Melquisedec, con Cristo como Sumo Sacerdote, recibe esos diezmos (Heb. 7:5-12). Pablo escribió: “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (I Cor. 9:13-14).

Pagar los diezmos aplica a los levitas también

Cuando los levitas recibían sus diezmos, ellos también habían de diezmar. Ellos no eran distintos en este sentido. Pero, ¿cómo pagaban los diezmos los levitas, y a quién?

Note lo que Dios les dijo a los levitas: “Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida al Eterno el diezmo de los diezmos… Así ofreceréis también vosotros ofrenda al Eterno de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda del Eterno al sacerdote Aarón. De todos vuestros dones ofreceréis toda ofrenda al Eterno; de todo lo mejor de ellos ofreceréis la porción que ha de ser consagrada” (Núm. 18:26, 28-29).

El diezmo que los levitas habían de pagar iba a la familia de Aarón, el sumo sacerdote de aquel tiempo.

Aún siglos más tarde, el sacerdocio levítico todavía recibía los diezmos. Note: “…y el diezmo de nuestra tierra para los levitas; y que los levitas recibirían las décimas de nuestras labores en todas las ciudades; y que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los levitas, cuando los levitas recibiesen el diezmo; y que los levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras de la casa del tesoro” (Neh. 10:37-38).

Jerusalén era el único lugar donde las ofrendas eran permitidas en el altar. Los sacerdotes que servían en el templo recibían los diezmos de los levitas y habían de distribuir los diezmos entre ellos. Esta era su herencia, y pago por el servicio que prestaban. Si ellos eran irresponsables en sus deberes, y desobedecían a Dios y Sus leyes, entonces ellos no recibirían nada. El sacerdocio moriría y su herencia menguaría.

¿Hay solamente un diezmo?

Cuando estudiamos el tema del diezmo, algunas escrituras parecen indicar que hemos de retener nuestros diezmos — y que hemos de gastarlos en nosotros.

Note Deuteronomio 12: “Estos son los estatutos y decretos que cuidaréis de poner por obra en la tierra que el Eterno el Dios de tus padres te ha dado para que tomes posesión de ella, todos los días que vosotros viviereis sobre la tierra… sino que el lugar que el Eterno vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis” (v. 1, 5).

Esto está hablando acerca de viajar a uno de los Días Santos de Dios, principalmente la Fiesta de Tabernáculos. (Lea nuestro folleto ¿Días Santos de Dios o festivales paganos? para aprender más acerca de los días de reposo anuales de Dios).

¿Qué hemos de traer con nosotros? “Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos… y comeréis allí delante del Eterno vuestro Dios… Con todo, podrás matar y comer carne en todas tus poblaciones conforme a tu deseo” (vs. 6-7, 15).

Ahora viene el problema. Si hemos de darle al sacerdocio un diezmo de toda nuestra ganancia, ¿cómo hemos de llevar también nuestros diezmos a la fiesta con nosotros — para gastarlos en cualquier cosa que nuestro corazón desee? La respuesta es simple. Esto está hablando de un segundo diezmo. Note que los versículos anteriores mencionan “diezmos” — plural — y hay más de uno.

El segundo diezmo es la misma cantidad que el primero — una décima de su ganancia. Usted ha de guardarlo y traerlo a los Días Santos o Fiestas de Dios. Este puede ser usado, como se establece en la Escritura, para cualquier cosa que su corazón “desee”.

Por supuesto, esto no significa que “todo es aceptable”. Esto no nos da licencia para quebrantar las leyes de Dios — como millones de cristianos profesos lo hacen. El verdadero pueblo de Dios no querrá desear cosas prohibidas por Dios. Pero nosotros podemos desear cualquier cosa dentro de los límites de la Ley de Dios — cualquier cosa permisible delante de Él.

De vuelta a Deuteronomio 12: “Ni comerás en tus poblaciones el diezmo de tu grano, de tu vino o de tu aceite, ni las primicias de tus vacas, ni de tus ovejas, ni los votos que prometieres, ni las ofrendas voluntarias, ni las ofrendas elevadas de tus manos; sino que delante del Eterno tu Dios las comerás, en el lugar que el Eterno tu Dios hubiere escogido, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita que habita en tus poblaciones; te alegrarás delante del Eterno tu Dios de toda la obra de tus manos” (v. 17-18).

Esto establece claramente que una persona no puede quedarse en casa y gastar su segundo diezmo. Sin embargo, hay algunas pocas excepciones para aquellos incapaces de viajar a la Fiesta. Mala salud, enfermedad o un embarazo ya avanzado son algunos ejemplos, pero no hay muchos más. Estas son las Fiestas de Dios, las cuales Él le ha ordenado a Su pueblo guardar.

¿Quién debe disfrutar la Fiesta con usted? “Tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita que habita en tus poblaciones”. Toda su casa ha de viajar con usted y disfrutar una probadita del mundo por venir.

El primer y el segundo diezmo son diferentes el uno del otro. Ellos son dos diezmos distintos, usados para dos propósitos distintos. El primer diezmo, como hemos visto, era para el sacerdocio levítico. Hoy es usado para predicar el evangelio al mundo a través de varios medios. El segundo diezmo es para que un individuo lo lleve a la Fiesta — para que lo gaste en la Fiesta.

El diezmo explicado en Deuteronomio 12 no podría ser el mismo diezmo explicado en Números 18. Si tradujéramos Deuteronomio 12 de la Septuaginta, diría: “No comerás en tus ciudades el diezmo adicional de tu trigo…”.

La palabra griega ephidekaton es usada en vez de dekaton. Dekaton significa “una décima” o una “décima parte”, mientras que ephidekaton significa “un diezmo adicional” o “una décima más”. Si este fuera el mismo diezmo del que se habla en estos dos libros, ¿por qué hay dos palabras diferentes para describirlos?

Aunque la Septuaginta no siempre es exacta en algunas áreas, es obvio que los judíos greco parlantes, quienes fueron responsables de traducir el texto hebreo al griego, conocían la diferencia entre el primero y el segundo diezmo.

¿Un diezmo del tercer año?

Ahora veamos otra parte del principio del diezmo, de la cual la mayoría no está consciente. Voltee a Deuteronomio 26:12: “Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán”.

Note las frases “el año tercero” y “el año del diezmo”. El tercer año se refiere al tercero y al sexto año en un ciclo de siete años. El séptimo año en este ciclo es llamado “el año de remisión”.

Cada tercer año de siete durante la vida de un cristiano, él ha de pagar un tercer diezmo adicional. Este es llamado el año del diezmo porque ese es el número máximo de diezmos que una persona tiene ordenado pagar.

Este puede ser un tiempo difícil y de prueba, pero todo lo que se ha de hacer es recordar la promesa que Dios nos ha dado. Si una persona es fiel, Dios promete: “os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Mal. 3:10).

¿Para qué propósito es ese diezmo? ¿A quién va dirigido? Considere: “al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán”.

El tercer diezmo es usado para apoyar a los necesitados dentro de la Iglesia — aquellos que no pueden mantenerse por sí mismos. Este es un diezmo especial, y es el “plan de seguro” de Dios para aquellos menos afortunados. Esto podría ser un niño que ha perdido a sus padres, una mujer que ha perdido a su esposo o cualquier persona que ha perdido temporalmente una fuente primaria de ingresos.

Cristo dijo en Mateo 26:11 que el pobre siempre estará con nosotros. Esto no quiere decir “una vez pobre, siempre pobre”. Significa que algunas veces lo inesperado sucede. Y esta es la manera de Dios para proveer para tales circunstancias.

Una vez más note Deuteronomio 26:12 en el griego de la Septuaginta. Los judíos greco parlantes sabían que este diezmo es un diezmo separado que no ha de ser confundido con los primeros dos. La Septuaginta usa aún otra palabra griega para conferir el significado específico: deuterón epidekaton, que significa “segundo diezmo adicional”.

¿Primeros frutos y primeros nacidos?

Dos aspectos finales del diezmo son los “primeros nacidos” y “primeros frutos”. Aunque los primeros nacidos no son el diezmo, el principio es el mismo. Un primer nacido es el primogénito — primicia — de un animal.

Note: “Dedicarás al Eterno todo aquel que abriere matriz, y asimismo todo primer nacido de tus animales; los machos serán del Eterno… y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, el Eterno hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo sacrifico para el Eterno todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijos” (Exo. 13:12, 15).

Dios quiere que Su pueblo recuerde lo que Él hizo por ellos cuando los llamó a salir de Egipto.

Ahora lea Números 18:17: “Mas el primogénito de vaca, el primogénito de oveja y el primogénito de cabra, no redimirás; santificados son; la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la grosura de ellos, ofrenda encendida en olor grato al Eterno”.

Nosotros no ofrecemos sacrificios animales hoy. Pero aún hacemos ofrendas al Eterno — en cada Día Santo y con otras ofrendas voluntarias a lo largo del año. Cualquier primogénito de animal que criemos (le estamos hablando principalmente a los granjeros, pero el principio se aplica a todos) ha de ser ofrecido a Dios.

Pero, ¿cómo? tomando ese animal, vendiéndolo por un precio justo y luego dando el dinero a la Obra.

Las frutas y los vegetales, en principio, son lo mismo que los primeros nacidos. Conocidos como primicias, son más comunes que los primeros nacidos, solamente porque hay más personas cultivando huertos que criando animales.

Muchas personas tienen pequeños huertos en sus patios traseros — cuyo fruto es una bendición de Dios. Recuerde, Él creó la tierra, el aire, los rayos del sol y el agua para que esas plantas prosperen. Todo lo que Él pide a cambio es el diez por ciento de la ganancia.

Para aquellos en la Iglesia, los primeros frutos pueden ser llevados al ministro local para su uso. Si él no puede usarlos, él puede dirigirle a alguien que sí pueda. Si no hay necesitados dentro de la Iglesia en su área, que puedan beneficiarse de su primicia, entonces usted puede asignarle un valor justo al producto y dar la cantidad a la Iglesia como una ofrenda.

¿Cómo se calcula la ofrenda de las primicias? Simplemente una décima de la cosecha inicial. Por ejemplo: si usted tiene diez plantas de tomate en su jardín, espere a que comiencen a producir bien. Cualquiera que sea la cantidad en una planta en esa cosecha, esos son sus primeros frutos. No ofrezca los primerísimos tomates verdes o los pepinos más pequeños; espere hasta que las plantas estén produciendo regularmente. O, si están produciendo bastante, tome el fruto de las diez plantas y divídalo entre diez. Si una planta produce 15 libras de algo, luego una libra y media es el diezmo.

Deuteronomio 26 explica más acerca de este principio: “entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que el Eterno tu Dios te da, y las pondrás en una canasta… Y te presentarás al sacerdote que hubiere en aquellos días… Y el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar del Eterno tu Dios… Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Eterno. Y lo dejarás delante del Eterno tu Dios, y adorarás delante del Eterno tu Dios. Y te alegrarás en todo el bien que el Eterno tu Dios te haya dado a ti” (vs. 2-4, 10-11).

Diezmo del diezmo

El “diezmo del diezmo” fue establecido por Dios para el propósito de pagar los costos administrativos de la Fiesta de Tabernáculos. Durante el año, una décima del segundo diezmo es enviada a la Sede para pagar por gastos para la Fiesta, tales como auditorios, salones, centros de convenciones y otros gastos que la Iglesia debe pagar — cualquier cosa que los hermanos usen colectivamente para guardar la Fiesta. Éste también es usado para poder ayudar a aquellos quienes carecen de fondos suficientes y no podrían asistir.

Al final de la Fiesta, muchos encuentran que tienen un excedente del segundo diezmo. Éste debe ser enviado como una ofrenda para ayudar a aquellos que necesitan ayuda, y que no estén cubiertos por el diezmo del diezmo.

Una prueba final

Una de las pruebas más acertadas, aparte de la Biblia, de que varios diezmos estaban en efecto, viene de Josefo. Él fue un muy respetado historiador judío alrededor del segundo siglo D.C.

Leamos lo que él escribió: “Y ahora Moisés… conforme a la voluntad de Dios… designó que las personas debían pagar el diezmo de sus frutos anuales de la tierra, tanto a los levitas como a los sacerdotes… pero pienso que es necesario registrar qué es pagado por todos… De acuerdo con esto, él les ordenó a los levitas… que apartaran para ellos la décima parte de los diezmos que recibían cada año de las personas; así como que era justo ofrecer a Dios los primeros frutos de todo el producto de la tierra; y que ellos debían ofrecer al primogénito” (Antigüedades de los judíos, Libro IV, Capítulo 4, secciones 3 y 4).

En el capítulo 8, sección 8, Josefo escribió: “Tomarás de tus frutos una décima, aparte de la que has designado para darle a los sacerdotes y levitas. Ésta puedes venderla en el campo, pero ha de ser usada en aquellas fiestas y sacrificios que han de celebrarse en la ciudad santa: porque es justo que ustedes disfruten de esos frutos de la tierra, los cuales Dios les da como posesión, para dar honor al donador”.

La sección 22 provee el punto principal: “Además de esos dos diezmos, que ya he dicho ustedes han de pagar, uno para los levitas, y el otro para los festivales, también han de traer cada tercer año un tercer diezmo que ha de ser distribuido entre aquellos con necesidad; también a las mujeres que son viudas, y a niños que son huérfanos”.

“Y en cuanto a los frutos maduros, traigan al templo aquellos que ha madurado primero; y cuando hayan bendecido a Dios por la tierra que los sostuvo, y que Él les había dado para posesión, cuando hayan también ofrecido aquellos sacrificios que la ley les ha ordenado traer, entonces den las primicias a los sacerdotes”.

“Y cuando alguien haya hecho esto, y haya traído el diezmo de todo lo que tiene, junto con los primeros frutos que son para los levitas, y para los festivales, y cuando esté por irse a casa, párese delante del santuario y dé gracias a Dios, porque Él los ha liberado del injurioso trato que tenían en Egipto, y les ha dado una tierra buena y grande, y les permite disfrutar de su fruto; y cuando haya testificado abiertamente que ha pagado plenamente los diezmos [y otras deudas] de acuerdo con las leyes de Moisés, ruegue a Dios que sea siempre misericordioso y gracioso con él; y que continúe siéndolo con todos los hebreos”.

¿Podría algo ser más claro? Los judíos en el tiempo de Cristo entendían apropiadamente el sistema de diezmo de Dios. ¡Ahora usted también!

Una escritura final necesita ser mencionada. Si una persona no da de corazón, y paga los diezmos y da ofrendas solamente porque le es dicho que lo haga, y lo considera una carga, entonces el tal se cortará a sí mismo de ciertas bendiciones.

A fin de agradar a Dios, debemos dar voluntariamente y con alegría: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre…” (II Cor. 9:7-9).

Cosechando las bendiciones completas

Cuando Dios nos llama a Su camino de vida, Él nos está ofreciendo vida eterna como miembros de Su familia. Cuando nosotros aceptamos Su oferta, acordamos obedecerle por el resto de nuestras vidas. Nosotros hacemos un pacto y Él nos ata a ese pacto.

Muchos no saben a cabalidad qué significa esto, sino hasta más adelante, cuando se crece en conocimiento durante un período de tiempo.

Pero ahora que usted está arado con el conocimiento completo del sistema de diezmo de Dios, y entiende su maravilloso propósito, ¡usted está preparado para cosechar bendiciones mucho más grandes!

(Para aprender más acerca del primer diezmo, lea nuestro folleto Ponga fin a todas sus preocupaciones financieras).

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